De mantener un perfil relativamente discreto, Arabia Saudita pasó a mostrar abiertamente su poder militar por primera vez en el conflicto de Oriente Medio desatado tras la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán. El reino participó junto a Washington en un ataque contra milicias proiraníes en Irak, una operación que dejó al menos una veintena de muertos y que podría marcar una nueva escalada en la crisis regional.
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Los ataques se concentraron en bases de las Fuerzas de Movilización Popular (FMP), una alianza de grupos armados iraquíes cercanos a Teherán. De acuerdo con el Comando Central de Estados Unidos (Centcom), la ofensiva fue una represalia por el lanzamiento de más de 30 drones por parte de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán contra fuerzas estadounidenses e instalaciones energéticas sauditas durante las últimas 72 horas.
“Lo más relevante de estos ataques es que Arabia Saudita haya reconocido públicamente su participación. Eso transmite el mensaje de que está dispuesta a enfrentar la influencia de Teherán y de sus grupos aliados, que han servido como instrumento para los ataques que Irán ha dirigido contra Arabia Saudita”, afirmó Guillermo Ospina, profesor de la Universidad de San Buenaventura, en Bogotá.
El Ministerio de Defensa de Arabia Saudita advirtió que esta no será su última ofensiva si Irán no cesa sus ataques. El gobierno saudita aseguró que sus acciones responden al ejercicio de su derecho a la legítima defensa.
En respuesta, las Fuerzas de Movilización Popular (FMP) calificaron el bombardeo como “una escalada sumamente peligrosa”, al considerar que constituye una violación de la soberanía de Irak y un ataque contra las instituciones oficiales de seguridad del país, según señalaron en un comunicado.
Como antecedente de la actual escalada, el profesor explica que Irán ha recurrido en ocasiones anteriores a grupos aliados para atacar a los países del golfo. Entre ellos menciona a las milicias chiítas en Irak y a los rebeldes hutíes en Yemen, utilizados como una extensión de su estrategia militar para golpear intereses sauditas y estadounidenses. Esos ataques han tenido como blanco la ciudad de Riad, la Embajada de Estados Unidos, bases militares estadounidenses e instalaciones claves de la industria petrolera saudita, como el complejo de Ras Tanura, en respuesta a las tensiones entre Teherán y sus adversarios en la región.
Por eso los hutíes de Yemen, un grupo rebelde chiíta respaldado por Irán y enfrentado con Arabia Saudita, rechazaron la ofensiva contra las milicias proiraníes en Irak. A través de un comunicado de su Ministerio de Exteriores, el movimiento expresó su respaldo al “derecho legítimo” de Bagdad a responder ante lo que calificó como una agresión contra su territorio.
Sin embargo, lo más llamativo en este caso es el paso de Arabia Saudita a un papel más protagónico en el conflicto. Si bien siempre se supo que también estuvo involucrado en los ataques de EE. UU. a Irán, esta ofensiva lo pone en el centro del conflicto y reconfigura los poderes del mismo.
“Es muy interesante que Arabia Saudita haya hecho este reconocimiento público, porque sin duda también está relacionado con el restablecimiento de la disuasión y la seguridad en la región. En el ámbito militar, esto puede interpretarse como la transmisión de un mensaje en un contexto especialmente relevante, ya que ocurre mientras avanzan conversaciones y posibles acuerdos”, explicó Ospina.
A pesar de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró este lunes que mantiene “negociaciones amistosas” con Irán, y de que el régimen iraní ha negado la existencia de cualquier acercamiento, la tensión entre ambos países continúa en aumento tras los recientes ataques. “Mientras continúen las amenazas contra la República Islámica de Irán (…) continuará la resistencia”, afirmaron los Guardianes de la Revolución en un comunicado, en el que reafirmaron su postura frente a Washington.
En medio de este escenario, Trump advirtió que Estados Unidos responderá “duro” contra Irán, poco después de que medios iraníes informaran sobre bombardeos estadounidenses contra una ciudad ubicada en el noroeste del país. Estos nuevos episodios evidencian una escalada que no solo involucra a Washington y Teherán, sino que también reconfigura el equilibrio de poder en Oriente Medio.
Según explica el profesor, uno de los elementos claves para entender esta nueva dinámica es el reciente acuerdo firmado entre Arabia Saudita y Estados Unidos, especialmente en materia nuclear. El experto señala que este pacto ha abierto el debate sobre la posibilidad de que Riad pueda acceder en el futuro a capacidades nucleares o, al menos, fortalecer su posición estratégica en una región marcada por la rivalidad con Irán. Asimismo, hay que tener en cuenta la estrategia de Irán, que ha estado presionando a los países del golfo, señalándoles que mantener la presión norteamericana no necesariamente les va a brindar más seguridad y que, por el contrario, podría aumentar los riesgos.
“Irán busca expulsar a Estados Unidos de la región y romper la estructura de seguridad en la que Washington ha funcionado durante décadas como garante de la estabilidad para varios países del golfo”, afirmó Ospina. Y concluye que el actual escenario de escalamiento entre Estados Unidos e Irán refleja una dinámica de “escalar para desescalar”, en la que ambos actores utilizan la presión militar y las amenazas como herramientas de negociación. Según explica, el conflicto ha entrado en una especie de ciclo de “cortar el césped”, con ataques limitados y respuestas calculadas que buscan incrementar la presión sin llegar a una guerra total. No obstante, pese al aumento de las tensiones, Irán ha mantenido su postura y ha demostrado capacidad de resistencia frente a las presiones económicas y militares, con el objetivo de obtener concesiones relacionadas con su influencia regional y su posición estratégica.
Según explicó H. A. Hellyer, investigador asociado sénior en estudios de Oriente Medio del Royal United Services Institute (RUSI), a “The Guardian”, aunque Arabia Saudita pudo haber considerado el ataque contra las Fuerzas de Movilización Popular como una operación precisa y calculada, el verdadero riesgo está en que es imposible prever cómo responderán los actores involucrados. Esta incertidumbre sitúa a la región en un “territorio desconocido”, no solo por la guerra de este año, sino por las tensiones acumuladas en Oriente Medio. Además, advirtió que Irán interpreta las acciones de Estados Unidos e Israel como una amenaza existencial, por lo que podría intentar redefinir las reglas del juego en la región, incluso si eso implica una respuesta desproporcionada.
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