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Los iraníes se preparan para seguir el Mundial de fútbol de Norteamérica en un clima de incertidumbre vinculado a la guerra que está intoxicando la fiebre e ilusión por este torneo.
“¡Apoyo a Irán porque siempre es el campeón!”, clama Helma, una aficionada de solo 10 años que lleva una pulsera con los colores verde, blanco y rojo, los de la bandera nacional.
“¡Este año seremos el número uno entre todos los países!”, añade entusiasmada.
En el barrio Mouniriyeh, de la capital Teherán, varias tiendas venden artículos y prendas deportivas.
La madre de Helma sostiene en su mano una bolsa con una camiseta de la selección para la pequeña, y explica que la niña debería haber aparecido en un videoclip de apoyo al equipo nacional.
“Hemos venido a comprar artículos del Team Melli para el rodaje”, explica la madre, usando el nombre con el que se conoce a la selección nacional de fútbol de Irán.
Pero después de semanas de guerra con Israel y Estados Unidos, uno de los coanfitriones del torneo, no todos los iraníes comparten el mismo entusiasmo que esta joven aficionada.
A la situación bélica se le añaden las persistentes penurias financieras y los interruptidos esfuerzos por terminar el conflicto.
En una tienda de ese mismo distrito, Human, un empleado de 17 años, dijo que la camiseta de Portugal es la más vendida, mientras que España y Brasil son también de las más solicitadas.
“Este Mundial es diferente para Irán”, declaró. “No percibo el mismo entusiasmo que en ediciones previas”.
Y es que las aspiraciones deportivas del Team Melli han quedado ensombrecidas por un año especialmente complicado para los iraníes.
El año arrancó con protestas antigubernamentales, descritas por el gobierno como disturbios apoyados por naciones externas. La violenta represión causó víctimas mortales, según denuncian grupos por los Derechos Humanos.
Después llegaron los bombardeos por parte de Estados Unidos e Israel, punto de partida de la guerra, y que empeoraron la crisis económica marcada por la extrema inflación y la caída en picado del valor de la moneda local.
La propia Team Melli ha tenido que enfrentarse a sus propios desafíos, tras lograr el visado de entrada a Estados Unidos sólamente la víspera de su vuelo hacia el torneo.
La selección iraní tuvo que cambiar su campo base, inicialmente en Estados Unidos, a México.
Incluso tras lograr las visas, el equipo deberá entrar y abandonar suelo estadounidense el mismo día de sus partidos, según anunció el sábado el embajador iraní en México.
Los partidos de Irán en EE. UU.: la gente no tiene emoción
Shervin, un fotógrafo de 42 años de Teherán, es uno de los iraníes incapaces de emocionarse por el fútbol en este contexto.
“En Irán a nadie le importa realmente el fútbol ahora, al igual que a nadie parece importarle las penurias y dificultades en las condiciones de vida del pueblo iraní”, declaró a periodistas de la AFP basados en París. “Es algo que me enfada”.
El primer partido de Irán en el Mundial será en Los Angeles contra Nueva Zelanda.
“La situación parece especialmente difícil para la selección, que tiene que jugar en un país con el que Irán está en conflicto”, declaró Mohammad Pahlevan, un estudiante de secundaria de 18 años que viste una camiseta del AC Milan.
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Pese a ello, la Team Melli “tuvo suerte” en el sorteo, añade. “Pueden pasar de fase de grupos este año”.
Rocha, un joven aficionado de 13 años vestido con la camiseta de Argentina, dice estar dividido entre la Albiceleste y Brasil.
“Este año Neymar, leyenda del fútbol, disputa su último Mundial. Creo que su equipo tiene buenas opciones para ganarlo”.
Por su parte Ali, un autodenominado fanático del fútbol del norte de la ciudad de Tonekabon, dijo que tras años de afición, en esta edición no tiene ánimo ni ganas.
“Como alguien que ha amado el fútbol y seguido cada Mundial desde 1994, es descorazonador darse cuenta que no siento ninguna emoción por el inminente torneo”, declaró este hombre de 49 años a periodistas de la AFP basados en París.
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