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Brasil confirmó que el Airbus A330-200 cayó en sus aguas

Expertos advierten que el misterio de la aeronave desaparecida sólo se resolverá cuando se encuentren las cajas negras.

Redacción Internacional

02 de junio de 2009 - 06:00 p. m.
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Un asiento de avión, un chaleco salvavidas, escombros metálicos y manchas de combustible fueron descubiertos en medio del océano Atlántico por aviones brasileños que buscaban el avión de Air France, desaparecido desde el domingo en la noche con 228 personas a bordo, sin detectar señales de vida. Los pilotos de la fuerza aérea vieron los escombros desde el aire a unos 650 kilómetros al norte del archipiélago brasileño de Fernando de Noronha, aproximadamente por la ruta que seguía el avión antes de desaparecer, explicó el subdirector de Comunicación Social de la Aeronáutica, Jorge Amaral.

Luego de conocer esta información, el ministro de Defensa de Brasil, Nelson Jobim confirmó que el avión cayó en el océano Atlántico, a cientos de kilómetros del archipiélago Fernando de Noronha, en donde las torre de control del aeropuerto internacional de Río de Janeiro perdió contacto con la aeronave. “Los restos hallados en la zona no dejan lugar a dudas de que el avión cayó en esta zona”, afirmó el ministro.

Las lágrimas no se hicieron esperar. La pequeña esperanza que todavía guardaban algunos se apagó por completo. “Siempre queda la opción de un milagro. En estas circunstancias todos creemos que algo inesperado pudo ocurrir: que aterrizaron en una isla, que estaban flotando, qué sé yo, algo inesperado”, relataba con frustración Marco Ragenta, amigo de uno de los pasajeros desde el aeropuerto Tom Jobim.

En París, las autoridades dispusieron un hotel para mantener a los familiares alejados de la prensa. Sin embargo, algunos amigos que llegaron al terminal aéreo Charles de Gaulle expresaron su consternación por el hallazgo de los restos. “Se confirma que ocurrió lo peor””, dijo a la prensa una mujer mayor que esperaba  noticias de una sobrina.

En el avión viajaban 216 pasajeros y 12 tripulantes, entre ellos 61 franceses, 58 brasileños, 26 alemanes, 9 chinos, 9 italianos, 5 británicos, 6 suizos, 5 libaneses, 4 húngaros, 3 eslovacos, 3 noruegos, 3 irlandeses, 2 estadounidenses, 2 españoles, 2 marroquíes y 2 polacos.

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A pesar de las palabras del ministro de defensa, el comandante Amaral, sin embargo, aclaró que las autoridades sólo podrán confirmar que los escombros son del avión hasta que los recojan del mar para identificarlos.

Con las palabras del ministro Jobin quedó sin piso la información de un piloto comercial de la aerolínea TAM, que hacía la misma ruta del avión desaparecido. Según le comunicó a la Fuerza Aérea Brasileña, desde la cabina de la aeronave que tripulaba vio varios “puntos luminosos” sobre el mar, justo cuando volaba sobre las costas de Senegal, el lugar desde donde el avión habría enviado un mensaje automático informando de las fallas electrónicas y de presurización.

Para descartar cualquier error, Brasil informó a las autoridades del país africano dicho hallazgo. Horas después, el navío mercante Douce France, que circula por esa región, reportó no haber visto nada en el lugar señalado por el piloto de la TAM. Siete barcos de Brasil van rumbo al archipiélago Fernando de Norohna para recoger las partes del avión. Según Jobin no son sólo partes metálicas, también hay pedazos plásticos, una boya y asientos.

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Mientras surgen más indicios de lo que pudo pasar con la aeronave de Air France, pilotos y expertos aeronáuticos siguen lanzado hipótesis. “El avión intentó devolverse a Brasil”, apuntó el vocero brasileño Jorge Amaral, basado en la información de los pilotos, que relataron que los destrozos se encuentran a la derecha de la ruta seguida por los aviones que vuelan de Brasil a Europa.

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Henry Margusity, meteorólogo principal de accuweather.com analizó las posibles causas del siniestro. Según dijo, el día de la tragedia las tormentas llegaban a 15.000 metros en esa zona, por lo que es posible que el avión se haya adentrado en la parte más severa de la tormenta y se haya precipitado al Atlántico.

Para algunos medios de comunicación, llama la atención la velocidad con que han aparecido los hipotéticos restos y advierten que el misterio se solucionará hasta que aparezcan las cajas negras. Y es bastante difícil que eso ocurra, advierten, empezando porque su peso las hundiría al fondo del Atlántico, donde la profundidad supera los 4.000 y los 5.000 metros y desde allí las señales ultrasónicas serían demasiado débiles. “Si hicieron falta meses para llegar al Titanic, que era un transatlántico inmenso, figúrense encontrar en el océano estas pequeñas cajas”, dijo Derek Clark, miembro de una compañía escocesa que fabrica cajas negras.

Sin embargo, funcinarios de Air France advierten que hay que esperar 30 días, que es el tiempo que una caja negra emite señales. El final es irremediablemente triste. Según el ministro Jobin, “no hay señales de vida”. Los indicios señalan que la aeronave se precipitó al Atlántico llevándose con él a todos sus ocupantes.

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Una historia de amor truncada

Brasil fue el destino elegido por los españoles Anna Negra Barrabeig y Javier Álvarez Quero para pasar su luna de miel. Hacía 25 días se habían casado. Después de tres semanas de idilio en paradisiacos lugares brasileños, Álvarez decidió regresar primero a Dubai —aquí trabajaba la pareja— para adecuar el apartamento en el que comenzarían su vida como esposos. Ella viajaría a Barcelona un día después para pasar un tiempo con su familia antes de reunirse con Javier en Dubai.

Los enamorados habían acordado que Anna viajaría en el vuelo AF-447, que despegó el domingo en la noche. “Deja las llaves debajo del tapete para que Javier las encuentre”, le escribió Anna a su vecina de apartamento en Dubai, justo antes de apagar el teléfono celular para comenzar el vuelo. Fue lo último que se supo de ella.

La noticia del accidente del avión llegó primero que Javier. Cuando él llegó al aeropuerto de Dubai, a las 11 de la noche, lo esperaban dos amigos. Antes de contarle que el Airbus 330 en donde viajaba Anna se había perdido en el Atlántico, el equipo médico le dio un calmante. La noticia lo golpeó muy fuerte. Ayer viajó a Madrid para pasar el dolor con su familia y sus suegros. Según fuentes diplomáticas, Javier irá luego a París.

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Antes de conocer a su esposa Anna, este joven español ya había perdido a una novia, quien falleció muy joven de una enfermedad.

La corona pierde a un príncipe

El príncipe Pedro Luis de Orleans e Bragança, de 26 años y oriundo de Río de Janeiro, era el cuarto en la línea de sucesión de la corona brasileña. Pedro Luis nació en 1983 y era descendiente directo de Pedro II, el segundo emperador de Brasil que gobernó el país por casi 50 años hasta ser depuesto en 1889 cuando se declaró la república.

La mayoría de los descendientes de Pedro II aún viven en Brasil. De Orleans e Bragança había estado durante varios días en Río de Janeiro visitando a varios familiares suyos. Después de dos semanas en Brasil, el príncipe abordó el vuelo de Air France, que lo regresaría a Europa, en donde vivía desde hacía 10 años. Desde 1999 el joven era presidente de honor de la Juventud Monárquica brasileña. Estudió administración de empresas y acababa de terminar un posgrado en economía. Pedro Luis es hijo de Antonio Joao de Orleans e Bragança —a quien su familia proclama actual príncipe de Brasil— y de la belga Christine de Ligne.

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Dos veces le cancelaron el vuelo

Entre los cinco británicos que iban en el Airbus A300-200 estaba Arthur Coakley, de 61 años, un ingeniero destacado de la empresa petrolera PDMS. Desde hacía tres semanas, Coakley estaba trabajando en Brasil. Este hombre, padre de tres jóvenes de 31, 29 y 25 años, era descrito por su esposa, Patricia, como “un padre ejemplar”.

Su esposa, conmovida, relató en medio del llano desde el aeropuerto Charles de Gaulle, en París, que su esposo no sólo era un gran padre, sino que también era un trabajador comprometido y un esposo excelente. “Ya no tengo esperanzas, sé que Arthur ya no va a volver”.

Según relató la mujer a la prensa, Coakley intentó en dos oportunidades abordar otros vuelos. Tenía tiquete para un vuelo anterior, pero lo transfirieron al AF-447, que despegó el domingo en la noche de Río de Janeiro. Su familia lo esperaba en París, luego de una larga ausencia. “No lo pudieron dejar volar en dos vuelos anteriores porque iban llenos. Él aceptó volar en el avión que desapareció”.

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Por Redacción Internacional

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