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La posición del P5+1 es conocida: poner un tope al enriquecimiento de uranio iraní en el 5%; transportar a un tercer país las reservas de uranio enriquecido en altos niveles; y desarmar la profundamente enterrada planta de enriquecimiento de uranio iraní.
Igualmente importante, pero menos claro, fue el paquete de incentivos del P5+1 para que Irán haga concesiones. Presentaron estrictas exigencias para frenar el enriquecimiento de uranio, pero no se ofreció alivio a las sanciones. En cambio, se habían dicho que se consideraría bajar las sanciones después de que Irán hiciera concesiones. No fue sorpresa que Irán juzgara esta propuesta como “obsoleta, no comprensiva y desbalanceada”.
Un descontento permanece entre ambos lados con respecto a cómo deben ser los pasos de la negociación más comprensivos, transparentes y prácticos. Desde Teherán, si acepta congelar el enriquecimiento de uranio, también querrá que se congelen las sanciones económicas existentes en su contra.
Pese al descontento, todavía no es tiempo de preocuparse. Hay tiempo de cubrir el hueco y a ambos lados les interesa hacerlo. Para ese fin acordaron otra ronda de conversaciones, aunque los puntos de conciliación permanecen distantes. Estas conversaciones siempre se plantearon como un desafío difícil, porque progresar en ellas significa abordar los asuntos más complejos que han dividido a ambos bandos durante años. En ese sentido, los diálogos son un paso adelante en un proceso delicado que se desplegará durante meses, y no días o semanas.
Ambos lados llegaron a Bagdad con posiciones maximizadas, por lo cual nada se ha ganado hasta ahora. Esto es común en cualquier negociación. El trabajo pesado empieza al tratar de encontrar al menos un común denominador que pueda ser vendido a las respectivas circunscripciones políticas y así ermita ganar tiempo para más conversaciones.
Una factible solución es encajar conceciones iraníes que sean tangibles y verificables, con un aplazamiento del embargo al crudo iraní que se está imponiendo. Esto añadiría tiempo al reloj de la negociación y daría espacio para que la diplomacia siga su curso. Y esa es la gran promesa de la diplomacia: no se puede predecir a dónde llevarán las conversaciones una vez que han empezado. Con esto en mente, los políticos y expertos deben recordar que las negociaciones nucleares con Irán son una maratón, no una carrera.