El objetivo de la operación terrestre que inició Israel en la Franja de Gaza es destruir los túneles que comunican a este enclave palestino con el territorio israelí, a través de los cuales podrían pasar militantes de Hamás que amenacen la seguridad en el sur de Israel. Una de las razones por las que empezó el operativo fue la supuesta incursión de 13 milicianos a Israel a través de uno de esos túneles.
Pero realizar esta operación en uno de los lugares más densamente poblados del planeta pone en riesgo la vida de muchos civiles. La Franja de Gaza tiene 362 km2, donde viven alrededor de 1,8 millones de personas. El brazo armado de Hamás, las brigadas de Al Qassam, no tiene bases abiertas, por lo tanto, es difícil ubicar desde el aire un objetivo militar específico y atacarlo sin causar los famosos daños colaterales. Oficiales israelíes han dicho que tienen el mayor cuidado para respetar a personas inocentes que se encuentran en el lado enemigo. “No queremos matar civiles, pero Hamás es una organización terrorista que usa civiles como escudos”, ha dicho el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.
Los principios básicos del derecho internacional humanitario indican que el atacante debe distinguir entre objetivos militares y civiles, para evitar daños desproporcionados e innecesarios. Un reciente informe del Instituto de la Democracia de Israel indica, sin embargo, que cualquier objetivo utilizado para propósitos militares debe ser atacado. No importa si es una escuela o una mezquita, lugares donde se ha evidenciado que Hamás guarda partes de su material bélico. “Incluso, cuando exista la posibilidad de que los ciudadanos sufran lesiones como consecuencia de la acción militar, no existe una prohibición absoluta en contra de tomar tal acción, siempre y cuando el objetivo del ataque sea un objetivo militar legítimo", concluyeron expertos de ese instituto.
La pregunta es cuántos civiles considera Israel que vale la pena matar para dar con un objetivo militar sin causar un daño desproporcionado. Hasta ahora Israel se ha excedido en el uso de la fuerza: de los más de 290 palestinos muertos durante la operación Margen Protector, el 75% son civiles, según la ONU. Y si el objetivo militar es la infraestructura y los miembros de Hamás, tanto en esta como en las anteriores operaciones militares resulta que la capacidad bélica de esa organización islámica ha mejorado últimamente a pesar de los bombardeos en Gaza; ahora cuenta con cohetes de mayor alcance que pueden amenazar prácticamente a todo el territorio israelí y que son disparados indiscriminadamente contra civiles israelíes, lo cual también viola la ley internacional. No obstante, la gran mayoría de cohetes de Hamás son interceptados por el sistema de defensa israelí, el Iron Dome.
La operación por tierra iniciada por Israel el jueves ya empezó a incrementar el número de víctimas fatales: en el segundo día esa incursión dejó al menos 50 palestinos muertos. Las entradas de los túneles que llevan a Israel no están al aire libre, sino usualmente adentro de viviendas, ubicadas por lo menos un kilómetro en el interior de la Franja de Gaza. El ejército israelí informó que, en lo que lleva de la incursión, había encontrado 13 túneles. La destrucción de los mismos implicaría demoler la infraestructura que está sobre ellos, dejando personas sin hogar y poniendo en peligro sus vidas.
Muchos gazatíes huyeron de sus casas después de que Israel lanzara octavillas recomendando evacuar la zona ante la inminencia de bombardeos. El problema es que no pueden salir de la Franja de Gaza, porque los cinco pasos fronterizos con Israel están bloqueados, así como el espacio aéreo. Salir por el mar Mediterráneo tampoco es una opción, porque Israel impone un bloqueo marítimo. El único paso de Gaza hacia Egipto, el de Rafah, también permanece cerrado la mayor parte del tiempo. Chris Gunness, portavoz de la Oficina de la ONU para los Refugiados Palestinos (Unrwa), indicó que 18.000 personas dejaron sus casas este viernes. La mayoría buscaron refugio en las ya hacinadas escuelas gestionadas por la Unrwa.
Los túneles subterráneos no son una novedad en Gaza. Desde 2006 se empezaron a construir en la frontera con Egipto y fueron utilizados tanto para el contrabando de productos de primera necesidad como para el transporte de insumos para la fabricación de armas y otro material bélico. Con el último golpe militar en Egipto, en julio de 2013, las nuevas autoridades de ese país empezaron a destruir los túneles. Esto no sólo afectó la capacidad de Hamás para aprovisionarse de armamento, sino que empeoró la crisis humanitaria gazatí, porque un 60% de los productos que satisfacían las necesidades básicas de los habitantes entraban por esas vías.
En los dos últimos años empezaron a descubrirse los túneles que conectaban con Israel y, según las autoridades israelíes y algunos medios de ese país, en Gaza hay toda una red sofisticada que puede estar a 20 metros bajo tierra, que conectaría talleres de construcción de cohetes con rampas de lanzamiento y puestos de mando. Muchos civiles podrían pagar el precio de la destrucción de esa infraestructura. La historia muestra un precedente mortífero: la última incursión terrestre de Israel en Gaza se hizo durante la operación Plomo Fundido, entre diciembre de 2008 y enero de 2009. El objetivo aquella vez era dar con los máximos líderes islamistas, pero murieron alrededor de 1.400 palestinos, incluyendo al menos 759 civiles, frente a 13 israelíes.
dsalgar@elespectador.com
@DanielSalgar1