Llegamos con mi hermana en 2008 a Londres y lo único que podíamos decir en inglés era “hello”. Vinimos a estudiar inglés. Era la primera vez que salíamos del país, no lo podíamos creer, veníamos felices en el avión como niñas pequeñas.
Empezamos a trabajar medio tiempo, para poder practicar inglés, en Pret À Manger, la cadena de café más grande e importante del Reino Unido. No sé ni cómo pasé la entrevista. El entrevistador me preguntaba en inglés y yo no entendía nada. De repente dijo “bailar, bailar” en español, y yo me paré y comencé a bailar. Terminamos bailando los dos en la entrevista, me hizo un visto bueno con la mano y escribió algo en un papel y me lo entregó. Lo llevé a mi escuela y me ayudaron a traducirlo: había conseguido el puesto. Decía el día y hora en que me debía presentar y decía también: “Si un cliente no te entiende, ¡baila, baila!”.
Un día, después de las clases, entré al café, que estaba en la zona financiera de Londres, Canary Wharf. Normalmente se ponen cientos de personas en una fila muy recta, ninguno habla entre sí, todos son elegantes. Sin embargo, ese día un hombre no estaba en la fila perfecta. Asomaba su cabeza desde la distancia. “Qué gracioso”, pensé, y le sonreí. Él siguió sonriendo, pero cuando llego a la caja sólo pagó y salió con su almuerzo en una caja, como lo suelen hacer todos los ejecutivos que trabajan allí.
Desde de ese día, la parte más emocionante de todo mi día era esperar la hora del almuerzo para poder ver al hombre que no se quedaba derecho en la fila. Siempre tenía una sonrisa, pero nunca me hablaba: sólo compraba su almuerzo, sonreía y se iba. Y así, después de unos tres meses, ya no era sólo felicidad: eran mariposas en mi estómago a las 12:15 p.m. (porque eso sí, son puntuales hasta para almorzar). Hasta que un día no se llevó su almuerzo, se lo comió en el café y antes de irse me entregó una tarjeta con un corazón formado de flores. Corrí a mostrarle a mi jefe, quien me tradujo el contenido. El chico de la fila me pedía tomar un café y al lado de su firma decía: “Ya nunca más tu admirador secreto”. Duré una semana con mi diccionario tratando de escribirle lo mejor que podía que sí, en un email en inglés que borré y reescribí más de mil veces.
¡Él es el hombre perfecto! Me ha ayudado a construir el mayor de mis triunfos, mi empresa Spanish and Coffee. Ahora somos diez profesoras, tres de ellas colombianas, españolas, argentinas, venezolanas, peruanas, etc. Trabajamos duro porque la demanda es mucha, somos una de las empresas más importantes de español en Londres. Enseñamos a compañías, individuos, gente famosa, niños, adolescentes. A todos los que quieran incursionar en el hermoso mundo de la lengua castellana.