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De los bombardeos a las tensas negociaciones

Estados Unidos e Irán se han enfrascado en una costosa confrontación en torno al estrecho de Ormuz. Ninguna parte cede y el riesgo de una escalada mayor convive con intentos inciertos de solución diplomática.

Anton Troianovski | The New York Times

26 de abril de 2026 - 10:20 a. m.
Iraníes en la playa de Suru, en Bandar Abbas, a lo largo del estrecho de Ormuz.
Foto: AFP - RAZIEH POUDAT
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El jueves por la mañana un alto funcionario iraní escribió en la red social X que los combatientes del país se escondían en cuevas marinas cerca del estrecho de Ormuz, preparándose para “devastar a los agresores”. Dieciocho minutos después, el presidente Donald Trump publicó en Truth Social: “He ordenado a la Marina de EE. UU. que dispare y destruya a cualquier barco” que esté “colocando minas en las aguas del estrecho de Ormuz”.

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La guerra de Trump contra Irán, interrumpida por un alto al fuego que prorrogó indefinidamente esta semana, ha pasado de ser un bombardeo total a un volátil y costoso enfrentamiento en la boca del golfo Pérsico.

Ninguna de las partes parece deseosa de volver a la violencia que impactó a gran parte de Medio Oriente antes del alto al fuego del 7 de abril, aunque ambos bandos insisten en que están preparados para eso. Y ninguna de las partes muestra signos de capitular ante las exigencias de la otra. El resultado es una serie tras otra de burlas, amenazas e incidentes marítimos, y muchas de esas tensiones se manifiestan en las redes sociales, mientras aumentan los costos económicos y Trump se enfrenta a una reacción política negativa en su país.

Suzanne Maloney, especialista en Irán y vicepresidenta de Brookings Institution de Washington, dijo que había supuesto que un acuerdo diplomático resolvería el enfrentamiento rápidamente, dados los costos económicos y estratégicos que supondría para EE. UU. que el estrecho de Ormuz permaneciera cerrado. Pero Maloney dijo que ahora estaba ajustando sus expectativas ante la determinación de Irán de mantener el control del estrecho como palanca y el dilema estratégico de Trump. “Está atrapado en esto, mientras el estrecho siga cerrado”, dijo Maloney. “La rapidez con la que esto se ha convertido en un atolladero para EE. UU. ha sido bastante sorprendente”.

El jueves, Trump insistió en que tenía “todo el tiempo del mundo, pero Irán no”, refiriéndose al enfrentamiento sobre el estrecho. Publicó una columna de un comentarista de línea dura, Marc A. Thiessen, en la que argumentaba que Trump debía darle a Irán 72 horas antes de reanudar el combate y abrir el estrecho de Ormuz por la fuerza. “Si no quieren llegar a un acuerdo, acabaré con eso militarmente”, dijo Trump a los periodistas en la Casa Blanca.Pero, en realidad, se enfrenta a una serie de malas opciones, según los expertos. El bloqueo estadounidense del tráfico marítimo iraní en el estrecho —combinado con el contrabloqueo iraní de otros tipos de tráfico— sigue presionando los mercados mundiales de la energía y las materias primas, con el riesgo de una mayor inflación de los precios en EE. UU., mientras el Partido Republicano de Trump ya se enfrenta a una desalentadora temporada de elecciones de mitad de mandato.

Irán parece decidido a obtener concesiones de Trump, como el alivio de las sanciones y un compromiso sobre su programa nuclear, antes de aceptar cualquier solución diplomática. Maloney dijo que todo indica que los dirigentes iraníes siguen creyendo que su tolerancia al dolor económico es mayor que la de Trump.

Buscar una solución militar podría ser aún más doloroso para EE. UU.. Es poco probable que los ataques aéreos por sí solos le causen suficiente daño al ejército iraní como para impedir que pueda contratacar, según dijo Seth G. Jones, presidente del Departamento de Defensa y Seguridad del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington. Reabrir el estrecho por la fuerza era posible, pero conllevaría el riesgo de que se hundieran grandes buques de guerra estadounidenses, y de que “marines o soldados del ejército estadounidense se apoderaran de una isla o de la costa y resultaran muertos”, dijo.

Trump también sigue enfrentándose al dilema de cómo tratar los cerca de 400 kilos de uranio enriquecido de Irán, que podrían bastar para una decena de bombas nucleares. Trump volvió a insistir el jueves en que estaba decidido a impedir la capacidad de Irán, advirtiendo que la alternativa al éxito estadounidense allí podría ser un “holocausto nuclear” en las ciudades europeas al alcance de los misiles iraníes.

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Teherán también se enfrenta a decisiones difíciles. Sus ataques contra bases estadounidenses y contra países árabes del golfo Pérsico fueron eficaces para lograr que Trump declarara un alto al fuego. Pero Jones dijo que conseguir más por la fuerza sería difícil para Irán, sobre todo teniendo en cuenta el bloqueo y el daño ya causado a su ejército. “Ahora mismo es una especie de juego de la gallina”, dijo Jones. Tanto en Washington como en Teherán, añadió, es probable que los oficiales militares les estén diciendo a los dirigentes políticos que “no es probable que el instrumento militar tenga éxito para llegar a ningún tipo de solución permanente”.

Debido al estancamiento militar y el sufrimiento económico de ambas partes, una solución negociada parece ser la salida más lógica a la crisis, dijeron Jones y otros analistas. Pero las tensiones en el estrecho de Ormuz podrían intensificarse, ya que tanto Irán como EE. UU. intentan mostrar su determinación al tiempo que ensayan la diplomacia. “La situación no está en equilibrio”, dijo Brian Katulis, investigador principal del Instituto de Medio Oriente, sobre el contraste entre esfuerzos diplomáticos y la “prueba de voluntades” en el mar.

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El miércoles, Irán difundió un video en el que se veía a su Cuerpo de Guardias Revolucionarios Islámicos interceptando dos buques de carga cerca del estrecho, con fuerzas vestidas con pasamontañas escalando uno de los buques por una escalera. El jueves, el ejército estadounidense publicó un dramático video propio, en el que se veía a fuerzas de la Marina descendiendo con cuerdas desde helicópteros sobre un petrolero que, según dijo, transportaba crudo procedente de Irán en el océano Índico.

Al mismo tiempo, Trump ha dicho que quiere darle una oportunidad a la diplomacia. Refiriéndose a su prórroga del alto al fuego de esta semana, dijo a periodistas en la Casa Blanca que Irán estaba teniendo problemas para negociar porque “están muy desorganizados”. “Quieren llegar a un acuerdo”, dijo Trump.

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El mundo está ansioso por saber cuánto tiempo será. Un estancamiento a largo plazo conlleva enormes riesgos propios, dadas las mercancías críticas —no solo petróleo y gas natural, sino también fertilizantes y helio— que suelen pasar por el estrecho de Ormuz. Fatih Birol, director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía, declaró el jueves a CNBC que la crisis empeoraba día a día. “Cuanto más dure, más tiempo necesitaremos para volver a estar como antes”, dijo.

Cliff Kupchan, presidente emérito del Grupo Eurasia, una empresa de evaluación de riesgos políticos, dijo que el riesgo de un cierre del estrecho durante un mes solo empezaba a “entrar en la mente colectiva de los mercados”.

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“En realidad, es un escenario que creo que los analistas políticos y los mercados deben tener más en cuenta”, dijo Kupchan. “Estamos en territorio desconocido”.

*Adam Rasgon colaboró con reportería desde París.

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Por Anton Troianovski | The New York Times

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