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'Descriminalizar no es legalizar'

Entrevista con John Walsh, experto en políticas de drogas, uno de los participantes de los foros previos a la Cumbre de las Américas.

Diego Alarcón Rozo

27 de marzo de 2012 - 06:10 p. m.
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John Walsh pasó por Bogotá para participar en uno de los foros que sirven de antesala a la VI Cumbre de las Américas, que tendrá lugar en Cartagena los días 14 y 15 de abril. En la Universidad Sergio Arboleda compartió opiniones con académicos acerca del tema que mejor domina: Walsh es jefe de estudios de la política de drogas para los Andes de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (Wola) y llega a dar su opinión justo cuando la región se prepara para abordar el debate.

Este es el tema que en las últimas semanas se ha posicionado como inapelable dentro la Cumbre de las Américas, con las voces de mandatarios regionales que ponen sobre la mesa la necesidad de debatirlo y la recepción de la iniciativa en Washington, que aunque no contempla cambiar su esquema actual de prohibición, sí está dispuesto a escuchar y a argumentar las inquietudes. John Walsh vino a hablar, como experto de la sociedad civil, sobre las posibles alternativas que podrían cambiar la lucha contra las drogas, sobre seguridad ciudadana y sobre el giro multilateral que ha dado la discusión. Sus puntos de vista los compartió también con El Espectador.

¿Qué se puede esperar de la cumbre en materia de drogas?

Es muy válido el hecho de discutir la llamada “legalización” que está en la mesa. Estamos entre la guerra a las drogas y la legalización, ¿o hay otros remedios en el medio? Aún hay muchos más temas para discutir. En cuanto a logros concretos de la cumbre, es muy difícil ver posibilidades de consenso sobre algunos pasos de reformas políticas, pero ofrecer una estructura que organice y dé seguimiento a la discusión puede ser un buen comienzo, porque en pocas horas con presidentes no se va a lograr mucho.

La región habla de replantear la lucha contra las drogas y varios países descartan cambiar el modelo actual. ¿Cómo avanzar?

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No se debe esperar un consenso a nivel regional. Hay consenso sobre la necesidad de un nuevo debate porque las consecuencias están siendo tremendas para la región. Sería muy difícil, y de largo plazo, consensuar la posibilidad de legalizar y llegar hasta allí con un bloque importante de países, pero mientras tanto hay que plantear otras alternativas. Por ejemplo, en la región hay una gran desproporción de penas y sentencias para delitos de drogas en relación, sobre todo, con los pequeños transportadores. Entonces, hay que evaluar y corregir ese tipo de problemas.

¿Cómo llegar a estas soluciones si EE.UU. está en contra y además entrega a varias de la naciones millones de dólares en asistencia?

Creo que hay una sensibilidad distinta por parte del gobierno de Obama. Si hay desacuerdos entre EE.UU. y los países de la región en materia de drogas la posición no es de decir no, sino que puedan avanzar como quieren. La legalización es una cosa y la descriminalización otra. Este tipo de reformas estarían muy cómodas dentro de las convenciones internacionales.

¿Descriminalizar sin legalizar?

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Sí, establecer puntos medios. Por ejemplo, la descriminalización del porte para el uso personal. Una descriminalización es reformar algunas sentencias y todo eso se puede hacer, incluso en EE.UU. Tenemos sobrepoblación en las cárceles y las acciones de aplicación de la ley para frenar los flujos de la droga no surten el efecto deseado. ¿Tiene sentido? No mucho. Es muy difícil, cuando hay un mercado establecido, que las acciones policiales puedan reducirlo o eliminarlo, porque depende mayormente de los deseos del consumidor. Si el mercado va a existir, mejor que sea con menos violencia; no enfocarse en erradicar el mercado sino en volverlo menos violento.

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¿Usted cree que el modelo prohibicionista ha fracasado?

Yo diría que hay una asimetría muy grande entre las instituciones y las capacidades para la aplicación de la ley, justicia y seguridad de Estados Unidos y los países centroamericanos, por ejemplo. La prohibición trae un mercado negro y criminalidad, EE.UU. está en capacidad de hacerles frente, pero los otros países no, y hay muerte y violencia. Eso tiene que ser parte del debate.

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Entonces, ¿Washington sí ha tenido éxito con el modelo actual?

En EE.UU. los niveles de crimen y violencia son más o menos bajos comparativamente con los años 80 y 90, con la epidemia del crack, y ése es un buen argumento para su posición. No obstante, hay 16 estados contemplando leyes sobre la marihuana, pero al mismo tiempo la mayoría de los estadounidenses considera que legalizar la cocaína no tiene sentido. Eso no es decir que la guerra contra las drogas es popular en el país, porque no lo es. Washington piensa: no legalizamos en los peores momentos, no lo vamos a hacer ahora.

¿La marihuana podría ser el primer paso de una posible legalización?

Ese tema está avanzando en EE.UU. y puede ser una fuente de la discusión y el debate con América Latina: un posible avance sobre cómo se puede pensar y diseñar un mercado regulado.

Por Diego Alarcón Rozo

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