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“Devastación por todas partes”: Lo que sabemos del deslave que arrasó Nepal y Tíbet

En cuestión de minutos, una masa de agua, hielo, rocas y sedimentos arrasó poblaciones enteras en Nepal y China. La tragedia deja al menos 160 muertos y cientos de desaparecidos, mientras India permanece en alerta por nuevas crecidas.

Hugo Santiago Caro

26 de agosto de 2026 - 04:54 p. m.
Los rescatistas trasladan a una anciana rescatada de una residencia de ancianos en Devighat tras una inundación repentina en Trishuli Bazar, Nuwakot.
Foto: EFE - NARENDRA SHRESTHA
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Agosto aún no termina y las catástrofes siguen azotando al mundo. Así quedó demostrado una vez más este miércoles, cuando una avalancha de hielo y rocas cayó sobre el sistema fluvial del Lhende Khola y el Bhote Koshi, en la zona fronteriza entre Nepal y el Tíbet chino. Esto desencadenó una crecida súbita de lodo y residuos que arrasó parte de los dos territorios y causó, hasta el cierre de esta edición, por lo menos 160 muertos y más de 400 desaparecidos, además de una amenaza de un mayor desastre en territorios de China e India. Desde Nepal, el registro preliminar hablaba de 403 viajeros sin localizar: 341 extranjeros y 62 nepalíes. Entre los extranjeros hay 133 indios, 47 estadounidenses, 34 australianos, 33 británicos, 24 canadienses y 19 malasios, entre otros.

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China, a su vez, reporta 265 desaparecidos en Gyirong. Es prematuro hablar de que los desaparecidos en China y Nepal simplemente se pueden sumar, pues la devastación causó que muchos de ellos sencillamente no pudieran ser localizados durante las primeras horas. Según la oficina del primer ministro de Nepal, Balendra Shah, son más de 19 puentes dañados por la inundación y más de 40 kilómetros de carretera.

“La devastación se ve por todas partes. Los asentamientos junto al río han sido arrasados por completo. Cinco de mis familiares están desaparecidos”, afirmó a “The Guardian” una trabajadora de la salud en Rasuwa, una de las zonas afectadas. Y es que, según se apreció en videos difundidos en redes sociales y en las fotografías posteriores, en cuestión de minutos un caudal gris y denso, de lodo acuoso, consumió poblaciones enteras en los diferentes países. Es realmente una catástrofe cuya magnitud es difícil de dimensionar al momento de redactar estas líneas.

En las primeras horas incluso se habló de la posibilidad de que un sismo de magnitud 4,4 hubiera desencadenado el desprendimiento. Sin embargo, análisis posteriores pusieron en duda que se tratara de un terremoto: las señales sísmicas registradas podrían corresponder a la propia avalancha. Tampoco es medible todavía el nivel de destrucción ni se levanta la alerta de riesgo: Bihar y Uttar Pradesh, estados de India que se ubican río abajo, aún pueden ser alcanzados, ya que aguas arriba podrían permanecer acumulaciones de sedimentos y rocas capaces de generar nuevas crecidas si se produce un colapso. Mientras tanto, los rescatistas luchan por llegar a las zonas incomunicadas, ya que los helicópteros no pueden aterrizar por las condiciones del terreno.

Una crecida extraordinaria

Según el Centro Internacional para el Desarrollo Integrado de las Montañas (ICIMOD), la misma institución que advirtió sobre el riesgo de nuevas crecidas si los escombros que habrían bloqueado el río volvían a ceder, los registros que va dejando la catástrofe difícilmente tienen precedentes recientes. Por ejemplo, el río Trishuli, uno de los principales de Nepal, llegó a subir hasta unos nueve metros en apenas 30 minutos en Galchhi. En Malekhu, aumentó unos siete metros en un intervalo similar. En cierta medida, esa es la razón de la devastación: no fue una inundación que avanzó lentamente durante horas, sino una pared de agua y sedimentos que llegó prácticamente sin tiempo para evacuar.

Si bien hablamos de una crisis con diferentes frentes y tres países —Nepal, China e India— involucrados, lo cierto es que Nepal fue el territorio más afectado y el principal corredor de la masa gris. El primer ministro Shah asumió la total responsabilidad de la tragedia: “Por favor, tengan paciencia. El gobierno se hace cargo de su rescate, tratamiento, alimentación y alojamiento. En momentos de desastres como este, todos debemos permanecer unidos”. Y es que localidades como Timure y Syapru Besi quedaron gravemente afectadas. El corredor de Rasuwa es especialmente importante porque conecta Nepal con el Tíbet a través del paso fronterizo de Rasuwagadhi-Gyirong. Es por ello que la mayoría de los desaparecidos en este corredor son extranjeros.

A esto hay que sumarle la desafortunada coincidencia de la tragedia con una peregrinación Kailash Mansarovar Yatra, que tiene como destino el monte Kailash y el lago Mansarovar, en el Tíbet. Según las autoridades nepalíes, más de 100 de los viajeros no localizados son indios. El desastre alcanzó incluso a peregrinos que ya regresaban del Kailash. Según la Isha Foundation, organización fundada por el líder espiritual indio Sadhguru Jaggi Vasudev, de los 21 grupos que participaban en la peregrinación, 495 personas habían regresado sanas, 743 seguían en el Tíbet, 148 estaban en Nepal y 77 permanecían en el centro de inmigración de Gyirong, cuyo estado seguía siendo incierto.

Mientras la tragedia continúa, vale la pena recordar que el Lhende Khola ya había sufrido una devastadora inundación en 2025. En aquella ocasión el desbordamiento de un lago glaciar en el Tíbet provocó la crecida. Dicho de otra forma, es un territorio que apenas se recuperaba, 14 meses después de una primera inundación. Lo cierto es que un segundo incidente en tan poco tiempo vuelve a encender las alarmas sobre el Himalaya, donde la dificultad para prever cuándo y dónde ocurrirán este tipo de catástrofes sigue aumentando.

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Por Hugo Santiago Caro

Periodista de la sección Mundo de El Espectador. Actualmente cubre temas internacionales, con especial atención a derechos humanos, migración y política exterior.@HugoCaroJhcaro@elespectador.com
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