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Dos meses de guerra en Irán, ¿quién gana, quién pierde y quién paga los costos?

La escalada no solo redefine el equilibrio entre Estados Unidos e Irán, sino que revela quiénes se están beneficiando y quiénes absorben las pérdidas en un sistema cada vez más incierto.

Hugo Santiago Caro

03 de mayo de 2026 - 09:00 a. m.
Una enorme valla publicitaria antiestadounidense que hace referencia al presidente estadounidense Donald Trump y al estrecho de Ormuz en la plaza Valiasr de Teherán.
Foto: EFE - ABEDIN TAHERKENAREH
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El martes pasado se cumplieron dos meses de la guerra en Oriente Medio tras los ataques de Estados Unidos e Israel a Irán. A pesar de obedecer a una lógica ya conocida en las tensiones entre estos países, el conflicto sí ha redefinido, en cierta forma, a los ganadores y perdedores en este tipo de escaladas. Claro, si hablamos de “ganar” hay que mencionar que el presidente Donald Trump ha clamado más de una vez la victoria en esta guerra, a pesar de que luego diga que la victoria está cerca.

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De tanto usarla, ¿se devalúa la palabra “ganar”? Es relativo, pero el desgaste también se ve cuando, pese a plazos cortos y anuncios de victorias inminentes, Trump advierte que el bloqueo del estrecho de Ormuz se prolongará. Es una medida de la han hecho uso tanto Estados Unidos como Irán, que controla los puertos cercanos a este paso marítimo por donde transita cerca del 20 % del petróleo mundial y entre el 20 y 30 % del gas natural. “El bloqueo es un poco más eficaz que los bombardeos. Están sofocados como un cerdo relleno”, afirmó el presidente a Axios la semana anterior.

La cuestión es que, incluso si Estados Unidos levantara su bloqueo mañana mismo, eso no garantizaría el regreso de la estabilidad ni de las condiciones de seguridad previas al 28 de febrero, cuando comenzó la guerra. Más allá de la presión militar que ejerce con su despliegue en Oriente Medio, no puede asegurar a sus aliados que sus barcos podrán transitar nuevamente sin riesgo. Lo que gana en demostración de fuerza lo pierde en control estratégico: deja de ser un asunto puramente energético —en el caso de Ormuz— y abre la puerta a cuestionar cómo funcionará el sistema en adelante. Más que redefinir quién gana la guerra, lo que está en juego es cómo se reparten el poder, los costos y la capacidad de decisión en el sistema internacional.

“Puedes destruir instalaciones nucleares, y aun así no controlar el caos que generas. Cuando esa distancia entre lo que proclamas y lo que logras se vuelve visible, deja de ser un problema de imagen y empieza a erosionar la arquitectura de disuasión misma”, explica Dorian Kantor, analista y consultor en Kantor Consulting.

El analista recuerda un elemento que, a la luz de este planteamiento, puede interpretarse como una derrota para EE. UU. En la Estrategia de Seguridad Nacional de 2025, Washington declaraba mantener Ormuz abierto como un interés permanente, y ya van dos ocasiones en que eso se pone en duda. Cuando Trump comparó a los iraníes con un “cerdo relleno”, también advirtió que el bloqueo podría durar meses. Siguiendo la lógica de ganadores y perdedores, y mirando a Irán, pese a que el conflicto ha dejado más de 3.000 muertos —según el último informe oficial a inicios de abril—, Kantor resalta una victoria, aunque sea modesta: Irán entendió que no necesita ganar militarmente, sino resistir el tiempo suficiente para que el costo político del atacante se vuelva insostenible.

El problema, como ya se ha visto, es que esto no se limita a una cuestión regional. Con Ormuz cerrado, los mercados reaccionan a cada decisión y declaración. Sin embargo, como explica David Castrillón-Kerrigan, analista y docente de la Universidad Externado, a estas alturas los países ya no esperan que Estados Unidos garantice la seguridad: se están adaptando. Según “The Economist”, Guyana es uno de los principales beneficiados indirectos de la crisis: su economía petrolera se ha quintuplicado desde 2019 y, con el alza de precios tras la escalada con Irán, sus ingresos se han disparado. En cifras concretas, los ingresos petroleros pasaron de unos USD 370 millones semanales a cerca de USD 623 millones, impulsados por precios más altos y mayor producción.

Al mismo tiempo, Emiratos Árabes Unidos, uno de los mayores productores de petróleo del mundo, anunció su retiro de la OPEP y de la OPEP+, el grupo de grandes exportadores que fija topes de producción e influye en la oferta y los precios a nivel global. La decisión desafía el poder de Arabia Saudita, aliada de Estados Unidos y con una influencia marcada en las dinámicas de la OPEP entre los productores de Oriente Medio. Todos se están moviendo, ya sea con anuncios como este o de forma más discreta, pero proyectando algo que quizás Estados Unidos ha dejado de ofrecer: confianza. “En quien más pienso es en China, que ha mostrado que sus políticas en años recientes han sido correctas. Blinda su economía de los altibajos en las cadenas globales de valor, incluido el sector energético”, señala Castrillón.

Si se habla de China, vale la pena mencionar que, cuando comenzó el contrabloqueo de EE. UU., un petrolero con su bandera cruzó el estrecho, desafiando la advertencia. Ante la misma pregunta, Kantor no señala a un ganador claro, pero sí describe movimientos relevantes, aunque ambiguos: Japón incrementa su gasto en defensa mientras amplía sus canales diplomáticos; Corea del Sur mantiene interlocución con Beijing; e India, aunque participa en el Quad (Diálogo de Seguridad Cuadrilateral, foro estratégico informal entre India, Estados Unidos, Japón y Australia), sigue comprando petróleo ruso con descuento. A su juicio, no se trata de una autonomía plena, pero tampoco de un alineamiento automático. También Rusia, por supuesto, que esquiva la presión de EE. UU. en medio de la tensión en otra región.

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Para cerrar con la misma lógica del artículo, Castrillón advierte sobre los países más vulnerables: aquellos profundamente dependientes de la cooperación internacional, países pequeños en Asia y África, naciones insulares y Estados del Pacífico y el Caribe. “Estos van a perder, y será muy difícil para ellos sobrevivir. No son solo países pequeños; pienso incluso en Cuba. Son los que van a perder mucho”, concluye. En resumen, esta guerra deja de ser solo un conflicto entre Estados y se convierte en un fenómeno que está redistribuyendo costos y margen de maniobra a escala global. Como dijo Trump, les funcionó más apretar en Ormuz que usar su capacidad militar.

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Por Hugo Santiago Caro

Periodista de la sección Mundo de El Espectador. Actualmente cubre temas internacionales, con especial atención a derechos humanos, migración y política exterior.@HugoCaroJhcaro@elespectador.com
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