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Antes de convocar la reunión de urgencia de la Unión Suramericana de Naciones (Unasur) por cuenta de la crisis en Bolivia, la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, llamó a su homólogo brasileño. Pero no para invitarlo como hizo con los otros diez mandatarios latinoamericanos que acudieron a la cita, sino para consultarlo sobre su iniciativa.
Luiz Inácio Lula da Silva, quien siempre se había negado a inmiscuirse en asuntos de otros países, decidió que ya era hora de actuar. Sin embargo, antes de lanzarse al agua puso varias condiciones: una tregua previa entre el gobierno boliviano y la oposición; el compromiso expreso de todos los países de no inmiscuirse en temas internos bolivianos y sacar a Estados Unidos de las discusiones.
El mensaje era claro para los protagonistas del conflicto: Evo Morales y Hugo Chávez. También era un llamado de atención para la Administración Bush y sus políticas hacia la región. Pero, sobre todo, era el momento que necesitaba para consolidarse como el líder indiscutible de la región.
Los miembros de Unasur aceptaron las condiciones del brasileño. Washington, por su parte, le hizo saber a Lula da Silva que contaba con todo su apoyo para solucionar el conflicto en el país andino. “Brasil es una garantía de solución para el conflicto. Esperamos que el presidente Lula pueda mediar”, aseguraron casi al unísono el gobernador de Santa Cruz, Rubén Costas, el presidente Evo Morales y voceros del Departamento de Estado.
Influyente y popular
Lula es quizás el mandatario de la región con menos formación académica y con un limitado fogueo internacional, pero su inteligencia, sobriedad, pragmatismo y experiencia lo volvieron protagonista. Según editorialistas del diario O’Globo, de Brasil, semanalmente habla con algún mandatario latinoamericano que lo llama para consultarlo.
Según el analista de la Universidad de Miami Malcolm Seronal, su éxito dentro del país y su prudencia frente a las diferentes corrientes que surgieron en la región convirtieron a Lula en un político respetable.
“Lula es el único presidente latinoamericano que puede hablar con George W. Bush y al mismo tiempo ir a visitar a Hugo Chávez. Lo escuchan en Colombia y Perú; lo consultan en Uruguay, Cuba y Argentina, y México y Chile lo respetan”, explicó Seronal.
Su buen momento está respaldado por los resultados. Brasil ha tenido un crecimiento económico sin precedentes, es la mayor potencia económica de Suramérica y su presencia en los grandes foros mundiales es cada vez más preponderante. Además, está liderando el auge económico de la región, a pesar de que la vecina Venezuela sea la que tiene la chequera más abultada.
El antiguo líder sindical goza en estos momentos de los mejores niveles de aprobación. Tras seis años y medio en el poder, alcanzó el máximo grado de un jefe de Estado en Brasil: 64% de favorabilidad, según la encuesta de la firma Datafolha divulgada por el diario Folha, de São Paulo.
Su nombre resultó ser tan efectivo que 179 candidatos a las elecciones municipales del próximo octubre en Brasil se inscribieron con el nombre de “Lula”.
En el ámbito latinoamericano lo califican como una de las figuras más influyentes y respetadas. El último Latinobarómetro —estudio que mide la opinión en la región— lo ubicó, de lejos, como el mandatario más confiable y popular.
Los hechos le dieron ese lugar. Fue Luiz Inácio Lula da Silva quien habló ante George W. Bush para evitar que siguiera el enfrentamiento con Venezuela y Bolivia. Se convirtió en el vocero de la región ante Washington para prorrogar el Aptdea (sistema de preferencias arancelarias) con los países andinos. Propuso crear la Unasur, un organismo hemisférico sin la presencia de Estados Unidos; recorrió Centroamérica para promover el uso de los biocombustibles y planteó la aspiración de Brasil de ocupar un puesto permanente en el Consejo de la Organización de Naciones Unidas (ONU).
Movimientos diplomáticos
Detrás de Lula se sitúa una de las diplomacias más eficaces del mundo. Su canciller Luis Amorim y uno de sus principales asesores, Marco Aurelio García, son los que articulan cada movimiento del mandatario desde el comienzo de la Presidencia, el 1º de enero de 2003.
Marco Aurelio García ha sido el responsable de afianzar las relaciones brasileñas con América Latina. El asesor de Lula estuvo en Leticia, el 28 de diciembre del año anterior, cuando las Farc le prometieron a Chávez entregarle varios secuestrados. También se mantuvo al frente de la crisis diplomática entre Ecuador y Colombia por cuenta de la operación que terminó con la muerte de Raúl Reyes.
El propio mandatario estadounidense ha calificado el rol de Lula en América Latina como “influyente y con fuerza internacional”. Ha dicho que confía en que sea él quien logre contener las aspiraciones revolucionarias de Hugo Chávez y de otros gobiernos izquierdistas de la región. Pero Lula tiene muy claro el papel de Brasil y así lo ha dejado claro: “No tenemos alianzas con Estados Unidos, nuestro compromiso es con Suramérica”.
Con ese principio, Da Silva sigue conservando un perfil bajo. “América Latina no necesita un líder”, aseguró recientemente en entrevista con The New York Times. Sin embargo, sí reconoce que está listo para ayudar cada vez que alguien se lo pida. “No le vamos a decir qué deben hacer Chávez o Uribe, pero cada vez que nos pidan ayuda ahí estaremos”, explicó García al periódico La Nación, de Argentina.
Con Bolivia tratando de solucionar la crisis, Lula tranquilizó a al vecindario y le demostró a Washington que los problemas en la región se pueden resolver sin su intervención. Ahora seguirá estrechando lazos diplomáticos y promoviendo el uso de los biocombustibles como alternativa al petróleo, el mismo que Chávez usa para ganar influencia.
Pulso con Chávez
Fuentes diplomáticas, que asistieron a la reunión del lunes de la Unasur en Santiago de Chile, aseguran que la presidenta Michelle Bachelet se enredó en un momento tratando de conciliar las posiciones entre Luiz Inácio Lula da Silva y Hugo Chávez.
Lula encabezó el grupo de países dispuestos a agotar el diálogo para encontrar soluciones, respaldado por Colombia, Perú, Uruguay y Paraguay. Sin embargo, Chávez insistió por unos momentos en la confrontación con Washington. Finalmente, se impuso la tesis de Lula, quien respaldado por la mayoría de los 12 mandatarios que se dieron cita en Santiago, salió fortalecido y convertido en el presidente más poderoso de América Latina.