
Manifestantes prokurdos sostienen una bandera del Kurdistán mientras intentan caminar hacia la ciudad de Qamishli, en el noreste de Siria, controlada por los kurdos.
Foto: EFE - METIN YOKSU
Los enterizos naranjas yacían esparcidos por el suelo. Abandonados a lo largo del camino que siguieron los prisioneros durante su fuga, eran el único rastro que quedaba de ellos. Las dependencias de los guardias estaban abandonadas y las puertas de la prisión se balanceaban con el viento.
La fuga que ocurrió en enero, a las afueras de la ciudad de Shadaddi, en el noreste de Siria, fue un claro ejemplo del repentino cambio de poder que ha trastornado un sistema de dos decenas de prisiones de alta seguridad en las que se encuentran recluidos...
Por Carlotta Gall, Hussam Hammoud y Nanna Heitmann | The New York Times
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