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El cambio de poder en Siria sacude el sistema que retenía a prisioneros del ISIS

Las fuerzas kurdas aliadas de Estados Unidos supervisaban decenas de instalaciones con miles de detenidos y sus familiares. Su salida desestabilizó toda la estructura.

Carlotta Gall, Hussam Hammoud y Nanna Heitmann | The New York Times

19 de febrero de 2026 - 06:02 p. m.
Manifestantes prokurdos sostienen una bandera del Kurdistán mientras intentan caminar hacia la ciudad de Qamishli, en el noreste de Siria, controlada por los kurdos.
Foto: EFE - METIN YOKSU
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Los enterizos naranjas yacían esparcidos por el suelo. Abandonados a lo largo del camino que siguieron los prisioneros durante su fuga, eran el único rastro que quedaba de ellos. Las dependencias de los guardias estaban abandonadas y las puertas de la prisión se balanceaban con el viento.

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La fuga que ocurrió en enero, a las afueras de la ciudad de Shadaddi, en el noreste de Siria, fue un claro ejemplo del repentino cambio de poder que ha trastornado un sistema de dos decenas de prisiones de alta seguridad en las que se encuentran recluidos miles de miembros del grupo terrorista Estado Islámico.

En las últimas semanas, las fuerzas del gobierno sirio tomaron el control de una amplia franja del noreste de Siria que estaba en manos de las Fuerzas Democráticas Sirias, o FDS, lideradas por kurdos y que durante años trabajaron con una coalición encabezada por Estados Unidos para combatir al Estado Islámico y custodiar campamentos y prisiones.

El cambio ha hecho que ahora el problema de los prisioneros sea del presidente Ahmed al Sharaa, y pondrá a prueba su compromiso de combatir el extremismo. También ha obligado a la coalición encabezada por Estados Unidos y a muchos otros países a replantearse rápidamente qué hacer con los miles de detenidos y familias recluidos en prisiones y campamentos desde la derrota del Estado Islámico en 2019.

Poco después de la fuga de la prisión de Shadaddi, el 19 de enero, el ejército estadounidense inició una compleja operación para trasladar a miles de presos adultos a centros de detención en Irak, empezando por los que son considerados más peligrosos.

El gobierno sirio tomó el control de varias prisiones y campamentos de detención, incluida la prisión de Shadaddi y un extenso campamento conocido como Al Hol, que albergaba a más de 20.000 mujeres y niños, algunos desplazados por la guerra, pero muchos de ellos familiares de combatientes del Estado Islámico, también conocido como ISIS.

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Un equipo de The New York Times visitó ambas instalaciones a principios de este mes. Shadaddi estaba desierta. En Al Hol, secciones enteras del campamento parecían deshabitadas, con carpas hechas jirones y un edificio escolar abandonado en una de las zonas.

El gobierno sirio dejó claro que no seguirá gestionando el sistema penitenciario como hasta ahora. Tras asumir el control de Al Hol, permitió que miles se marcharan y el martes anunció que había evacuado o reubicado a las últimas familias del campamento.

“En Al Hol hay muchas familias que no son de ISIS”, entre ellas mujeres y niños desplazados por la guerra, dijo en una entrevista Badri al-Masloukh, vicegobernador de la cercana provincia de Deir al Zour. “Mantenerlos allí no es una solución”.

Pero el gobierno también culpó a las FDS de retirarse de Al Hol sin coordinar la entrega del campamento. Las fuerzas gubernamentales llegaron 10 horas después de que las FDS se marcharan, lo que, según dijeron, creó un vacío de seguridad que permitió la fuga de cientos de familias.

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En medio del caos, el Estado Islámico estaba preparado y listo para liberar a algunos de sus miembros, según Bashar Hassan, investigador independiente en Siria que sigue de cerca al grupo. El Estado Islámico tenía células durmientes en Siria, pero también llegaron operativos desde Irak hacia el 19 de enero, al parecer para aprovechar el desorden, dijo.

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“Ese caos les resultó útil”, dijo. “Lo primero en lo que se concentraron fue en apoderarse de armas”.

Hassan observó un intenso intercambio en los canales de comunicación y en los comunicados mediáticos del ISIS, algo que fue confirmado por sus propias fuentes cercanas al movimiento. Entre los que escaparon había una mujer, conocida como Um Fahad, considerada la líder de las familias del ISIS dentro del campamento.

Hassan mostró a un reportero publicaciones sobre la fuga de Um Fahad en un grupo de chat privado del ISIS. “Se felicitaban unos a otros”, dijo.

También había familias libanesas que se sabía que habían estado en Al Hol y que celebraban recientemente su regreso en un grupo de redes sociales, dijo.

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Esas primeras fugas de Al Hol tenían como objetivo liberar a familias específicas, lo que indicaba un grado de planificación por parte del ISIS, al igual que el rápido traslado de las familias a través de la frontera hacia el Líbano, dijo Hassan.

“¿Cómo llegaron al Líbano?”, dijo. “Son más de 800 kilómetros, lo que indica que ocurrió algo organizado. No fue algo casual”.

Las organizaciones humanitarias que trabajaban en Al Hol advirtieron que la salida masiva y repentina planteó una serie de interrogantes de seguridad, no solo sobre las personas que habían escapado, sino también sobre si algunos miembros de las fuerzas de seguridad sirias habían ayudado a abrir las puertas a los reclusos.

El presidente Al Sharaa, que dirigió un grupo afiliado a Al Qaeda en Siria durante la guerra civil, ha sido acusado de albergar en sus propias filas a extremistas e islamistas que simpatizan con el ISIS. Funcionarios gubernamentales lo han negado, y afirman que el gobierno ha sufrido ataques de miembros del ISIS y que su oposición al grupo es sincera.

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Al Hol, un vasto campamento, está dividido en zonas, y el anexo albergaba a 6000 mujeres y niños que no eran ni de Siria ni de Irak. La mayoría eran chinos, rusos y turcos. Trabajadores humanitarios que visitaron el campamento en los últimos días dijeron que el anexo había quedado vacío.

El gobierno dijo que estaba vigilando a las familias de combatientes del ISIS de nacionalidad extranjera que habían salido del campamento para prevenir cualquier posible amenaza a la seguridad.

Hasta el fin de semana pasado, hubo un flujo constante de familias sirias e iraquíes que abandonaron el campamento, con la ayuda de un convoy de camionetas y autobuses. Una publicación del domingo en un grupo de chat de Al Hol en Telegram describía a familias acampadas en las carreteras que pedían transporte, y a amigos y voluntarios que las ayudaban a regresar con sus familias.

Un guardia dijo que el gobierno había organizado lo que describió como evacuaciones de reclusos a gran escala en los últimos días.

Según dijo, unas 5000 mujeres y niños fueron evacuados en autobuses del 7 al 9 de febrero hacia campamentos en la provincia de Idlib, en el noroeste de Siria. Otros que se cree tenían vínculos con ISIS fueron trasladados a otro campamento de la provincia de Alepo, agregó.

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Los reclusos sirios, entre los que había personas desplazadas por la guerra, estaban siendo liberados si un familiar acudía a responder por ellos, dijo. Se permitía que un familiar ingresara para ayudarlos a recoger sus pertenencias y desmontar su carpa, dijo.

El guardia negó que hubiera mucho contrabando de reclusos, y dijo que dos traficantes que intentaron sacar personas habían sido detenidos. El guardia habló con la condición de que no se publicara su nombre porque no estaba autorizado a hablar con la prensa.

En la prisión de Shadaddi, había algunos indicios de que la fuga se había producido con ayuda externa. El campamento exterior que ocupaban los guardias no mostraba señales de enfrentamientos ni de violencia, pero los agujeros de bala en dos juegos de puertas metálicas internas indicaban que alguien había disparado a las cerraduras desde afuera.

El gobierno sirio restó importancia a la fuga y afirmó que había recapturado a todos los fugados salvo 20.

La operación estadounidense que se desarrolló en los días siguientes se llevó a cabo bajo fuertes medidas de seguridad.

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Aviones de guerra sobrevolaron la zona mientras soldados estadounidenses escoltaban en vehículos blindados un convoy de cinco autobuses desde una prisión de la ciudad nororiental de Hasakah a principios de mes. Los autobuses trasladaron a los prisioneros a bases militares para partir de ahí en vuelos hacia Irak, dijo un funcionario de las FDS.

En un plazo de tres semanas, el ejército estadounidense dijo haber trasladado a 5700 detenidos, empezando por aquellos considerados de “alto valor”.

Los hombres serían recluidos en Bagdad y juzgados bajo la supervisión del Consejo Supremo Judicial, dijo Khalid Shawani, ministro iraquí de Justicia, en una declaración emitida el 12 de febrero.

La mayoría de los detenidos no eran iraquíes, pero serán juzgados en Irak y luego trasladados a sus países de origen, dijo.

El gobierno también tomó el control de la prisión de Aqtan, en las afueras de la ciudad de Raqqa, a finales de enero, tras varios días de enfrentamiento armado con los guardias de las FDS. Finalmente, a los guardias se les concedió un salvoconducto para salir.

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Pero entonces las familias se agolparon frente a la prisión para exigir la liberación de sus familiares detenidos, tal como había ocurrido cuando las cárceles se vaciaron tras la caída del dictador Bashar al Asad en diciembre de 2024.

“Las prisiones son un asunto delicado en Siria”, dijo Aboud Saleh Humaidan, jefe de un comité de 11 magistrados enviados desde Damasco para revisar los casos de los presos. “Lo más difícil ha sido manejar la opinión pública”.

El trabajo de los jueces se vio obstaculizado por el hecho de que las FDS no entregaron los expedientes de los reclusos, dijo Humaidan. Entre los presos había varias personas que habían sido acusadas de ser miembros del ISIS pero que no habían sido condenadas, dijo el juez.

Los jueces liberaron de inmediato a 126 menores que se encontraban en la prisión y a varios activistas de los medios, y estaban revisando el resto de los casos, dijo.

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