Paolo Gabriele, el mayordomo del papa Benedicto XVI, quien desató el escándalo de filtración —Vatileaks— más grave de los últimos años, no actuó solo. El hombre, que irá a juicio el próximo mes de septiembre, contó con un cómplice.
Claudio Sciarpelletti, programador informático empleado en la Secretaría de Estado (servicio exterior) vaticana, quien había sido arrestado el 25 de mayo, pero cuya detención no fue informada a la prensa porque según el portavoz del Vaticano, “su papel fue marginal”.
Luego de varias semanas de investigaciones, otra cosa determinó el juez instructor, Piero Antonio Bonnet, quien decidió que estos dos hombres se sentarán en el banquillo al mismo tiempo. El mayordomo y el informático, un empleado de la Secretaría de Estado de la Santa Sede, gobierno central del Vaticano, serán juzgados por “robo agravado” y “complicidad” en el Vatileaks.
Gabriele, de 46 años, con ciudadanía vaticana, detenido el pasado 23 de mayo, quedó el 22 de junio bajo detención domiciliaria, y desde entonces permanece junto con su familia en el interior del Vaticano. Por su parte Sciarpelletti, técnico de sistemas informáticos de la Secretaría de Estado, será juzgado por “recepción” de objetos robados.
En el apartamento de Gabriele, quien podría enfrentarse a una condena de siete años, fueron encontrados documentos secretos, que según la investigación fueron fotografiados con su teléfono. Esos papeles comenzaron a llegar en el mes de enero a la prensa italiana, que realizó una publicación de informes confidenciales que dejaban muy mal parado al Vaticano. Cartas del Papa y otros papeles que evidenciaban “la corrupción” dentro de los pasillos vaticanos alertaron a las autoridades eclesiásticas, que inmediatamente iniciaron la investigación de quien se creía el fiel colaborador de Benedicto XVI.