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A diez meses y medio del terremoto que destruyó el país, Haití está todavía muy lejos de ser siquiera la de antes del siniestro y el futuro luce cada vez más incierto. Ahora, aparece en el horizonte otro peligro, el cólera, que amenaza con una epidemia sin precedentes.
Las cifras ofrecidas por distintas fuentes sobre el número de muertos varían entre los 118 fallecidos que confirmó el director general del Ministerio de Salud Pública y de Población, Gabriel Timothée, y los 135 citados por el presidente de la Asociación Médica Haitiana, Claude Surena. Sin embargo, el número de contagiados es aún más crítico: los medios locales aseguran que ronda los 1.500.
Los primeros estudios revelados por Timothée demuestran que se trata del brote 01, el más fuerte de esta enfermedad, lo cual ha generado gran preocupación. “Estamos en una situación de urgencia sanitaria”, declaró el funcionario, mientras que el ministro de Salud Pública dominicano, Bautista Rojas, ordenó elevar el control sanitario en la frontera.
El brote de la enfermedad, que se dio a comienzos de la semana, afecta sobre todo al departamento de Artibonite, en el norte del país, y a Mirebalais, en el este, cuyos hospitales siguen recibiendo enfermos, por lo que las cifras varían con el paso de las horas. Su propagación se debe, entre otros factores, a la falta de infraestructura de acueducto y alcantarillado y de un sistema de recolección de basuras, así como al temporal de lluvia que azota al país caribeño desde finales de septiembre y en general a las malas condiciones en las que viven cientos de miles de ciudadanos que desde el terremoto habitan hacinados en campamentos improvisados por el gobierno nacional.
La demanda de atención tiene a los hospitales totalmente desbordados y el personal médico es escaso, así como los medicamentos. Es tal la inquietud por la situación que ya hay algunos países que han ofrecido ayuda. Por ejemplo, España donará 100.000 euros (US$139.000) destinados a crear un fondo para combatir la enfermedad.