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En tiempos en que el conflicto palestino-israelí reaparece en la agenda mundial, porque Palestina reclama su reconocimiento como estado no miembro de la ONU, llega a Colombia un personaje implicado en ambas partes del problema: Mosab Hassan Yusef, hijo de un fundador de Hamás —el movimiento de resistencia palestino que controla la Franja de Gaza— que decidió colaborar con los servicios de seguridad israelíes. Muchos lo ven como un traidor de su propio pueblo, pero él entiende su decisión como una oportunidad para salvar vidas.
Era 1996 cuando Yusef, quien hacía parte del movimiento estudiantil de Hamás en la Universidad Birzeit de Cisjordania, fue encarcelado en el Complejo Ruso de Jerusalén después de comprar un rifle. Lo ataron de manos, lo golpearon, lo sometieron a múltiples interrogatorios. Después llegó a su celda un agente del servicio de seguridad israelí, Shin Beth, conocido como el capitán Loai, y le pidió que colaborara con las autoridades de ese país.
Para cualquier otro palestino hubiera sido más fácil responder, pero Yusef era hijo del jeque Hassan Yusef, fundador de Hamás y quien ya había sido perseguido y encarcelado antes por los israelíes. Sin embargo, Yusef aceptó: “Mi plan original fue trabajar como un agente doble. Planeaba ser un agente clandestino para Hamás. Lo hice por venganza y curiosidad. Estaba enojado y amargado con Israel. Yo crecí con un concepto de cosas terribles sobre Israel, como acoso, encarcelamiento y tortura contra mi padre”, le cuenta Yusef a El Espectador.
Pero su plan daría un giro de 180 grados. Cuenta Yusef que mientras estaba en la cárcel y una vez empezó a trabajar para el Shin Beth, se dio cuenta “exactamente de lo que Hamás era. Mis puntos de vista cambiaron mucho mientras estaba trabajando con el supuesto enemigo de mi padre”. Perdió la fe en la milicia y fuerza política islámica cuando en la cárcel vio cómo los miembros de esa agrupación torturaban cruelmente a sus compañeros de lucha y compatriotas.
En 1997 salió de la cárcel, donde había permanecido 16 meses para no despertar sospechas sobre su pacto con Israel. Empezó a hacer su labor de espionaje bajo el seudónimo de ‘príncipe verde’ (por ser hijo del jeque y por el color de la bandera de Hamás) y a leer el Nuevo Testamento —fueron los primeros pasos hacia su conversión al cristianismo y al convencimiento de la frase que dice “ama a tu enemigo”—. Los israelíes le pedían que encontrara un trabajo y tuviera la vida digna del hijo del jeque, así que Yusef siguió adentro de la élite política palestina sin que nadie sospechara que era un informante de los judíos.
Para 1999 ya se había metido en el núcleo de Hamás en Cisjordania y permanecía junto a su padre. Un año después, cuando empezó la intifada tras la provocativa visita de Ariel Sharon a la Explanada de las Mezquitas, fue Yusef quien informó al Shin Beth que “la primera patrulla de la brigada de los mártires de Al Aqsa era en realidad un grupo de la Guardia Presidencial de Yaser Arafat, la fuerza 17 (grupo élite de la Organización para Liberación Palestina)”.
Luego el espía colaboraría con las capturas de Muhanad Abu Alawe, el hombre de la fuerza 17; de Ibrahim Hamid, un comandante de Hamás en Cisjordania; de Marwan Barghouti, conocido como líder de la primera y segunda intifada; y hasta con la detención de su propio padre. También asegura haber frustrado un plan para matar a Shimon Peres, entonces primer ministro y actual presidente de Israel.
La detención del jeque Hassan fue un punto clave en la carrera del espía Yusef. Dice que suministró información para la captura de su padre para protegerlo, pues si no lo hubiera hecho, el jeque hubiera sido asesinado. Yusef defiende que su acción siempre ha estado orientada a salvar vidas, que pedía que quienes delataba fueran encarcelados y no asesinados, y que no lo hacía con intereses económicos.
En 2002, cuando había en el Shin Beth una creciente preocupación porque su espía estrella pudiera ser descubierto, se hizo todo un montaje para provocar el intento de arresto de Yusef por parte de las Fuerzas de Defensa Israelíes —engañando tanto a estas fuerzas como a las de Hamás—. Mientras un inmenso operativo israelí lo hacía ver como uno de los terroristas más buscados, él escapaba al amparo del Shin Beth. Hoy vive en Estados Unidos bajo asilo político.
Yusef defiende que el Shin Beth tenía como principal objetivo preservar los principios de un país democrático y que los palestinos que viven en Israel tienen derechos y se benefician más de la asistencia de Israel que en cualquier estado árabe. Sus planteamientos son más que cuestionados en el mundo musulmán, desde donde Israel es señalado como un Estado ilegal.
“No soy sionista y no trabajé para los sionistas. No soy proisraelí ni propalestino”, ha asegurado Yusef, quien después de una década de trabajar como espía decidió retirarse, porque encontró que la verdadera causa del terrorismo está en la diferencias religiosas y de nada sirve luchar contra terroristas suicidas si no se atacan esas divergencias.
¿Y piensa qué habrá fin al conflicto palestino-israelí? “La raíz del conflicto palestino-israelí no está en la seguridad de los estados, es una guerra entre dos dioses, dos religiones. Entre el dios de la Torá y el dios del Corán. El Corán enseña que esta es una tierra WAQF, un regalo sagrado al que no hay que renunciar. La Torá enseña a los judíos que esta es su tierra y no deben cederla. A corto plazo, el resultado es que no podrá haber paz en el Medio Oriente”, responde Yusef.
Mosab Hassan Yusef dictará la conferencia ‘Causa y Consecuencias del Conflicto en Medio Oriente, y sus Efectos en el Mundo Occidental’ el 3 de octubre en el Hotel Tequendama. Bogotà Tel: 759 1407 Cel 311 475 9386 USA 630 570 9208.