Faltan cuatro meses para que el mundo conmemore el aniversario número 11 de los fatídicos ataques a las Torres Gemelas de Nueva York. Mientras, muchos socorristas, empleados de limpieza y residentes del Bajo Manhattan que hoy padecen cáncer insisten en que su enfermedad es consecuencia de lo ocurrido, una deducción que es aún un enigma que alimenta el temor de algunos neoyorquinos.
La reciente muerte de la cantante Donna Summer, quien a los 63 años dejó de respirar tras librar una cruda batalla contra el cáncer de pulmón, volvió a poner el tema sobre el tapete. Amigos y familiares de la estrella aseguraron que “la reina de la música disco” culpaba de su enfermedad al aire contaminado de la Zona Cero, donde tenía su apartamento. Su teoría no es descabellada.
El caso de John Devlin, un conductor que participó en las labores de remoción de escombros del World Trade Center durante nueve meses y quien padece cáncer de garganta, sin ser si quiera fumador, encendió también las alarmas.
En su informe preliminar sobre este asunto, el gobierno ha negado que el polvo de la zona haya generado el aumento en los niveles de este mal.
El año pasado el Instituto Nacional para la Seguridad Ocupacional y Salud, que maneja el programa de salud federal del World Trade Center, determinó que no era posible incluir a los enfermos de cáncer a la lista de beneficiarios de la Ley Zadroga (creada para la compensación de quienes padecen secuelas de salud después de los ataques), pero los nuevos pacientes claman justicia.
“No existen pruebas suficientes en este momento como para sugerir agregar el cáncer, o algún tipo de cáncer, a la lista de problemas de salud relacionados con las Torres Gemelas”, aseguró el director del estudio, el doctor John Howard. “Es importante señalar que la actual ausencia de resultados científicos y médicos publicados que demuestren una relación causal entre la exposición resultante de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 y la aparición de cáncer en los socorristas y sobrevivientes no indica evidencia”.
Pero los casos siguen apareciendo en Nueva York y parecen dejar sin mucho piso los estudios del gobierno, al que los enfermos culpan por haber sido irresponsable y precipitado al afirmar al día siguiente del ataque terrorista que el aire de la zona era seguro para la salud.
“El gobierno dijo que el aire estaba limpio y que era seguro, pero después documentaron que eso no era cierto. Nos mintieron y ahora que tengo cáncer entonces me dicen que esto no tiene nada que ver con los nueve meses y medio que estuve trabajando ahí sin parar, aspirando el aire y el polvo”, asegura Devlin, bastante decepcionado.
Sentimientos similares embargan al oficial de policía Reggie Hillaire, quien en 2005 se enteró que padecía un cáncer de mieloma múltiple. “Conozco a muchas personas que eran policías conmigo en la misma época y también tienen cáncer. Los doctores me dijeron que era muy raro que esto me ocurriera a mí a los 34 años”.
Y aunque los neoyorquinos tratan de seguir con su vida normal y muchos ni siquiera expresan algún tipo de temor de que el cáncer siga apareciendo en más personas, quienes vivieron de cerca las labores de rescate y limpieza de la Zona Cero no pueden estar tranquilos y menos si son indocumentados.
“La verdad no sé qué hacer. Me puse de tonta a correr a limpiar las torres al otro día que se cayeron porque me ofrecieron buen dinero y ahora estoy superenferma de los pulmones y la nariz, y por no tener papeles no pude recibir la ayuda completa”, asegura la colombiana Gloria González, quien no ha podido volver a llevar una vida normal.
Pero la pesadilla para esta bogotana no termina allí, pues ella no sólo afirma que ha visto morir a varios de los empleados de la Zona Cero con los que trabajó, sino que teme que en unos años también desarrolle algún tipo de cáncer.
“A mí los doctores me han dicho que en cualquier momento me puede pasar, porque a veces el cáncer tarda entre 10 y 20 años en manifestarse y es obvio que todo esto que nos está pasando fue por el polvo que tragamos por meses, no fue que nos hubiéramos ido a veranear a Central Park”.
Anthony de Palma, periodista del diario The New York Times durante más de 25 años y escritor del libro Ciudad de polvo: enfermedad, arrogancia y 911”, admite que el efecto dejado por los escombros y el aire de la Zona Cero desde el 11 de septiembre de 2001 fue devastador y más enfermos seguirán apareciendo.
“A ellos no les advirtieron debidamente sobre los riesgos ni les dieron el equipo que necesitaban, y aunque cada persona tuvo una exposición de manera diferente, lo cierto es que el efecto real de los asbestos toma años y hasta décadas en manifestarse”.
Un estudio presentado por la revista médica Lancet, en el que se utilizaron las historias clínicas de más de 10 mil bomberos, determinó que los socorristas que estuvieron involucrados en las labores de rescate del 9/11 tienen un 19% más de probabilidades de contraer cáncer que el resto de sus compañeros. “Lo que podemos decir es que la exposición al 9/11 aumentó la probabilidad de que los socorristas desarrollen cáncer. Fue uno de muchos factores, pero fue uno significativo”, aseguró el doctor David Prezant, jefe médico del Departamento de Bomberos de Nueva York.
Y luego de una lucha constante de varias organizaciones, hace dos meses un panel médico votó para recomendarle al gobierno que incluya a los enfermos de ciertos tipos de cáncer dentro de la Ley de Compensación de Salud a las Víctimas del 9/11, por lo que se espera que en unas semanas haya una respuesta favorable que al menos los saque de la sombra.
La comisión recomendó que se tome en cuenta a los enfermos de cáncer digestivo, respiratorio, de tiroides, de seno, de ovarios, de ojo, bucal, urinario, leucemia, linfoma y cánceres poco comunes que estarían asociados con la exposición a contaminantes en el aire.
Al ser cuestionado sobre los efectos que el 9/11 pudo tener en el desarrollo de cáncer en algunos neoyorquinos, John Feal, fundador de la organización Feal Good, quien padece serios problemas respiratorios generados tras los ataques terroristas, pareció resumir el sentir de muchas víctimas: “No necesitamos estudios de personas que llevan años yendo a la universidad a hacer investigaciones para que nos digan que no hay evidencia. La gente que se ha muerto es suficiente prueba. Tenemos más de una década con gente enfermándose y muriendo, los números son escalofriantes y alarmantes, y lo peor es que esto parece no querer terminar”.
La Ley Zadroga
La Ley Zadroga fue aprobada por el Congreso de Estados Unidos en diciembre de 2010, como una iniciativa para asistir con tratamientos médicos y subsidios a las víctimas colaterales de los atentados del 11 de septiembre de 2001, personas que tras los ataques comenzaron a padecer algún tipo de mal a raíz de su participación en las operaciones de rescate y asistencia.
La ley fue bautizada Zadroga en honor a James Zadroga, un oficial de policía que falleció en 2006 a causa diversos problemas respiratorios tras servir en el World Trade Center. Actualmente algunas víctimas piden una reforma, pues bajo sus esquemas actuales la norma no brinda asistencia a los pacientes de cáncer.
Tres acusaciones a la Zona Cero
La cantante estadounidense Donna Summer murió de cáncer de pulmón. Vivía muy cerca del Word Trade Center.
Reggie Hillaire, como policía, asistió en los días posteriores al 9/11. Actualmente padece cáncer de mieloma múltiple.
John Devlin trabajó como conductor en las labores de remoción de escombros de la Zona Cero. Hoy padece cáncer de garganta y asma.