Desde siempre ha habido guerras que nacen de conflictos inevitables entre potencias. Pero esta guerra pertenece a otra especie: nace de la alianza entre un narcisista sin escrúpulos y un psicópata genocida. Como en los cuentos infantiles, el primero es un ogro torpe y vanidoso, un depredador vulgar tan voraz por el dinero como insaciable en su necesidad de elogio. El segundo es el personaje cínico, astuto y taimado que aprende a explotar al gigante tonto. La fórmula es simple y siniestra: la vanidad del idiota al servicio de un criminal sanguinario.
El conflicto, como explica Daniel Levy —exnegociador israelí y actual presidente...
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