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¿El mundo al revés?

El desgaste político de las políticas estadounidenses en la región hicieron que temas importantes para la integración latinoamericana surgieran en el foro. América Latina empieza a equilibrar la hegemonía de EE.UU.

Beatriz Miranda Cortes*

18 de abril de 2012 - 03:16 p. m.
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El corto siglo XX, como lo acuñó el historiador británico Eric Hobsbawn trajo a la luz una serie de cambios internacionales que nunca imaginaron ni los mejores analistas, entre esos cambios la caída del Muro de Berlín, en 1989 y, por consiguiente, el fin del mundo bipolar. A principios del siglo XXI, los acelerados cambios geopolíticos dan un protagonismo inesperado a América Latina, según el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Luis Alberto Moreno, “América Latina actualmente es el motor de la Economía Mundial”.

Pasamos de la década perdida de los noventa a un momento de gran transformación regional, obviamente, con distintos matices y lejos de ser una realidad generalizada, pues hay varios Haití que aún subsisten.
Es importante recordar que lo que pasó en la Cumbre de las Américas con relación a la posición de Estados Unidos y Canadá en lo que se refiere a temas realmente candentes para la región era lo esperado. América Latina, a partir de los 90 tiene que reinventarse para subsistir en un mundo globalizado, y era necesario cambiar sus principales estrategias de reinserción internacional.

El primer cambio geopolítico regional de fuerte impacto fue la firma del Tratado de Libre Comercio para América del Norte –NAFTA-, en 1994. Ese acuerdo es un hito en la historia latinoamericana reciente. El escritor Jorge Castañeda, lo califica como “algo natural entre dos países que comparten una frontera de 3.500 Kms, ya que desde el siglo anterior, México ya tenía gran parte de su comercio monopolizado por Estados Unidos”. Sin embargo, el NAFTA cambia la geopolítica latinoamericana de forma abrupta. México había sido el vocero de los países latinoamericanos en el concierto interamericano, y había siempre utilizado su influencia en la región como un contrapeso en su relación con su vecino del Norte. EL NAFTA, sin pretenderlo, desplazó esa vocería más al Sur del continente.

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El NAFTA elucida las características de los tratados comerciales de la posguerra fría. No era solamente la firma de un tratado comercial, era un acuerdo con un fuerte componente de seguridad nacional. Se hizo imprescindible garantizar su zona de influencia a partir de la frontera más cercana, detener la avanzada de Europa y de China. Según se decía, quizás México lograría ser un puente entre el norte y el sur, ratificando así su papel clásico de potencia media. Pero más que eso, era necesario erigir el nuevo Muro del “nuevo orden internacional” y detener la migración del sur hacia el norte.

Así, la política exterior mexicana se “norteamericaniza” y se da espacio a la creación de un espacio político y económico en Suramérica: el Mercosur.

Colombia establece al Plan Colombia y Estados Unidos vuelca su política de militarización en la región, mediante la “Guerra contra las drogas”, empezando por el Putumayo- Como líder potencial en los Andes, la aproximación entre Comunidad Andina-Mercosur no se da.
Esos tres hechos simbólicos fueron imprescindibles para el cambio geopolítico regional.

Los contradictores de la creación y del fortalecimiento de un imaginario suramericano, frecuentemente dan a entender que el proyecto político y económico de Brasil contribuyó a la disolución de la Comunidad Andina. Vale resaltar que cuando el presidente Hugo Chávez llega al poder, uno de sus primeros actos fue solicitar el ingreso de Venezuela al Mercosur. En aquel entonces, la estrategia del Mercosur era negociar bloque a bloque o sea Mercosur/Comunidad Andina de Naciones. Casi una década después el congreso paraguayo aún no ha aprobada la entrada de Venezuela como miembro permanente del Mercosur.

Sin embargo, la estigmatización exacerbada del gobierno Chávez en la región, la imposibilidad de su inmediata entrada al Mercado Común del Cono propició la creación del ALBA, cuya propuesta desde el principio se distanció de las teorías clásicas de la integración, vislumbrando una real cooperación y solidaridad entre sus miembros. Casi siempre depreciada por ser conformada por países periféricos en la región, tuvo una victoria tácita innegable en la Cumbre de las Américas, aunque sus principales representantes no estuvieran presentes, transformaron el tema del fin del bloqueo en contra de Cuba y el tema de las Malvinas en los temas centrales de la Cumbre.

¿El mundo al revés? No, el desgaste político de una agenda clásica norte-sur, mucho más allá de la ineficiencia de las cumbres para aterrizar los temas largamente discutidos. Cómo olvidar Guántanamo, cómo dejar de lado la presencia de la IV Flota del Comando Sur, la política antiimigrantes, las actitudes comerciales proteccionistas y sobretodo, la pujanza, el espíritu innovador de la cooperación sur-sur, movido por afinidades políticas, intereses compartidos y visiones solidarias.

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Este año, los BRICS son responsables por el 56% del crecimiento de la economía mundial, su PIB corresponde a 1/3 del PIB mundial. En la Cumbre de Nueva Dehli, realizada a principio de ese mes, se habló de la creación de un Banco de Desarrollo Multilateral que en 3 años podría hacerle peso al Banco Mundial.

Pareciera ser que las estrategias de promesas/amenazas/ayuda por parte de Estados Unidos ya no son suficientes para aplazar una integración latinoamericana que pudiera equilibrar la hegemonía de Estados Unidos en la región, eso fue lo que pasó en la Cumbre de las Américas, en ese sentido, fue altamente positiva.

Beatriz Miranda Cortes, analista Internacional

Por Beatriz Miranda Cortes*

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