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El nuevorostro del PRI

El atractivo Enrique Peña Nieto es favorito para ganar hoy las elecciones mexicanas y regresar al poder al viejo partido hegemónico.

Santiago Torrado / Ciudad de México

30 de junio de 2012 - 04:00 p. m.
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En medio de la marea humana que celebraba ruidosamente en el emblemático monumento del Ángel de la Independencia la noche en que Vicente Fox ganó las elecciones presidenciales del año 2000, por encima de las cabezas comenzó a abrirse paso un ataúd con la bandera del Partido Revolucionario Institucional, el mismo que gobernó ininterrumpidamente durante más de 70 años. Muchos mexicanos creyeron entonces que la victoria de aquel ranchero alto y bigotón enterraba de una vez por todas al añejo partido hegemónico, que se había convertido en símbolo de corrupción y autoritarismo.

Los siguientes comicios parecieron confirmarlo, cuando el representante priista cayó a un lejano tercer lugar. Pero apenas 12 años y dos gobiernos después de que llegó la alternancia, Fox, el hombre que alcanzó el poder con el lema de “sacar al PRI de los Pinos”, ahora en un sorprendente giro llama a “cerrar filas” para apoyar al puntero de las encuestas, que no es otro que el joven y telegénico candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, favorito para convertirse hoy en el próximo presidente de México.

A pesar de la irrupción en la campaña de un heterogéneo movimiento universitario, #YoSoy132, que ha organizado masivas marchas para repudiar el regreso del PRI y lo que consideran un cubrimiento sesgado de las televisoras, y del tardío repunte del izquierdista Andrés Manuel López Obrador, los sondeos más recientes le dan a Peña Nieto una ventaja de dos dígitos en un país donde no existe la segunda vuelta. En el tercer lugar aparece la candidata oficialista, Josefina Vázquez Mota.

“Tú me conoces, y sabes que voy a cumplir”, asegura Peña Nieto en los comerciales. Siempre aparece impecablemente vestido y peinado, con su característico copete y aire de galán de telenovela. No en vano, han llegado a apodarlo “el Luis Miguel de la política” por su poder de seducción. El exgobernador del estado de México se presenta como un líder pragmático y conciliador, obsesionado con los resultados, al tiempo que promete crecimiento económico y un gobierno eficaz.

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Sus críticos, por su parte, le recuerdan escándalos de varios gobernadores priistas, entre ellos su mentor político, y lo consideran un superficial producto del mercadeo, incapaz de salirse del guión que le escriben sus asesores. López Obrador no duda en calificarlo como “el candidato que quieren imponer las televisoras”, y arrecian las acusaciones de que el PRI gastó más del doble de lo permitido en la campaña.

El candidato priista nació hace 45 años en Atlacomulco, en el estado de México, el más poblado del país. Estudió derecho en la Universidad Panamericana, una institución del Opus Dei, y se inició en la política de la mano de su antecesor en el cargo de gobernador, el controvertido Arturo Montiel, que intentó ser el candidato presidencial priista en 2006, pero se vio obligado a retirarse por acusaciones de enriquecimiento ilícito.

Tras una incursión como diputado estatal, Peña Nieto, en ese entonces casado con Mónica Pretelini y padre de tres hijos, se lanzó por la gobernación en 2005. En los mitines se repetía el grito femenino de “Enrique, bombón, te quiero en mi colchón”.

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Triunfó con la novedosa estrategia de firmar 608 compromisos ante notario público. Su lema, que repitió como candidato presidencial, era “te lo firmo y te lo cumplo”. Ya como gobernador, aparecía frecuentemente en la televisión para inaugurar obras y hacía grandes actos cada cien compromisos cumplidos, en los que participaban estrellas de Televisa que eran parte de las campañas promocionales del estado.

Construyó su carrera política de la mano del mundo de la farándula. Después de enviudar, y admitir dos hijos extramatrimoniales, conoció a Angélica Rivera, una famosa actriz de telenovelas conocida como La Gaviota por su papel en Destilando amor, la versión mexicana de Café, con aroma de mujer. Ella fue la imagen del estado cuando cumplieron el compromiso trescientos. Su matrimonio, en 2010, impulsó la popularidad de Peña Nieto, que aparece en las revistas del corazón y tiene clubs de fans.

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“Está concebido como una estrella de televisión, completamente armado, con escenarios muy controlados”, dijo a El Espectador Ignacio Rodríguez Reyna, director de la revista Emeequis y autor del perfil de Peña Nieto en el libro Los Suspirantes 2012. “No es un político con una visión de hombre de Estado, disciplinado, que responde a un paradigma que le van construyendo y que se ha construido. Y creo que a él le encantó jugar el papel de la estrella de la política mezclado con la farándula”.

Peña Nieto fue un gobernador popular, aunque sus rivales suelen echarle en cara tres temas que lo dejan mal parado: una investigación que exoneró a Montiel, los brutales excesos durante la represión policial que él ordenó contra una protesta en Atenco y el elevado número de feminicidios en el estado de México. A pesar de esos lunares, el candidato que escogió como sucesor fue elegido gobernador con una abrumadora mayoría.

El priista encabeza las encuestas desde hace meses. A pesar de algún traspié, como cuando confundió títulos y autores en la Feria del Libro de Guadalajara, en la campaña se dedicó a administrar la ventaja, que sólo se vio amenazada con las protestas universitarias. #YoSoy132 nació tras una visita a la Universidad Iberoamericana en la que le gritaron “asesino”, “represor” y “Atenco no se olvida”. Cuando insinuaron que se trataba de agitadores, 131 estudiantes mostraron sus carnés en YouTube y el movimiento creció en las redes sociales. Pero su impacto en las encuestas parece limitado.

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En la recta final Peña Nieto anunció que tendría como asesor de seguridad al general Óscar Naranjo, recién jubilado de la Policía de Colombia. Esa jugada serviría para desarmar los temores de Estados Unidos en el sentido de que suavizaría la ofensiva contra los carteles, pues ha dicho que le importa más reducir la violencia que capturar grandes capos.

La posibilidad de que el triunfo de Peña Nieto signifique restaurar el viejo régimen autoritario aterra a muchos, que temen el regreso de la llamada “presidencia imperial” y “la dictadura perfecta”. Pero varios analistas apuntan que sería imposible, pues México tiene hoy instituciones independientes y contrapesos. Peña Nieto, por su parte, promete romper con las prácticas del pasado y dice que es el agente del cambio. 

Por Santiago Torrado / Ciudad de México

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