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El objetivo inicial de la guerra en Irán era instalar al expresidente Ahmadineyad como líder

Un ataque israelí para liberar a Mahmud Ahmadineyad de su arresto domiciliario en Teherán, dijeron funcionarios estadounidenses, formaba parte de un intento de incitar un cambio de régimen.

Mark Mazzetti, Julian E. Barnes, Farnaz Fassihi y Ronen Bergman | The New York Times

20 de mayo de 2026 - 02:58 p. m.
Imagen de archivo de Mahmud Ahmadineyad.
Foto: EFE - ABEDIN TAHERKENAREH
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Días después de que los ataques israelíes mataran al líder supremo de Irán y a otros altos cargos en los primeros movimientos de la guerra, el presidente Donald Trump consideró públicamente que lo mejor sería que “alguien de dentro” de Irán tomara el control del país.

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Resulta que Estados Unidos e Israel entraron en el conflicto con alguien en específico, y muy inesperado, en mente: Mahmud Ahmadineyad, el expresidente iraní conocido por sus opiniones de línea dura, antiisraelíes y antiestadounidenses.

Pero el plan osado, desarrollado por los israelíes y sobre el que se había consultado a Ahmadineyad, se torció con rapidez, según los funcionarios estadounidenses que fueron informados al respecto.

El primer día de la guerra, Ahmadineyad resultó herido por un ataque israelí contra su residencia en Teherán, que tenía como objetivo liberarlo de su arresto domiciliario, dijeron los funcionarios estadounidenses y un colaborador del expresidente. Ahmadineyad sobrevivió al ataque, dijeron, pero después de que casi fracasara, se desilusionó del plan para el cambio de régimen.

No se le ha visto públicamente desde entonces y se desconoce su paradero y estado actuales.

Decir que Ahmadineyad fue una elección inusual sería quedarse muy corto. Aunque había entrado en conflicto cada vez más con los dirigentes del régimen y las autoridades iraníes lo habían sometido a una estrecha vigilancia, durante su mandato como presidente, de 2005 a 2013, fue conocido por sus llamamientos a “borrar a Israel del mapa”. Era un firme partidario del programa nuclear iraní, un feroz crítico de Estados Unidos y conocido por reprimir de forma violenta la disidencia interna.

Aún se desconoce cómo se reclutó a Ahmadineyad para que participara.

La existencia de esta iniciativa, de la que no se había informado anteriormente, formaba parte de un plan de varias fases desarrollado por Israel para derrocar al gobierno teocrático de Irán. Subraya cómo Trump y el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, comenzaron la guerra no solo juzgando mal la rapidez con la que podrían lograr sus objetivos, sino también apostando hasta cierto punto por un plan arriesgado de cambio de liderazgo en Irán que incluso algunos de los ayudantes de Trump consideraron inverosímil. Algunos funcionarios estadounidenses se mostraron escépticos en especial sobre la viabilidad de devolver a Ahmadineyad al poder.

“Desde el principio, el presidente Trump tuvo claros sus objetivos para la Operación Furia Épica: destruir los misiles balísticos de Irán, desmantelar sus instalaciones de producción, hundir su armada y debilitar a su representante”, dijo Anna Kelly, vocera de la Casa Blanca, en respuesta a una solicitud de comentarios sobre el plan de cambio de régimen y Ahmadineyad. “El ejército de Estados Unidos cumplió o superó todos sus objetivos, y ahora, nuestros negociadores están trabajando para llegar a un acuerdo que acabe para siempre con la capacidad nuclear de Irán”.

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Un portavoz del Mosad, la agencia israelí de inteligencia exterior, declinó hacer comentarios.

Funcionarios estadounidenses hablaron durante los primeros días de la guerra sobre los planes desarrollados con Israel para identificar a una figura pragmática que pudiera hacerse con el control del país. Los funcionarios insistieron en que había información de inteligencia de que algunos dentro del régimen iraní estarían dispuestos a trabajar con Estados Unidos, aunque esas personas no pudieran calificarse de “moderadas”.

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Trump estaba disfrutando del éxito de la incursión de las fuerzas estadounidenses para capturar al líder de Venezuela, Nicolás Maduro, y de la disposición de un sustituto interino a colaborar con la Casa Blanca, un modelo que Trump parecía pensar que podría reproducirse en otros lugares.

En los últimos años, Ahmadineyad se ha enfrentado a dirigentes del régimen, acusándolos de corrupción, y han circulado rumores sobre sus lealtades. Fue descalificado en varias elecciones presidenciales, sus ayudantes fueron detenidos y los movimientos de Ahmadineyad se restringieron cada vez más a su domicilio en el barrio de Narmak, al este de Teherán.

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El hecho de que funcionarios estadounidenses e israelíes vieran a Ahmadineyad como posible líder de un nuevo gobierno en Irán es una prueba más de que la guerra en febrero se inició con la esperanza de instalar un liderazgo más flexible en Teherán. Trump y los miembros de su gabinete han dicho que los objetivos de la guerra se centraban estrictamente en destruir las capacidades nucleares, de misiles y militares de Irán.

Hay muchas preguntas sin respuesta sobre cómo planearon Israel y Estados Unidos poner a Ahmadineyad en el poder, y sobre las circunstancias que rodearon el ataque aéreo que lo hirió. Funcionarios estadounidenses dijeron que el ataque —llevado a cabo por la Fuerza Aérea israelí— tenía como objetivo matar a los guardias que vigilaban a Ahmadineyad como parte de un plan para liberarlo de su arresto domiciliario.

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El primer día de la guerra, los ataques israelíes mataron al ayatola Alí Jamenéi, líder supremo de Irán. El ataque contra el complejo del ayatola en el centro de Teherán también provocó una explosión de un encuentro de funcionarios iraníes, y mató a algunos funcionarios que la Casa Blanca había identificado como personajes más dispuestos a negociar un cambio de gobierno que sus jefes.

Los medios de comunicación iraníes también informaron en un primer momento de que Ahmadineyad había muerto en el ataque contra su casa.

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El ataque no causó daños significativos en la casa de Ahmadineyad, situada al final de una calle sin salida. Pero sí fue alcanzado el puesto de seguridad situado a la entrada de la calle. Las imágenes por satélite muestran que la instalación quedó destruido.

En los días siguientes, las agencias de noticias oficiales aclararon que Ahmadineyad había sobrevivido, pero que sus “guardaespaldas” —en realidad, miembros del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica que lo custodiaban y lo mantenían bajo arresto domiciliario— habían muerto.

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Un artículo publicado en The Atlantic en marzo, en el que se citaba a colaboradores anónimos de Ahmadineyad, decía que el expresidente había sido liberado del confinamiento gubernamental tras el ataque en su casa, que el artículo describía como “en efecto, una operación de fuga”.

Después de ese artículo, un colaborador de Ahmadineyad confirmó a The New York Times que el expresidente consideraba el ataque como un intento de liberarlo. El colaborador dijo que los estadounidenses veían a Ahmadineyad como alguien que podía dirigir Irán, y que tenía capacidad para gestionar “la situación política, social y militar de Irán”.

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Habría podido “desempeñar un papel muy importante” en Irán en un futuro próximo, dijo el colaborador, e insinuó que Estados Unidos lo veía como alguien similar a Delcy Rodríguez, quien tomó el poder en Venezuela después de que las fuerzas estadounidenses capturaran a Maduro y desde entonces ha trabajado de manera cercana con el gobierno de Trump, dijo la persona.

Durante su presidencia, Ahmadineyad fue conocido tanto por sus políticas de línea dura como por sus declaraciones fundamentalistas, a menudo descabelladas, como su declaración de que no había ni una sola persona gay en Irán y su negación del Holocausto. Habló en una conferencia en Teherán titulada “Un mundo sin sionismo”.

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Los satíricos occidentales se burlaron de estas opiniones, y Ahmadineyad se convirtió en una especie de curiosidad involuntaria de la cultura pop, incluso en objeto de parodias en Saturday Night Live.

También presidió el país en un momento en el que Irán estaba acelerando el enriquecimiento de uranio que algún día podría utilizar para fabricar una bomba nuclear si decidiera militarizar su programa. En 2007, una evaluación de los servicios de inteligencia estadounidenses concluyó que, años antes, Irán había frenado sus trabajos de construcción de un artefacto nuclear, pero continuaba enriqueciendo combustible nuclear que podría utilizar para fabricar un arma nuclear si cambiaba de opinión.

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Después de dejar el cargo y con el tiempo, Ahmadineyad se convirtió en una especie de crítico abierto del gobierno teocrático, o al menos en un opositor al ayatolá Jameneí.

En tres ocasiones —2017, 2021 y 2024— Ahmadineyad intentó competir para volver a su cargo anterior, pero cada una de esas veces el Consejo de Guardianes de Irán, un grupo de juristas civiles e islámicos, bloqueó su campaña presidencial. Ahmadineyad ha acusado a altos cargos iraníes de corrupción o mal gobierno y se ha convertido en un crítico del gobierno de Teherán. Aunque nunca fue un disidente declarado, el régimen empezó a tratarlo como un elemento potencialmente desestabilizador.

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Los vínculos de Ahmadineyad con Occidente son mucho más opacos.

En una entrevista concedida en 2019 a The New York Times, Ahmadineyad elogió al presidente Trump y abogó por un acercamiento entre Irán y Estados Unidos.

“Trump es un hombre de acción”, dijo Ahmadineyad. “Es un hombre de negocios y, por tanto, es capaz de calcular costos y beneficios y tomar una decisión. Le decimos: calculemos el costo-beneficio a largo plazo de nuestras dos naciones y no seamos cortos de miras”.

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Se ha acusado a personas cercanas a Ahmadineyad de tener vínculos demasiado estrechos con Occidente, o incluso de espiar para Israel. Esfandiar Rahim Mashai, exjefe de gabinete de Ahmadineyad, fue juzgado en 2018 y el juez del caso le preguntó de manera pública por sus vínculos con agencias de espionaje británicas e israelíes, acusación que difundieron los medios de comunicación estatales.

En los últimos años, Ahmadineyad ha realizado viajes fuera de Irán que han alimentado aún más las especulaciones.

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En 2023 viajó a Guatemala y en 2024 y 2025 fue a Hungría, viajes detallados por la revista New Lines. Ambos países mantienen estrechos vínculos con Israel.

El entonces primer ministro húngaro, Viktor Orbán, mantiene una relación cercana con Netanyahu. Durante los viajes a Hungría, Ahmadineyad habló en una universidad vinculada con Orbán.

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Regresó de Budapest pocos días antes de que Israel comenzara a atacar Irán el pasado junio. Cuando estalló esa guerra, mantuvo un perfil público bajo y solo publicó unas pocas declaraciones en las redes sociales. Su relativo silencio sobre la guerra con un país que Ahmadineyad consideraba desde hacía tiempo el principal enemigo de Irán fue señalado por muchos en las redes sociales iraníes.

El debate sobre Ahmadineyad en las redes sociales iraníes aumentó tras la noticia de su muerte, según un análisis de FilterLabs, una empresa que rastrea el sentimiento público. Pero el debate disminuyó en las semanas siguientes, debido principalmente a la confusión sobre su paradero.

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Al principio, Israel previó que la guerra se desarrollaría en varias fases, empezaría por los ataques aéreos de Estados Unidos e Israel, después el asesinato de los líderes supremos de Irán y la movilización de los kurdos para luchar contra las fuerzas iraníes, según dos funcionarios de defensa israelíes familiarizados con la planificación operativa.

Después de eso, el plan israelí preveía una combinación de campañas de influencia llevadas a cabo por Israel y la invasión kurda que crearía inestabilidad política en Irán y la sensación de que el régimen estaba perdiendo el control. En una tercera etapa, el régimen, bajo una intensa presión política y el peso de los daños causados a infraestructuras clave como la electricidad, se derrumbaría, lo que permitiría que se estableciera lo que los israelíes denominaron un “gobierno alternativo”.

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Aparte de la campaña aérea y el asesinato del líder supremo, poco del plan se desarrolló como esperaban los israelíes, y gran parte de él parece, en retrospectiva, haber juzgado profundamente mal la resistencia de Irán y la capacidad de Estados Unidos e Israel para ejercer su voluntad.

Pero incluso después de que quedara claro que el gobierno teocrático de Irán había sobrevivido a los primeros meses de la guerra, algunos funcionarios israelíes siguieron expresando su fe en su visión de imponer un cambio de régimen en Teherán.

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David Barnea, jefe del Mosad, dijo a sus colaboradores en varias conversaciones que seguía pensando que el plan de la agencia, basado en décadas de recopilación de información y actividad operativa en Irán, tenía muchas posibilidades de triunfar si recibía la aprobación para seguir adelante.

Christiaan Triebert colaboró con investigación para este artículo.

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