28 Dec 2020 - 4:26 p. m.

El Papa le quitó el control de las finanzas del Vaticano a la Secretaría de Estado

Este es el último avance de la reforma del papa Francisco para buscar un mayor control de los activos de la Santa Sede tras los escándalos de corrupción que han sacudido a la Iglesia.

Redacción Mundo

Internacional

El papa Francisco despojó oficialmente a la Secretaría de Estado del Vaticano del control sobre los activos financieros y propiedades inmobiliarias de la Santa Sede. Esta decisión es un castigo por su mala gestión y los escándalos de corrupción en los que se ha visto involucrada en los últimos años. Hasta ahora, la Secretaría de Estado decidía sobre los fondos e inversiones de la Santa Sede.

Con el cambio, el organismo tendrá hasta el próximo 4 de febrero para transferir todas sus posesiones a la Oficina del Tesoro del Vaticano. El Ministerio de Economía supervisará de ahora en adelante todos los gastos. La Secretaría de Estado del Vaticano, conocida como la oficina más poderosa de la Santa Sede, será como cualquier otro departamento que debe proponer un presupuesto que será supervisado por otros y ya no gestionará fondos económicos.

Los escándalos de mala gestión de fondos han sacudido a la Santa Sede desde hace años, pero en 2020 en particular. En septiembre, el papa Francisco destituyó a su exjefe de gabinete, el cardenal italiano Angelo Becciu, por las acusaciones de malversación que recaían sobre él.

El cardenal Becciu, quien se desempeñaba como subsecretario de Estado del Vaticano, había gestionado la compra de una propiedad en Londres de 350 millones de euros con fondos de la Iglesia, incluyendo dinero de las limosnas. También se denunció que le habría dado dinero a sus hermanos, algo que él niega rotundamente.

Ahora, esos escándalos de corrupción le han pasado factura a la Santa Sede, pues esta se enfrenta a un déficit presupuestal que tiene al Consejo de Economía y a los miembros del Consejo de Cardenales del Papa preocupados.

El Vaticano depende de las contribuciones de las diócesis y organizaciones católicas en el mundo, pero estas se han visto ampliamente reducidas por la pandemia de coronavirus. Las colectas que se hacen en las misas dominicales, por ejemplo, se han secado por completo, pues las liturgias se han suspendido o su asistencia ha sido limitada.

En resúmen, el Vaticano está sobrecargado de personal en relación con sus recursos, por lo que lucha para cumplir sus responsabilidades nominales. En la actualidad, la Santa Sede tiene un déficit de US $60 millones. Sin embargo, la reducción en los fondos no es tan preocupante como la mala administración de estos.

Por todos los escándalos de malversación, el sumo pontífice ha llevado a cabo una gran reforma para garantizar más control y transparencia sobre los fondos del Vaticano.

En el primer semestre de 2020, el papa Francisco reformó la unidad de inteligencia financiera y lavado de dinero del Vaticano. Hubo una gran reorganización en la gobernanza.

La agencia encargada de la supervisión de los fondos fue rebautizada como Autoridad Supervisora y de Información Financiera (ASIF) que quedó con tres funciones: vigilancia, reglas y asuntos legales e información financiera, y su objetivo es prevenir y combatir el lavado de dinero y también el financiamiento del terrorismo.

Además del cardenal Becciu, el papa ha despedido a otros empleados del Vaticano involucrados en escándalos de corrupción como la compra de la mencionada propiedad en Londres.

El sumo pontífice ha cerrado sociedades de cartera que habían sido creadas para administrar fondos de inversiones del Vaticano y sus propiedades inmobiliarias en el exterior.

Emitió una ley para prohibir los conflictos de intereses y exigir procedimientos de licitación competitiva.

En diciembre creó el Consejo para el Capitalismo Inclusivo con el Vaticano, cuyo objetivo es reunir a directores ejecutivos de grandes compañías y aprovechar sus recursos para apoyar objetivos de la Iglesia como acabar la pobreza, proteger el medio ambiente y promover la igualdad de oportunidades.

Los intentos de reformas del papa Francisco han sido obstaculizados por altos miembros de la administración de la Santa Sede que se han acostumbrado a operar en sus propios feudos y se han sentido “intocables”. Sin embargo, con su más reciente decisión, el sumo pontífice ha demostrado que no piensa retroceder en su lucha por hacer de la Iglesia una institución más transparente.

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