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Desde fuera, el desafío de Mir Hossein Moussavi parece sostenerse en los cientos de miles de iraníes que protestan a diario el resultado de las recientes elecciones. Pero el verdadero respaldo a sus ambiciones presidenciales viene más de los corredores del poder que de la calle. Dos importantes redes de influencia trabajan a su favor: los círculos conservadores moderados y pragmáticos movilizados por Alí Akbar Rafsanjani y los clérigos reformistas agrupados en torno a Mohamed Khatami.
El primero es un veterano político de 75 años, considerado como uno de los hombres más poderosos de la República Islámica. Tras la revolución de 1979, fue el primer presidente del Parlamento, y luego presidió el país hasta 1997; fue derrotado por el actual presidente Mahmud Ahmadinejad en las presidenciales de 2005.
Hoy preside el Consejo de Discernimiento, un órgano de arbitrio entre el Parlamento y el Consejo de Guardianes, y la Asamblea de Expertos. Este sanedrín, formado por 86 clérigos, elige al sucesor del líder supremo cuando muere. En teoría, también podría destituirlo.
Parte de la influencia de Rafsanjani viene de su conocimiento de los secretos del Estado durante los años iniciales de la revolución, la guerra con Irak y el caso Irán-Contra (algunas fuentes lo acusan de ser el cerebro detrás del atentado a la asociación judía argentina AMIA en 1993). Otra parte proviene de su peso económico. Muchos iraníes aseguran que es el hombre más rico del país, una convicción que se reforzó cuando en 2003 la revista Forbes lo incluyó entre los hombres más ricos del mundo y lo describió como “el verdadero poder detrás del telón”.
A su familia se le atribuye un vasto imperio financiero que incluye desde propiedades inmobiliarias hasta empresas de comercio exterior, pasando por la primera aerolínea privada del país. Su principal aporte a la campaña de Moussavi es el ejército de jóvenes activistas reclutados entre los estudiantes de la Universidad Azad, la mayor del país y la única privada, en la que los Rafsanajani tienen una amplia participación.
Por otra parte, Khatami es popular entre los jóvenes. El ex presidente ha permitido a Moussavi que use su imagen en los carteles de campaña e, incluso, lo ha acompañado en algún mitin. Y, sobre todo, ha movilizado en su apoyo a la Asociación de Clérigos Combatientes, que agrupa al clero reformista y tiene una amplia red de contactos por el país.
Esa asociación pidió permiso al Ministerio del Interior para organizar hoy una nueva marcha de protesta en Teherán. Su comunicado anuncia una intervención de Moussavi y la presencia de Khatami, extremos que garantizan una gran participación. De todas formas, con o sin permiso, los partidarios del candidato opositor siguen manifestándose.