En su primera rueda de prensa desde que ganó las elecciones la semana pasada, el presidente electo de Irán, Ebrahim Raisi, dijo que no se reunirá con el presidente Joe Biden, ni negociará sobre el programa de misiles balísticos de Teherán. “Estados Unidos está obligado a levantar todas las sanciones opresivas contra Irán”, dijo Raisi.
La negativa a reunirse con Biden se da en medio de las negociaciones en Viena para salvar el acuerdo nuclear, en un momento en que Teherán está enriqueciendo uranio al 60 % de sus niveles más altos hasta ahora. Raisi dijo que Irán no permitirá “negociaciones por el simple placer de negociar (...) Debe producir resultados para la nación iraní”, afirmó.
Por su parte, el jefe de la diplomacia de la Unión Europea, Josep Borrell, consideró que no tenía “razones para creer” que, tras ser investido presidente, Raisi vaya a adoptar “una posición diferente” a la del gobierno saliente en cuanto a las negociaciones. ¿Hay acuerdos hasta ahora? Por el momento, los representantes de las potencias mundiales regresaron a sus capitales para realizar consultas tras la última ronda de negociaciones del domingo.
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El acuerdo de Viena otorga a Irán un alivio de las sanciones occidentales y de la ONU a cambio de su compromiso de no dotarse del arma atómica, y de una reducción drástica de su programa nuclear, colocado bajo estricto control de la ONU. Pero el pacto fue saboteado en 2018 por el expresidente estadounidense Donald Trump, que se retiró de él y restableció las sanciones contra Teherán que el acuerdo había permitido levantar.
Las actuales negociaciones tratan de que Estados Unidos retorne al acuerdo. La solución podría pasar por un alivio de las sanciones de Washington a cambio de que Irán aplique de forma estricta el pacto.
Por otro lado, Raisi dijo además haber “defendido siempre los derechos humanos”. Sin embargo, para la oposición en el exilio y las oenegés, el presidente electo es la encarnación de la represión, y su nombre está asociado a las ejecuciones en masa de detenidos de izquierda en 1988, aunque él niega toda participación. Raisi figura en la lista negra de responsables iraníes sancionados por Washington por “complicidad en graves violaciones de los derechos humanos”.
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Raisi criticó que “ciertos países reivindiquen los derechos humanos”, como Francia, y al mismo tiempo den “refugio” a los Muyahidines del Pueblo (MEK, en persa), un grupo de oposición islamo-marxista en el exilio cuya dirección tiene sede en París. Teherán acusa a ese grupo de haber matado a “más de 17.000” iraníes en “acciones terroristas” desde los años 1980.
De su lado, el Ministerio de Relaciones Exteriores francés afirmó haber “tomado nota” de la elección de Raisi y recordó sus “preocupaciones” por “la situación de los derechos humanos” en Irán.
Interrogado en 2018 y en 2020 sobre ejecuciones de miles de opositores en 1988, Raisi negó siempre haber desempeñado cualquier rol en ello, tal como es acusado en Occidente, pero rindió “homenaje” a la “orden” según él dada por el ayatolá Jomeini, fundador de la República islámica, de llevar a cabo esta depuración, que apuntó principalmente contra el MEK.
Raisi, que obtuvo el viernes cerca de 62 % de votos en una elección marcada por una abstención récord para una presidencial, asumirá el cargo en agosto. El futuro presidente elogió sin embargo la “masiva presencia” de la población iraní en los colegios electorales “pese a la guerra psicológica librada por los enemigos de Irán”.