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15 Dec 2011 - 10:01 p. m.

El triste ocaso de Chirac

Por primera vez en la historia de Francia, un expresidente es condenado por la justicia. Por su edad y delicado estado de salud no cumplirá tras las rejas los dos años de cárcel que le fueron impuestos.

Redacción Internacional

A pesar de que el expresidente francés Jacques Chirac (1995-2007) jamás se sentó en el banquillo en un tribunal, es el primer exmandatario en la historia de la V República en ser investigado, juzgado y condenado por la justicia. Un triste y poco digno final para una de las figuras más emblemáticas de la derecha francesa durante los últimos 40 años. Su viejo rival y callado enemigo, Valéry Giscard d’Estaing, comentó hace algunos años: “La carrera de Chirac terminará con una vergonzosa condena por corrupción”. Profecía cumplida.

Chirac fue condenado a dos años de prisión por la financiación ilegal de su partido, Reagrupamiento para la República (RPR), a través de empleos ficticios pagados por la Alcaldía de París entre 1992 y 1995.

La justicia comprobó que el antiguo alcalde de París ofreció puestos de trabajo a personalidades políticas de su partido, pagados con dinero de la Alcaldía de la capital. Se determinó que el exmandatario incurrió en varios delitos de malversación y abuso de confianza al contratar con dinero municipal a por lo menos 19 empleados fantasma que en realidad trabajaban para él o su partido. Hace algunos años, otros miembros del RPR, entre ellos Alain Juppé (actual ministro de Asuntos Exteriores), fueron condenados por los mismos hechos y otros escándalos de corrupción cometidos durante los años ochenta y noventa.

Sin embargo, Chirac está exento de cumplir la condena. A sus 79 años, el veterano político padece una enfermedad degenerativa similar al alzhéimer, llamada anosognosia, que le impide prestar testimonio sobre sucesos del pasado. Según el informe médico, presentado por sus abogados, Chirac padece “severos problemas de memoria” y comete “importantes errores de juicio y razonamiento”.

La investigación por los escándalos en la Alcaldía parisina comenzó mientras Chirac era el inquilino del Palacio del Elíseo, lugar que habitó durante 12 años. Entonces, la Constitución le ofrecía absoluta inmunidad jurídica. Cuando abandonó la presidencia, Jacques Chirac se dedicó a disfrutar de una jubilación tranquila y alejada de la política, hasta cuando la justicia reabrió el caso. Ya sin inmunidad, el expresidente negó la existencia de un “sistema” de desvío de fondos, pero también asumió toda la responsabilidad para intentar librar de una condena a sus excolaboradores y jefes de gabinete. “Yo era el alcalde, el jefe, y es a mí y sólo a mí a quien toca asumir la responsabilidad, aunque no cometí ninguna falta, ni penal ni moral”, declaró antes del juicio.

La decisión tomó a muchos por sorpresa, ya que el fiscal del caso, Michel Maes, decidió en septiembre de 2011 retirar los cargos contra el antiguo jefe del Estado y la mayoría de los imputados. Pero los tres jueces de la sala 11 del Tribunal Correccional de París consideran probados los hechos sucedidos entre 1992 y 1995 y dictaron la condena.

Para la hija adoptiva de Chirac, Anh Dao Traxel, “la justicia fue demasiado severa y trajo un gran dolor a nuestra familia”. Mientras que para su abogado Georges Kiejman, “el veredicto puede parecer decepcionante, pero creo que el tribunal ha hecho gala de moderación reconociendo las virtudes de nuestro cliente”.

Las reacciones políticas no se hicieron esperar. El presidente Nicolás Sarkozy emitió un comunicado en el que asegura que “estas circunstancias no deben hacer olvidar el compromiso de Jacques Chirac al servicio de Francia, lo que le permite y permitirá conservar todavía la estima de los franceses”.

Por su parte, el candidato socialista a la presidencia francesa en las elecciones del año próximo, François Hollande, destacó el lado humano de Chirac, al tiempo que mostró su satisfacción por la actuación judicial que impide “que se instale el sentimiento de impunidad, y lamento que haya llegado tan tarde”.

Chirac vive en París junto a su esposa, Bernadette, en un apartamento cerca del Sena, prestado por la familia del ex primer ministro libanés Rafic Hariri, una de las amistades forjadas en sus años en el poder. A pesar de los escándalos, Chirac siempre gozó de respaldo popular, algo que mantiene hoy. Según sondeos publicados después del fallo, más del 70% de los franceses lo recuerda como un buen político.

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