La Interpol está buscando a Saban Baran, de 38 años, un traficante de personas turcoalemán, que huyó de Holanda hacia Turquía el pasado fin de semana tras obtener un permiso para visitar a su familia. Considerado uno de los delincuentes más poderosos y peligrosos de su clase en Europa, cumplía una condena de más de siete años de cárcel por forzar a centenares de mujeres a prostituirse.
Según ha detallado Interpol, Baran les pegaba a sus víctimas y les tatuaba sus iniciales en el cuello para identificarlas, además de obligarlas a operarse los senos y a abortar. Aunque su negocio se centraba en Holanda, también actuaba en Alemania, Bélgica y Europa del Este.
Muchas temen por su vida y se han ocultado. “Se les prometió que estarían seguras si declaraban en su contra. Que lo encerrarían. Después de lo ocurrido, ya no confiarán más en las autoridades”, han lamentado varias ONG europeas. Mientras estuvieron cautivas, las mujeres trabajaban todos los días durante largas horas y eran controladas por un grupo de vigilantes, proxenetas y choferes.
Baran fue detenido en Alemania en 2007 y juzgado en 2008. La fiscalía tardó dos años en reunir pruebas suficientes y había recurrido la sentencia inicial. La consideraba demasiado leve. También tenía información reciente sobre un plan de fuga. De ahí que rechazara la concesión del permiso de visita.