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En las entrañas de un monstruo

Un año después, el caso sigue conmoviendo a Austria. Fritzl aceptó, sin asomo de arrepentimiento, los crímenes. Elisabeth, víctima durante 24 años de su padre, contará en un video, de 11 horas, el infierno que vivió. El argumento de la defensa ya levanta polémica. Según el abogado de Fritzl, “él sólo quería cuidar a su hija”.

Angélica Lagos Camargo

14 de marzo de 2009 - 05:00 p. m.
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A la penitenciaría de Sankt Pöelten, en Amstetten (Austria) han llegado más de 5.000 cartas en los últimos nueve meses. Todas están dirigidas a Joseph Fritzl, el hombre que mantuvo encerrada durante 24 años a su hija en el sótano de su casa y con la que tuvo siete hijos luego de reiterados abusos sexuales. “Es un monstruo degenerado”, “Es la representación viva del demonio”,  “¿Cómo puede un padre causar tanto daño a su propia hija?”, son las frases más frecuentes de estas comunicaciones.

Fritzl, quien está recluido en una pequeña celda, aislado de otros presos —por temor a que sea asesinado— ha leído algunas de estas misivas. “No parece importarle”, cuentan los guardias de la prisión. Prefiere escuchar la radio, ver televisión o salir a pasear una vez al día.

Tienen razón, a Fritzl no le importa. Según el informe psicológico que será revelado mañana cuando comience su juicio, el ‘monstruo de Amstetten‘, como fue bautizado, “no está arrepentido de haber secuestrado y violado a su hija y tampoco le preocupa lo que piensen de él”. La psiquiatra Adelheid Kastner, quien estuvo a cargo de las indagaciones psiquiátricas, determinó que este hombre de 73 años es responsable de sus actos, está en plenas facultades psíquicas para ser juzgado y en él no hay un asomo de arrepentimiento. “No le importa infligir daño a otras personas, nada lo conmueve”, dice el dictamen médico de 170 páginas.

En una entrevista concedida al periódico Austrian Magacine News, Fritzl reconoció sin pudor que fue “fantástico tener una segunda familia en el sótano”. Recordó que la primera vez que abusó de su hija fue cuando ella tenía 19 años y dice que lo hizo porque “no me pude controlar más. Era una chica rebelde y mi deseo de tenerla crecía a medida que el tiempo pasaba. Una noche no aguanté más, entré a su habitación la tiré en la cama y tuve sexo con ella”.

No fue la primera vez que Fritzl abusó de una mujer. Christine R., su cuñada, reveló a los investigadores que en 1967 este hombre fue condenado por violación. Él lo confirmó: “Golpeé en la casa de una mujer y la violé. Nací para ser un violador”, dijo el ‘carcelero de Amstetten’, de acuerdo con otro aparte del reporte psicológico.

“El examen del acusado muestra una alteración de sus preferencias sexuales y una incapacidad emocional; las graves alteraciones de su personalidad vienen derivadas de las experiencias de su infancia, marcadas por la relación con su madre”, concluyó el equipo de psicología.


Regreso a la infancia

La madre de Joseph Fritzl era una empleada doméstica que tuvo que criar sola a su hijo. “Trabajaba muy duro, siempre estuve solo y encerrado. El único momento para salir era los domingos cuando me llevaba a misa. Era muy dura, jamás me dio un beso o un abrazo”, relató Fritzl al periódico Austrian Magacine News. Y agregó, “Mi madre no me quería, sólo me tuvo para demostrarle a su único gran amor que ella no era infértil como él le reprochaba. Me pegaba y me pateaba hasta hacerme sangrar. Me decía Satanás, criminal, inútil y me prohibió tener amigos o practicar algún deporte”.

La investigación arrojó más datos. Según sus abogados, el ‘monstruo de Amstetten’ desarrolló en su infancia un deseo oculto por su madre. “Era hijo único, el hombre de la casa, y pronto me convertí en su esposo, estaba enamorado de mi madre, pero no tuvimos relaciones sexuales, porque conseguí controlar mis impulsos”, confesó Fritzl, a la revista austriaca News.

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“Pero siempre quise cobrarle lo que me hizo”, agregó el ‘carcelero’. En un edificio de su propiedad adaptó un apartamento para su mamá: selló con ladrillos las ventanas para que no entrara la luz, aseguró las puertas con seguros y le prohibió cualquier contacto con el mundo exterior. Dicen los vecinos que le pegaba, la trataba como a una esclava y no le llevaba comida. La anciana murió en 1980. “Se merecía lo que le hice”, confesó Fritzl después a los investigadores.

Después de esa muerte, su perversa mente se concentró en Elisabeth, su tercera hija. “Ella era rebelde, no me hacía caso y decidí que se merecía un castigo en mi pequeño imperio privado (el sótano)”, contó a los investigadores. Fue entonces cuando comenzó a adaptar el sótano para encerrarla. Durante cinco años planeó todo: las puertas electrónicas, la ventilación, la luz artificial. Todo.

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“Un día ya no aguanté más y mi pequeño reino estaba listo. Elisabeth bajó conmigo al sótano, la empujé, la até, ella gritó, pero nadie podía escucharla. Le dije: ‘dependerá de tu actitud que algún día vuelvas a ver la luz del sol’ ”, dijo Fritzl. Pasaron 24 años y al ‘carcelero’ nunca se le pasó por su mente sacarla de allí. “La situación se prolongó un poco, pero es que Elisabeth se volvió como una droga. Decidí que jamás nadie se enteraría de mi vida allá y que ella tuviera muchos hijos, así ya nadie la querría y los niños no crecerían solos y tristes como yo”, confesó el ‘monstruo’ a los médicos.

Lo indefendible

Versiones de prensa señalan que la defensa de Joseph Fritzl argumentará que él no cometió el secuestro llevado por la maldad. Según el acusado, su hija mantenía relaciones sexuales desde muy temprana edad y bebía y fumaba drogas y él sólo quería salvarla. “Él no es un monstruo sexual. Quería a su hija a su manera”, dijo Mayer Rudolph, el abogado que trata de mostrar que “Fritzl es un ser humano”.

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Pero frente al examen psicológico, que revela que la mente de Fritzl es un laberinto de terror, los argumentos de la defensa se vuelven en su contra. “No creo que sea malo y no me arrepiento de lo que hice. Me pongo a disposición de la psicología clínica para que investiguen mi mente”, dijo con cinismo el hombre a las autoridades.

Los testimonios de Elisabeth y sus hijos —grabados en video y cuyos apartes ya comienzan a circular— confirman que Fritzl sabía perfectamente lo que hacía. En la grabación de Elisabeth, que será presentada mañana en la fiscalía Sankt Pölteo, y que tiene una duración de 11 horas, ella relata cómo su padre la agredió desde los 11 años.

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“Intenté rechazar el ataque peleando y gritando”, dice la mujer, de 42 años. También cuenta cómo después de estar atada y ser torturada por su padre, intentó siempre “complacerlo” para así resguardar a los niños de los abusos. “No intentamos escapar, porque nos dijo que moriríamos electrocutados si pasábamos la puerta”.

Fuera del sótano, el electricista llevaba una vida cómoda. Vivía con su esposa, Rosemarie, y sus siete hijos (cinco mujeres y dos hombres). Su posición económica era buena. En las oficinas de registro de Austria, Fritzl aparece como propietario único de seis bienes inmuebles, repartidos en varias localidades de Baja Austria. En la lista figuran la casa familiar, tres edificios con numerosos apartamentos y locales comerciales, otra casa y un terreno, por un valor estimado de unos 2.2 millones de euros. A pesar de esto, pasaron meses en que Elisabeth no recibió comida y según cuentan los inquilinos, Fritzl les robaba comida y les cobraba más de lo autorizado.

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Elisabeth exculpó a su madre de su cautiverio y de los abusos que sufrió, asegurando que ella no sabía nada. Pero el periódico austriaco Österreich critica a la sociedad y se pregunta, “¿Cómo pudimos cerrar los ojos?”.


El estado actual de la familia

Elisabeth  y dos de  sus hijos, Stefan, de 18 años, y Felix, de 5, fueron fotografiados por un ‘paparazzi’ del diario ‘The Sun’, lejos de Amstetten. Según las autoridades, están tratando de rehacer sus vidas en otro lugar y con otras identidades, bajo supervisión médica. La mayor de sus hijas, Kerstin, de 19 años y por quien se conoció todo el horror cuando llegó a la clínica muy enferma, sigue en estado de coma. Según el periódico ‘News’ también habría sido violada por su padre.  Esto no lo han confirmado los médicos y Joseph Fritzl lo niega.

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Rosemarie, la mamá de Elisabeth, dos de sus hermanos y tres de sus hijos-hermanos (Lisa, Monika y Alex), siguen viviendo en la casa en donde ocurrieron los horrores. Cuentan que van con frecuencia al psicólogo y tienen vigilancia especial para mantener a los curiosos alejados.

Así vivirá Amstetten el juicio del siglo

El caso de encierro e incesto de Joseph Fritzl, destapado en abril del año pasado,  llega ahora a un tribunal de la pequeña ciudad de Sankt Pölten. El acusado se enfrenta a una pena de cadena perpetua. Las autoridades austríacas han restringido el acceso de la prensa a la sala a dos únicos momentos: la lectura del pliego de acusación, mañana, y para la lectura del veredicto, el 22 de marzo. Mientras tanto, los 200 periodistas acreditados para cubrir el “juicio del siglo” tendrán que buscar otras fuentes de información. Por el momento, la vigilancia sobre los ocho miembros del jurado será total para evitar que tengan contacto alguno con la prensa. Las medidas de seguridad son tales que 100 agentes, frente a 95 periodistas admitidos en la sala, vigilarán el desarrollo del proceso. Los accesos a los juzgados fueron cortados e incluso se decretó el cierre del espacio aéreo en un radio de un kilómetro en Sankt Pölten.

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El pliego de cargos contra Fritzl

El cargo más grave que se le imputa a Fritzl es el de asesinato. La acusación argumenta que en 1996 el acusado habría dejado morir a un recién nacido fruto de la relación incestuosa con su hija. Por este cargo podría ser condenado a cadena perpetua. Por la segunda acusación, esclavitud, se le podría condenar a 15 años tras las rejas. Por abuso sexual, a 22 años. El delito de   privación de libertad en contra de su hija y de sus hijos-nietos es penado con 30 años de cárcel. “No me da miedo morirme en prisión, creo que ese será mi destino”, aseguró Fritzl.

Por Angélica Lagos Camargo

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