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En Líbano, los estudiantes también libran una guerra política

Los estudiantes libaneses de bachillerato ganaron una batalla legal contra el gobierno en medio de la guerra de Hezbolá contra Israel. Muchos de ellos dicen que no pudieron estudiar durante el año por el peligro de ir a sus instituciones, la falta de electricidad en sus hogares y, en muchos casos, la ausencia de un hogar al cual regresar, destruido por las bombas del país vecino. Sin embargo, la ministra de educación sostiene que esta protesta fue parte de “partidos populistas” para crear más resistencia interna.

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Alana Barguil
03 de julio de 2026 - 11:00 p. m.
Jóvenes se manifiestan en la capital libanesa a favor de la cancelación de exámenes finales, en medio de la inestabilidad y la guerra que ha afectado su año escolar - 25/06/2026 Foto: Alana Barguil.
Jóvenes se manifiestan en la capital libanesa a favor de la cancelación de exámenes finales, en medio de la inestabilidad y la guerra que ha afectado su año escolar - 25/06/2026 Foto: Alana Barguil.
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La guerra entre Israel y Hezbolá en Líbano sigue activamente afectando a la población, hoy en particular a la juventud y su educación. Decenas de estudiantes de bachillerato del sur del país, desplazados de sus hogares hacia Beirut, se han manifestado con banderas, micrófonos, carteles y consignas en contra del gabinete libanés, para después celebrar la aprobación de la cancelación de los exámenes de fin de año.

Alex Hoteit, de 19 años, dice que la situación que ellos enfrentan como juventud es “realmente injusta”. “La gente no tuvo oportunidad de estudiar, sus familias murieron, muchos edificios fueron bombardeados y ahora muchos viven en la calle, personas que yo conozco”. Este joven, residente de Dahieh —el sector mayoritariamente chiita de Beirut y donde están la mayoría de cuarteles de Hezbolá—, fue directamente afectado por los bombardeos israelíes. Dice que en los últimos dos meses no ha podido regresar a estudiar y que solo quiere continuar el próximo año sin obstáculos.

Fueron alrededor de doscientas cincuenta personas de entre 17 y 19 años, varios de ellos entre las 810.000 personas desplazadas de sus hogares desde el 2 de febrero, equivalente al 20 % de la población nacional, según las estadísticas de la Unidad de Gestion de Riesgos de Desastres libanesa. Junto a estudiantes universitarios solidarios con la causa, se tomaron durante toda la mañana y parte de la tarde del 25 de junio la plaza Riad Al Solh, en el centro de la ciudad.

Protestaban contra la intención del Ministerio de Educación de llevar a cabo los exámenes finales del año escolar. Su argumento: muchos tuvieron que abandonar sus pueblos y sus casas, destruidas por bombas israelíes, sin las herramientas necesarias para estudiar a distancia, y cargando con un trauma colectivo tejido de muertes y miedo constante. Muchos aseguran que no tuvieron un año académico adecuado para prepararse para el examen final que los llevaría al siguiente curso o a la entrada a la universidad. Tampoco quieren repetir un año tomando en cuenta las circunstancias.

La protesta apuntó específicamente contra la ministra de Educación, Rima Karami, quien previamente había insistido en que los estudiantes y el programa académico debían llevarse a cabo con normalidad, sin cambios de fechas ni arreglos especiales para la promoción 2025–2026, una generación que alcanza su madurez legal en medio de una guerra.

La ministra confirmó más tarde, en un comunicado del jueves en la tarde, que el Gabinete había “decidido eximir a los estudiantes de los exámenes oficiales de bachillerato para el certificado escolar y el bachillerato técnico, basándose en cambio en las calificaciones escolares”. Los manifestantes celebraron con fuerza frente al parlamento al conocer el veredicto.

En rueda de prensa, Karami aceptó que “es evidente, dadas las circunstancias excepcionales del país, que las autoridades de seguridad y militares no pueden garantizar que los exámenes oficiales se lleven a cabo de forma segura en todo el territorio”. Agregó que se tomó la decisión que se lleva esperando más de un mes, ahora, ya que “no se podría seguir demorando ni esperando, porque los estudiantes, sus padres y las universidades necesitan claridad”.

Sin embargo, la ministra se mostró visiblemente molesta por la decisión del gabinete y lamentó que la cancelación de los exámenes de bachillerato pudiera haber sido influenciada por “la movilización populista de ciertos partidos que convirtieron el debate educativo en una controversia política, provocando una ola de simpatía” hacia la cancelación.

Esta lectura la comparte también un activista y propietario de bienes raíces en Beirut, de apellido Chebli, quien sigue de cerca la política de su ciudad. Según él, estos estudiantes —de los cuales cinco de los seis entrevistados para este artículo son chiitas, al igual que la mayoría de los civiles del sur y la frontera con Israel— “lamentablemente forman parte de una agenda de Hezbolá”, quizás sin ser plenamente conscientes de ello. Dice que presionar al gobierno libanés por todos los frentes posibles es el objetivo del grupo, y que los jóvenes son especialmente vulnerables a esa lógica: “Aprovechan a los jóvenes para ejercer esa presión”, dice, ya que sin tomar armas ni recurrir a la violencia, generan fricción suficiente para que cada decisión interna tenga un eco de desacuerdo.

Sin embargo, los jóvenes comparten sus indudables historias de lucha y supervivencia. Noah Aiel, de 18 años, señala que no solo la región del sur, Nabatieh y Dahieh, han sido golpeadas por los ataques israelíes, sino prácticamente todo el país. “Yo soy de Byblos [centro norte de Líbano] En mi casa no tenemos wifi y solo contamos con tres horas de electricidad al día. Incluso si quisiera estudiar desde mi casa, no tendría como ni a qué conectarme”. Sobre la gestión del gobierno en este asunto, dice estar “avergonzado de sus políticos” porque escuchan poco a los estudiantes, y nadie se va a beneficiar de malos resultados. Incluso, entre los estudiantes afectados circula el rumor de que Karami estaría recibiendo incentivos económicos externos —por debajo de la mesa— para mantener los exámenes y, con ello, seguir obstruyendo el funcionamiento del sistema educativo.

“El gobierno no está manejando la guerra para nada porque no tiene la capacidad para enfrentarse a Israel, no tiene la fuerza militar. Hezbolá es el que de alguna manera está haciendo ese trabajo de protegernos”, afirma.

Otro grupo de jóvenes chiitas discute lo que el gobierno podría hacer por ellos si “verdaderamente tuviera interés en la juventud”. Mencionan que, además de la cancelación de los exámenes —decisión que esa tarde resultó favorable—, podrían recibir dinero, casas o lugares donde vivir mientras estudian. Sin embargo, también reconocen que el gobierno no tiene la situación económica para llevarlo a cabo, lo cual “es un problema al cual no le encuentro solución”, opina Ahmed Daher, de 18 años, refugiado en Beirut después de que Israel bombardeara su casa en la región de Nabatieh. Hoy su familia se hospeda en casa de un amigo de su padre. “El gobierno nos está abandonando y está abandonando a la resistencia [Hezbolá]. La resistencia debe ser libre para operar sin cuestionamientos del gobierno, porque son los únicos que hacen algo”.

Aunque una parte de los estudiantes simpatiza con el despliegue militar de Hezbolá ante la incapacidad del Gobierno para proteger diversos sectores del país, reducir su movilización, su protesta, a una simple pieza en el tablero político de esta organización ignora la lucha por la supervivencia que cargan a diario.

Por otro lado, el Sindicato de Docentes también se expresó mediante un comunicado criticando “lo que presenciaron algunas plazas de Beirut, donde se celebró la decisión de cancelar los exámenes oficiales, después de que se hiciera imposible realizarlos por las razones expuestas por la ministra de Educación y Educación Superior, Dra. Rima Karami”. Argumentaron que se puso a la opinión pública frente a una realidad educativa, administrativa y de seguridad “que no puede ser ignorada”. Consideraron la protesta estudiantil ”una escena lamentable y humillante para la educación libanesa”.

Este movimiento estudiantil y charlas dentro del gobierno se dieron desde hace más de un mes, pero se vieron potencializadas desde el 2 de junio, cuando un ataque de dron israelí terminó con la vida de Theodossia, Tony y James Karam en Nabatieh al sur del país. Theodossia, de 20 años, regresaba a su pueblo tras terminar sus exámenes en Beirut. Su muerte, ocurrida en el trayecto de vuelta a casa, es el recordatorio más amargo de que, en el Líbano actual, cualquier esfuerzo por movilizarse para acceder a la educación y completar la formación profesional termina, muchas veces, confrontándose con un peligro mortal.

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Alana Barguil

Por Alana Barguil

Historiadora y periodista en formación de la Universidad Javeriana. abarguil@elespectador.com
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