A las 4:27 p. m., en cuestión de segundos, todo empezó a sacudirse con brusquedad en Kumamoto, en la isla de Kyushu, Japón. Diecisiete minutos después del primer sismo —de magnitud preliminar 7,1— el presentador Atsushi Yoshioka, del medio local NHK, inició su transmisión habitual en vivo. Esta vez llevaba casco de seguridad y lanzó un llamado a la calma a una población que conoce a la perfección ese sentimiento. “Creo que algunos de ustedes recuerdan el terremoto de Kumamoto. Los temblores continúan y, como me ocurre a mí, puede que algunos sientan palpitaciones que no cesan. Por favor, respiren profundamente y mantengan la calma”, narró.
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El periodista relató que, cuando ocurrió el terremoto, la sacudida fue tan fuerte, que no pudo ponerse de pie. A causa del pánico y de la reacción nerviosa, su cuerpo no actuó con rapidez, por lo que pidió comprensión y serenidad entre los televidentes. Muchos sintonizaron el programa buscando explicaciones y respuestas sobre el sismo que obligó a cientos de miles de personas a evacuar y provocó el derrumbe de varios inmuebles, incluido un centro comercial donde hay personas desaparecidas. Mientras miles de personas intentaban entender la magnitud del desastre, la emergencia se extendía por toda la prefectura. Cientos de miles de habitantes recibieron instrucciones de evacuación y comenzaron a conocerse los primeros reportes de edificios derrumbados, incendios y personas atrapadas.
La Agencia Meteorológica de Japón señaló que el temblor tuvo una magnitud preliminar de 7,1 y se originó a poco más de 10 kilómetros de profundidad. El epicentro se localizó a unos 19 kilómetros al sur de Kumamoto, la principal ciudad de la isla de Kyushu, donde viven cerca de 700.000 personas. Las autoridades informaron que el sismo alcanzó uno de los niveles más altos de la escala japonesa de intensidad sísmica.
Con el paso de las horas el alcance de los daños empezó a hacerse evidente. Las autoridades confirmaron derrumbes de estructuras, afectaciones en carreteras, incendios y cortes en los servicios básicos. Cerca de 45.000 hogares e instalaciones permanecieron sin suministro eléctrico, aunque la empresa Kyushu Electric Power aseguró que los tres reactores nucleares de la región continuaban funcionando con normalidad.
La cadena pública NHK informó que al menos una persona murió tras el terremoto, mientras que dos hospitales de la prefectura atendieron a más de 80 heridos cada uno. El personal médico explicó que la mayoría de los pacientes presentaban quemaduras y fracturas provocadas por derrumbes de estructuras, mientras las ambulancias continuaban trasladando a nuevos lesionados a los centros de salud.
Chiharu Hara, una reclutadora de 35 años que estaba de viaje de trabajo en la prefectura, contó a la AFP que el movimiento fue intenso y prolongado, y le generó un profundo temor. Mientras se encontraba en las oficinas de un cliente, el edificio se sacudió con fuerza; aunque no cayeron objetos del techo, la estructura se balanceó violentamente y por un momento pensó que podía colapsar. “Todos entraron en pánico”, recordó.
Aunque el temblor duró alrededor de 30 segundos, el pánico y las ruinas que dejó persisten. En el centro comercial Aeon Mall Kumamoto, compradores quedaron atrapados por el colapso parcial del inmueble y luego por una explosión cuya causa aún se investiga. Las autoridades informaron que varias personas podrían haber quedado atrapadas tras ese estallido y que algunas habrían resultado heridas.
Según la Agencia de Gestión de Incendios y Desastres, la explosión ocurrió en el Aeon Mall de la localidad de Kashima, después de que personal y clientes fueran evacuados por el sismo. El hecho provocó el colapso del segundo piso; también se desplomaron partes del techo y de las paredes, lo que dejó al descubierto la estructura metálica y esparció escombros alrededor.
Un comerciante de 44 años, dueño de una peluquería cercana, dijo a Kyodo que escuchó un estruendo comparable con el choque de un vehículo pesado. Instantes después vio una gran columna de humo blanco elevarse desde el lugar. Una adolescente que grabó un video relató que logró salir del centro comercial antes de la explosión; estaba cerca de una salida y evacuó junto con el resto de las personas. Dijo que no escuchó instrucciones del personal durante la evacuación y que empleados y clientes estaban confundidos y nerviosos.
En NHK, el profesor Kazunori Kuwana, experto en incendios y explosiones de la Universidad de Ciencias de Tokio, afirmó que las imágenes muestran paredes, columnas y otros elementos estructurales destrozados y dispersos, lo que indica una explosión de gran intensidad. Aunque advirtió que aún es pronto para determinar la causa exacta, explicó que el fuerte terremoto pudo haber dañado instalaciones de gas, provocando una fuga que, acumulada en espacios cerrados, habría sido ignitada por alguna fuente y desencadenado la explosión.
La incertidumbre sobre el bienestar de quienes quedaron atrapados aumentó con el pánico tras la explosión. Preguntas sobre si se podrá identificar a las personas afectadas, si las llamas borraron pistas sobre su identidad y cuántos siguen bajo los escombros generan una angustia palpable en la región.
Un portavoz de una de las tiendas afectadas en el segundo piso informó que la empresa había intentado contactar a sus empleados para confirmar su estado, sin lograr comunicarse en un primer momento. Reportes apuntan a personas posiblemente atrapadas después de la explosión, y la compañía espera información sobre su personal.
La tragedia se extendió también a la planta de Nippon Paper Industries, en la ciudad de Yatsushiro. La fábrica sufrió graves daños, entre ellos el colapso de una chimenea. Bomberos locales informaron que, hasta las 10:00 p. m. (hora local), al menos nueve personas permanecían atrapadas y a la espera de ser rescatadas bajo los escombros. Las autoridades informaron además que dos personas fueron encontradas en paro cardiorrespiratorio en esa planta y que otras nueve continúan desaparecidas; los trabajos de búsqueda y rescate siguen en marcha.
El terremoto también dejó daños en uno de los símbolos históricos de la región. El castillo de Kumamoto, una de las fortalezas más antiguas, imponentes y reconocidas de Japón, sufrió afectaciones tras el movimiento. Imágenes difundidas después del sismo mostraron el derrumbe parcial de uno de sus muros de piedra, mientras grandes bloques de roca se desprendieron de la estructura centenaria y cayeron al suelo.
La fuerza del terremoto también paralizó la movilidad en la zona. Los servicios ferroviarios fueron suspendidos en varias líneas durante el resto de la jornada, mientras el aeropuerto de Kumamoto canceló todos los vuelos programados para ese día. Las autoridades aeroportuarias indicaron que esperaban reanudar las operaciones el miércoles, aunque recomendaron a los pasajeros consultar el estado de sus vuelos antes de viajar.
Este, sin embargo, no es el primer terremoto ni el más grave que han enfrentado los habitantes de Kumamoto. Japón es uno de los países con mayor actividad sísmica del planeta debido a su ubicación sobre el Cinturón de Fuego del Pacífico, una zona donde convergen varias placas tectónicas y se concentra gran parte de los terremotos y erupciones volcánicas del mundo. Allí, los movimientos telúricos forman parte de la vida cotidiana de una población acostumbrada a convivir con la amenaza constante de nuevos eventos.
Ante esta realidad, Japón ha construido uno de los sistemas de prevención y respuesta sísmica más avanzados del mundo. Tras el terremoto y tsunami de 2011, se reforzaron sus mecanismos de monitoreo, evacuación y rescate.
La primera ministra, Sanae Takaichi, anunció el despliegue de 300 miembros de las Fuerzas de Autodefensa japonesas hacia la zona afectada por el terremoto de Kumamoto y aseguró que el gobierno daría “la máxima prioridad” a salvar vidas y apoyar las labores de rescate dirigidas por policías y bomberos locales. Las autoridades también advirtieron que nuevos temblores de intensidad similar podrían continuar durante aproximadamente una semana.
Con el paso de las horas el número de efectivos enviados a la región aumentó, mientras los equipos de emergencia evaluaban daños en carreteras, puentes y edificios, además de los cortes eléctricos e incendios registrados tras el sismo.
Uno de los pilares de la preparación japonesa es su sistema nacional de alerta temprana, conocido como J-Alert o EEW (Earthquake Early Warning). Miles de sensores distribuidos por todo el territorio —más de 4.200 sismómetros— detectan las primeras ondas generadas por un terremoto y permiten enviar avisos segundos antes de que lleguen las ondas más destructivas. Ese breve margen puede ser decisivo: permite que las personas busquen refugio, que los trenes reduzcan su velocidad o se detengan y que industrias y servicios esenciales activen protocolos de emergencia.
Después del terremoto de 2011, Japón reforzó su monitoreo sísmico con la Red de Observación del Fondo Marino para Terremotos y Tsunamis (S-Net), un sistema de sensores submarinos para vigilar movimientos tectónicos. Además, fortaleció sus normas de construcción antisísmica y su cultura de prevención con simulacros, suministros de emergencia y sistemas de alerta.
Aun así, el sistema no es infalible. La historia reciente del país ha demostrado que incluso la mayor preparación puede verse superada por fenómenos extremos.
Uno de los episodios más devastadores para Kumamoto ocurrió años después, en 2016, cuando una serie de terremotos sacudió la prefectura y dejó cerca de 300 personas fallecidas. Además, alrededor del 20 % de los terremotos de magnitud 6,0 o superior registrados en el mundo tienen lugar en territorio japonés.
El paisaje que dejó el último sismo —columnas retorcidas, vigas expuestas, escaparates hechos añicos y humo elevándose todavía sobre el Aeon Mall— no solo retrata la dimensión de la catástrofe, sino también la fragilidad de un instante en el que la vida cotidiana se quebró sin previo aviso. A pesar de la preparación, el sismo dejó comunidades sumidas en la incertidumbre.
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