
Un hombre sostiene una bandera iraní entre los escombros de un edificio destruido tras los bombardeos en el centro de Teherán el 4 de marzo de 2026.
Foto: AFP - -
En Irán y en el Líbano, la guerra irrumpió con el estruendo de una bomba, pero se sostiene en los sentimientos de confusión y miedo que emergen del humo. Los ciudadanos habitan ahora una realidad alterada, donde ya no basta con decir “estoy triste, feliz, asustado o preocupado”: las emociones se entremezclan, se congelan y se difuminan en un torbellino indefinido.
En este contexto, la esperanza deja de ser la expectativa de que pase algo bueno y se reduce a un mero deseo de sobrevivir, de atravesar un día más sin que el conflicto se lleve a un...

Por Laura Henao Arévalo
Periodista de la Pontificia Universidad Javeriana. Actualmente integra la sección internacional, donde cubre y analiza conflictos globales con un enfoque en género y derechos humanos.@lauraaahenaolhenao@elespectador.com
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