Manchas de sangre que se observan desde el espacio, cadáveres agrupados en las calles, más de 11 millones de desplazados internos y sufrimiento cotidiano. Mohamed Hamdan Dagalo, conocido como Hemedti, es uno de los protagonistas de esta masacre. Él es el líder de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), el grupo paramilitar involucrado en la guerra en Sudán, detonada en 2023.
Aunque este país sufre la mayor crisis humanitaria a nivel mundial actualmente, la violencia contra la población sudanesa no se inició en 2023. Tiene años de historia en la que, por supuesto, Hemedti tampoco ha estado solo. El general Abdel Fattah al-Burhan, que lidera el ejército sudanés y se disputa el poder con las FAR, también es partícipe en este cruento contexto que, hasta el día de hoy, no parece tener una solución cercana.
Como contexto, hay que recordar que a finales de octubre las FAR capturaron la ciudad de El Fasher, la cual era el último territorio en la región sudanesa de Darfur controlada por el ejército sudanés.
Esta estratégica ofensiva arrebató la vida de más de 2.000 civiles desarmados en tan solo dos días. Las FAR son acusadas de ser los responsables de aquel exterminio, según las Fuerzas Conjuntas, una coalición de grupos armados aliados del ejército de Sudán.
En dos años de guerra los cálculos sobre las víctimas fatales son diversos: desde los más conservadores, que hablan de unos 20.000 muertos hasta otros que hablan incluso de 150.000.
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Hemedti: “el señor de la guerra”
Hemedti afirmó haber nacido en Sudán al rededor de 1974, no obstante, medios como BBC Mundo aseguran que “se crio en un clan árabe en Chad“ y luego su familia emigró a la región de Darfur.
El líder de las FAR creció en la tribu Rizeigat. Esta era conocida por la cría de camellos y el comercio, actividad a la que Hemedti se dedicó tras abandonar la escuela en tercer grado.
Según Al Jazeera, este hombre decidió tomar las armas tras el asesinato de 60 de sus familiares, ocurrido cuando un grupo de hombres atacó a su enviado comercial y robó sus camellos.
Antes de pertenecer a las FAR, Hemedti se unió a los Janjaweed, un grupo de milicias árabes compuestas por tribus enfocadas en el mismo ámbito de los Rizeigat.
Mientras escalaba puestos en el grupo, Hemedti terminó llamando la atención de Omar al-Bashir, el expresidente sudanés que tomó el poder en 1989.
El entonces joven árabe se convirtió en un aliado político cercano a Bashir y en 2013, bajo su liderazgo, se formaron las FAR.
Pero la lealtad de Hemedti flaqueó: en 2019 se alió con el ejército sudanés tras fuertes olas de protestas en el país. En esa época pidió al gobierno que diera “servicios y una vida decente al pueblo”.
No obstante, en aquel año, las dos facciones militares que ahora encabezan la guerra detonada en 2023, derrocaron a Bashir. Luego, por constantes tensiones por el poder en Sudán, entre el ejército sudanés y las FAR, se inició la guerra hoy conocida.
Un historial sanguinario
En el periodo liderado por Bashir, también llamado como “el carnicero de Darfur”, según el medio El Político, se dio uno de los conflictos armados más graves en Darfur en los 2000, que fue catalogado como genocidio por la Corte Penal Internacional.
De hecho, las milicias Janjaweed fueron acusadas por “cabalgar en sus caballos y camellos en las aldeas matando a hombres, violando mujeres y robando cuanto encontraban”, según contó Al Jazeera.
Por su parte, las FAR están señaladas de cometer crímenes de lesa humanidad, según la Oficina del Alto Comisionado de Derechos Humanos en la ONU.
Cada uno de los crímenes tiene la cabeza líder de las atrocidades y este es: Mohamed Hamdan Dagalo, o Hemedti.
La riqueza en medio de la guerra
Hemedti ha sido catalogado como uno de los hombres más ricos de Sudán. Después de una infancia con bajos recursos su poder militar lo llevó a tomar el control de las minas de oro.
Esto impulsó el dominio de las FAR, pues el oro se transformó en la principal fuente de ingreso para la milicia.
Este metal precioso se ha convertido en “un catalizador de la pobreza” en Sudán, como apunta El País. “Aunque la industria del oro no explica por sí sola la depauperación de Sudán, la lucha por su explotación incendia el actual conflicto”, recalcó el medio.
El oro, a su vez, ha generado interés en varios actores internacionales. Entre estos surge Emiratos Árabes Unidos, acusado de patrocinar a Hemedti.
Es más, una investigación reciente publicada por la organización The Sentry reveló la existencia de supuestos vínculos entre Ahmed Mohamed Al Humairi, secretario general del Tribunal Presidencial de los Emiratos Árabes Unidos, y Mohamed Hamdan Alzaabi, propietario de la empresa Global Security Services Group, firma que habría contratado desde por lo menos 2014 a exmilitares colombianos como mercenarios para entrenar niños y apoyar a las FAR.
Este clase de respaldo habría favorecido la financiación y, por ende, prolongación de la guerra.
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