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“Tengo que conseguir un nuevo celular, el mío me lo robaron”, dice Edda Virginia Manga, la colombiana nacionalizada sueca que iba a bordo del Mavi Marmara, el buque de mayor tamaño de la flota de seis embarcaciones que llevaba ayuda humanitaria a la Franja de Gaza. El teléfono no se lo robaron camino a la universidad de Uppsala, en Gotemburgo, donde es profesora de historia de las ideas. Está en manos del ejército israelí, junto a todos los computadores, cámaras fotográficas, teléfonos, filmadoras y tarjetas de memoria que llevaban los pasajeros del buque. “Ellos saben que tienen el control de las imágenes y mostrarán lo que quieran”.
¿Cómo comienza usted a involucrarse con en el problema palestino?
En mi familia estábamos interesados en el drama de los palestinos. Creíamos que después de la operación ‘Plomo Fundido’, hace un año, se iban a levantar las restricciones a la entrada de alimentos y medicinas a Gaza. El Estado de Israel decidió prohibir la entrada de materiales, como cemento y ladrillos, e impidió que una zona devastada intentara reconstruirse. Free Gaza Suecia nació de un grupo de gente convencida de que además de protestar había que hacerles llegar a los palestinos las cosas que necesitaban. Cuando mi esposo, Mattias Gardell, y yo escuchamos que varias organizaciones intentaban hacer llegar ayuda por vía marítima, decidimos hacer parte de esa iniciativa.
¿Existía una financiación general para el proyecto?
No. Cada seccional de las ONG aportaba lo que podía, y conseguí el dinero necesario. Hicimos conciertos, vendimos, por ejemplo, millas simbólicas del viaje y recibimos donaciones de particulares. Al final, como vimos que era imposible tener un barco sólo para nosotros, nos unimos con Free Gaza Grecia.
¿Qué tipo de carga se transportaba en los barcos?
De parte de las seccionales de Free Gaza de Grecia y Suecia había máquinas para tratamiento de agua y sillas de ruedas eléctricas.
El gobierno de Israel había anunciado que no permitiría que ningún barco penetrará el bloqueo. ¿Temían un ataque?
Íbamos en seis barcos con material exclusivamente humanitario y alrededor de seiscientas personas, entre ellas, miembros del parlamento israelí y alemán, un obispo de Jerusalén y varios ex diplomáticos extranjeros. En total había personas de 32 nacionalidades, y nuestro barco parecía demasiado alto para que lo abordaran desde el agua. Jamás pensamos que lo hicieran, y menos de una manera tan violenta.
¿El ejército israelí les hizo alguna advertencia en el camino?
Avisaron a nuestros cónsules para que nos dieran la orden de detenernos. Los seis barcos navegábamos en línea para protegernos y en un momento tuvimos dos barcos israelíes a cada lado y uno tras nosotros. Luego se comunicaron por radio diciendo que amenazábamos la seguridad de Israel. No hubo más mensajes.
Usted estuvo posteando en su blog a lo largo del viaje. La última anotación la hizo momentos antes del ataque.
Yo estaba en una sala de prensa que se había acondicionado en el barco, había periodistas de Al-Jazeera y The Herald Tribune, entre otros medios. Como a las tres de la mañana vimos algo que nos filmaba. Luego nuestro capitán dijo que veía en el radar cinco barcos que se acercaban.
¿Cómo fue la toma?
Los helicópteros llegaron. Desde la sala de prensa podíamos ver a los soldados apuntando con sus armas. Primero mirábamos por la ventana, hasta que un compañero entró y me dijo: “Tírate al suelo, porque están tirando balas y mataron a dos personas”. Escuchamos más disparos y luego alcanzamos a ver a algunos de los turcos tratando de movilizar personas heridas. El sistema de radio interno decía a los soldados israelíes que nos permitieran atender a los heridos, que no ofrecíamos ninguna resistencia.
Usted dijo que la favoreció su pasaporte europeo.
A los que teníamos pasaportes europeos nos sentaron primero en sillas en cubierta. A los turcos, que eran la mayoría, los hicieron arrodillar en el suelo con las manos atadas. Si alguno protestaba le ponían una capucha, si seguía protestando se lo llevaban aparte y lo golpeaban.
¿Cómo fueron las condiciones de su detención?
Nos querían hacer firmar documentos donde decía que admitíamos haber entrado ilegalmente al país. Yo dije: “Claro, pero porque ustedes me trajeron ilegalmente. Estoy secuestrada y no reconozco su jurisdicción”. Pasamos la noche en el puerto, en celdas. Al día siguiente nos llevaron en buses casi sin ventanas a otro comisariato. Terminé por firmar.
¿Nunca tuvieron asistencia jurídica?
Gracias a un recurso que los cónsules suecos presentaron, permitieron a los abogados vernos por unos minutos. Nos dijeron que la situación estaba muy caliente, que lo mejor era que fuéramos dóciles para que nos deportaran rápido, porque en Israel estábamos en peligro.
El Estado israelí afirma que entre los miembros de la flotilla y las organizaciones que la apoyaban hay fundamentalistas musulmanes.
Es cierto que el IHH es una organización humanitaria de base religiosa. En los barcos había musulmanes, católicos y protestantes. También laicos y ateos, y todos trabajábamos juntos sin ningún problema. Es más, cuando los soldados israelíes nos humillaban, los musulmanes demostraban una calma de la que éramos incapaces los europeos, que nos indignábamos y gritábamos. Cuando pienso que a esas personas arrodilladas y pacíficas el gobierno israelí las llama terroristas, me da risa.
Ahora que ha podido regresar, ¿cuál es su balance de la operación?
Creo que la gran lección es que cuando uno de los ejércitos más poderosos del mundo ataca sin piedad a un grupo de civiles desarmados, no muestra fuerza, sino debilidad.