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Hambre en Afganistán: afganos venden sus riñones para alimentar a sus familias

En casi todos los países desarrollados la venta de órganos está prohibida. Sin embargo, en Afganistán no hay regulación al respecto. No obstante, los talibanes ya crearon un comité para investigar estas operaciones.

Agencia AFP

28 de febrero de 2022 - 04:44 p. m.
Hombres afganos en la provincia de Herat, quienes han vendido sus riñones en los últimos cuatro años, posan para mostrar las cicatrices, que les dejó la operación.
Foto: Agencia AFP
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Al igual que muchos otros afganos, a Nooruddin, quien estaba desempleado y agobiado por las deudas, no le quedó otra opción: para alimentar a su familia, amenazada por el hambre, vendió uno de sus riñones. Esta práctica es corriente en la región de Herat, ciudad del oeste de Afganistán. De hecho, una localidad vecina se ha ganado el triste apodo del “pueblo con un solo riñón”.

“No me quedaba otra opción. Debía hacerlo por el porvenir de mis hijos”, le explicó a la AFP Nooruddin, quien vive en el barrio más pobre de Herat, cercano a la frontera con Irán.

Desde que los talibanes regresaran al poder, en agosto pasado, Afganistán está sumido en una profunda crisis económica, empeorando una situación humanitaria desesperante de por sí, tras cuatro décadas de conflictos y recientes sequías.

Por otro lado, los activos afganos en el exterior están congelados y la ayuda internacional, que financiaba casi un 75 % del presupuesto del país, está retornando lentamente tras haber sido interrumpida. Según la ONU, casi 23 millones de afganos, lo que equivale al 55 % de la población, están padeciendo hambre extrema durante este invierno. De hecho, nueve millones de personas están en riesgo de alcanzar niveles críticos de hambruna en el país, según datos del Programa Mundial de Alimentos (WFP)

A Nooruddin, quien tiene 32 años, la crisis lo ha golpeado duramente tras haber abandonado su empleo de operario en una fábrica, lo que coincidió con el regreso de los talibanes al poder. Su salario mensual se redujo a 3.000 afganis, lo que equivale a 32 dólares. Cuando renunció, esperaba encontrar un mejor trabajo. Sin embargo, no ha podido lograrlo, ya que la tasa de desempleo en el país incrementó. Entonces, para poder cubrir las necesidades de su esposa y sus cuatro hijos decidió vender un riñón.

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Soluciones al hambre a corto plazo

Esta venta de su riñón, fue una solución a corto plazo, ya que el dinero se fue rápidamente, y le trajo duras consecuencias. De acuerdo con este hombre “ahora me arrepiento. No puedo trabajar. Siento dolores y no puedo casi levantar peso”. Nooruddin es uno más de las personas que vendieron un riñón para mantener a su familia, algunos por apenas 1.500 dólares.

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Nooruddin y su familia ahora dependen del dinero que obtenga el mayor de sus hijos, quien tiene 12 años y trabaja lustrando zapatos por las calles, ganándose menos de un dólar al día.

De acuerdo con el cirujano de uno de los hospitales de Herat, solo hay dos, Mohamad Bassir Osmani, se han realizado centenares de operaciones de este tipo en los últimos cinco años, y allí es donde se practican la mayoría de los trasplantes. Los receptores de estos riñones proceden de todo el país, e incluso de la India y de Pakistán, afirma. Y estos entran en contacto con los donantes, por intermediarios.

En casi todos los países desarrollados la venta de órganos está prohibida. Los donantes, de hecho, suelen ser familiares de los pacientes. En Afganistán, por su parte, no hay regulación al respecto.

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“No hay una ley (...) que controle la venta o donación de órganos, aunque es necesario el consentimiento del donante”, explica el profesor Mohammad Wakil Matin, excirujano en Mazar-i-Sharif, al norte del país. Por su parte, los médicos involucrados fingen desconocer que existe una transacción financiera de fondo.

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Ante esto, Osmani indica que “no indagamos de dónde vienen paciente y donante, o cómo se contactaron. No es nuestra tarea. El consentimiento se registra por escrito y en video”, aseguró. Adicionalmente, explicó que los talibanes están intentando eliminar este tipo de comercio. Ya que crearon un comité investigador sobre estos trasplantes. No obstante, nada puede disuadir a las familias desesperadas.

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Otra de las personas que vendió un riñón es Azyta, quien tuvo esta operación hace tres meses. Esta madre asegura que “vendí un riñón por 250.000 afganis, 2.370 euros, y le pagué 10.000 afganis al intermediario”. El motivo principal de su decisión, según recuenta, es para que “mis hijos no sufran”. Puesto a que, dos de sus tres hijos fueron tratados por desnutrición. Explicando su situación, Azyta añadió que “mi esposo no trabaja, tenemos deudas”.

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Vender un riñón o a sus hijos

Los trasplantes de riñón son frecuentes en países ricos. Los donantes deben gozar de buena salud y pueden retomar rápidamente una vida normal tras la operación, bajo controles médicos regulares. En Afganistán no es así.

“No existen registros de vendedores o donantes de riñones, ni exámenes posoperatorios periódicos”, explica el profesor Mohammad Wakil Matin. Pocos donantes se someten a un seguimiento, añade.

Shakila, que con 19 años ya tenía dos hijos, fue operada hace seis meses “el hambre no nos dio otra opción”, señala esta joven mujer. Esta joven cedió su riñón por 1.500 dólares, sin intermediario. Con la mayor parte saldó deudas, el resto lo gastó comprando alimentos.

Por otro lado, se encuentra Azita, quien espera encontrar un comprador rápidamente.“Mis hijos mendigan en la calle (...) No tenemos nada. Pasamos frío permanentemente”, confiesa esta madre de tres hijos, quien vive en una casa compartida con varias familias. Además, explicó que “si no vendo un riñón, tendré que vender a mi hija de un año”.

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