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Los indígenas viven en el pueblo de Río Bonito, en la zona sur de Costa Rica, cerca de la frontera con Panamá, y confinaron a sus hijos, de entre dos y ocho años, por disposición del líder espiritual del grupo, un joven de apenas 17 años.
Los vecinos de la zona alertaron a las autoridades de que algo ocurría en un humilde rancho de ocho metros cuadrados.
Cuando la policía y la Cruz Roja llegaron ayer al lugar, encontraron a los 20 menores y nueve adultos deshidratados y desnutridos, que dormían unos sobre otros en el piso de tierra.
De los 20 niños, 13 tuvieron que ser trasladados de inmediato al hospital más cercano, en Ciudad Neily (300 kilómetros al sureste de San José), por su delicado estado de salud.
Pamela Palacios, una de los adultos que estaban encerrados, dijo al diario local La Nación que un cuñado suyo que “tiene un pacto con el diablo” contó que los niños y los otros adultos también estaban poseídos.
Por esta razón el líder espiritual indicó que la única forma de liberarlos de los espíritus malignos era encerrarlos desde hace ocho días.
Las autoridades hicieron una lista de las familias de los niños, quienes permanecerán en el hospital y en albergues del Patronato Nacional de la Infancia (Pani) hasta aclarar la situación.