La última vez que en Irán se tuvo noticia de Shahram Amiri salía rumbo a La Meca a realizar la umra, una de las tradicionales peregrinaciones musulmanas a esta ciudad en Arabia Saudí. Se sabía que era científico, experto en medicina nuclear. También que estaba asociado a la Universidad Tecnológica de Malek Ashtar, vinculada al ejército iraní.
En su momento la desaparición no generó mayores reacciones en Teherán, que actualmente busca evitar que la ONU frene su programa de enriquecimiento de uranio. Sin embargo, el jueves, al cumplirse una semana de iniciadas las negociaciones entre Irán y el grupo de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania, el canciller iraní, Manouchehr Mottaki, acusó a Estados Unidos de “interferir” en la desaparición del científico: “Tenemos documentos”, dijo.
No es la primera vez que un iraní relacionado con el programa nuclear es declarado desaparecido. En febrero de 2007, el ex ministro de Defensa Ali Reza Asgari se esfumó en Estambul, Turquía. E igual que en el caso de Amiri, se barajan dos hipótesis: pudo haber sido raptado o haberse entregado voluntariamente a alguno a servicios de inteligencia occidentales.
No ha pasado desapercibida la extraña coincidencia entre la desaparición de Amiri y la confesión iraní a la Agencia Internacional de Energía Atómica, el pasado 21 de septiembre, sobre la existencia de un centro de desarrollo nuclear cerca a la ciudad de Qom. Cuatro días después, el presidente estadounidense, Barack Obama, aseguró que EE.UU. “tenía evidencia acumulada meses atrás de que (ese) centro estaría destinado al enriquecimiento de uranio”.
En Irán, versiones de prensa aseguran que el científico trabajaba precisamente en la misteriosa planta. Y con base en las declaraciones de Obama y otros funcionarios, en EE.UU. algunos sospechan que agencias de inteligencia habrían conocido detalles de esta central nuclear gracias al científico, lo cual habría obligado a la confesión pública iraní.
Con éste ya son cuatro los casos de científicos iraníes que mueren o desaparecen en extrañas circunstancias. Ali Mahmoudi Mimand, padre del programa de misiles, fue asesinado en 2001. Y Ardeshir Hosseinpour, experto en electromagnetismo, murió en 2007 “en extrañas circunstancias”, escribió ayer Muhamad Sahimi, experto de la Universidad de California, en la página de internet del reconocido programa norteamericano Frontline. “Hay una creencia generalizada de que fue asesinado por la Mossad, de Israel”, escribió.