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Irán por Nocaut

Para el Estado judío, Irán no hizo concesiones reales y hoy es oficialmente una potencia nuclear. La única opción: vivir con el pacto firmado y acercarse estratégicamente a Estados Unidos.

Marcos Peckel

15 de julio de 2015 - 10:53 p. m.
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Podríamos titular este texto como “crónica de un acuerdo anunciado”, pues el pacto se iba a firmar de una forma u otra. Ya desde hace meses todo estaba dispuesto para la rúbrica y nada iba a impedirlo. El P5+1 no iba a abandonar la negociación sin lograr un acuerdo y los iraníes le tenían bien medido el aceite al presidente de Estados Unidos, Barack Obama. Sabían que anhelaba a toda costa dejar como uno de sus principales legados el acuerdo nuclear.

Irán no hizo concesiones reales. Únicamente aceptó esperar diez años para legalizar lo que lleva otros diez haciendo de manera ilegal, violando disposiciones y acuerdos. Por ahora, deberá desmantelar dos terceras partes de sus centrífugas y despachar al exterior el uranio enriquecido que nunca debió tener, de haber cumplido con el tratado de no proliferación. Su planta de agua pesada para obtener plutonio, que tampoco debió tener, será transformada para “fines pacíficos”.

Los acuerdos estipulan que las inspecciones de la Agencia Internacional de Energía Atómica deberán ser concertadas previamente con los iraníes, el marco perfecto para ocultar y dilatar. La idea de reimplantar las sanciones si se descubre que Irán esta violando los acuerdos es una fantasía en la nueva realidad geopolítica global.

No hay duda de que las potencias del P5+1 negociaron de buena fe y están convencidas que lograron un buen acuerdo y pueden ufanarse del logro diplomático. Sin embargo, parecieron olvidarse que no estaban negociando con Noruega, sino con un país con antecedentes de engañar a la comunidad internacional, que los venció por nocaut en una negociación en la que de todas formas el p5+1 no tenía mucho que perder.

Irán regresa legitimado al concierto de las naciones y los considerables recursos que percibirá por del descongelamiento de sus cuentas y la venta adicional de petróleo le servirán para reconstruir su maltrecha economía y destinar una parte a incrementar la financiación a Hezbolá, Hamás, los hutíes, las milicias shiitas en Irak y obviamente a Bashar al-Asad, su aliado en Damasco, quien sacó tiempo de su tarea cotidiana de masacrar a su pueblo para felicitar a Irán por el acuerdo. Lo propio hizo el líder de Hezbolá, Hassan Nassrala.

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El mundo árabe sunita, encabezado por Arabia Saudita, gran perdedor, deberá diseñar una estrategia entre cooperación y contención de Irán, mientras decide si también construye su bomba.

Israel deberá enfrentar el hecho consumado que Irán es una potencia nuclear y que más temprano que tarde tendrá la capacidad de construir su bomba. Para El Estado judío un Irán nuclear es una amenaza existencial por lo que Israel tendrá que estrechar al máximo su relación estratégica con Estados Unidos, aún vigente a pesar de las desavenencias entre Benjamin Netanyahu y Obama, y encontrar mecanismos de cooperación con los países del golfo.

Una nueva era se abre en el convulsionado Medo Oriente, en la que lo único seguro es la incertidumbre.

*Analista internacional

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Por Marcos Peckel

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