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Irán y sus planes regionales

La crisis entre Teherán y Arabia Saudita se está agravando con una intención, según analistas: detener la expansión geopolítica iraní en la zona.

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Angélica Lagos Camargo
06 de enero de 2016 - 03:52 a. m.
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Desde que Irán y los países del G5+1 (EE. UU., Rusia, China, Francia, Reino Unido y Alemania) se sentaron a negociar un acuerdo nuclear en 2013, la República Islámica comenzó a proyectar una imagen más moderada. De la mano del presidente Hasán Rohani, Teherán apostó por mostrarse más “abierto” a los ojos del mundo. Tras el anuncio del histórico pacto nuclear, en marzo de 2015, y con una región convulsa por la actuación del Estado Islámico, el papel geopolítico iraní tomó más protagonismo. Irán, enemigo histórico, pasó a ser un aliado estratégico de Occidente en la lucha contra Daesh (nombre del Estado Islámico en árabe).

Adicionalmente, Rohani busca recuperar el protagonismo geopolítico de Irán y atraer la inversión extranjera. Si se levantan las sanciones internacionales que asfixian la economía iraní desde hace 35 años, el país se fortalecerá. Algo que preocupa a los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), conformado por gobiernos suníes como Arabia Saudita, Kuwait, Baréin, Catar, Emiratos Árabes Unidos y Omán, que ven a Irán como un rival que en crecimiento.

Por eso, la creciente tensión que se vive en Oriente Medio, tras la ejecución en Arabia Saudita del clérigo chiita Nimr el Nimr, es vista por analistas como un intento de desprestigiar a Irán, justo ahora que se espera el levantamiento de sanciones y prepara elecciones parlamentarias en febrero. Sin las sanciones, Irán podrá abrirse a inversiones extranjeras, particularmente en el tema del petróleo. Sus instalaciones son muy viejas y le impiden explotar sus reservas, que son las cuartas más grandes del mundo, pero el acuerdo le permitiría acceder a tecnología y negocios, además de miles de productos que las sanciones no le permitía tener. Lo que Teherán busca principalmente es la reincorporación de su país al sisteinternacional de pagos bancarios, del que está excluido, lo que les permitirá a los iraníes y las empresas locales enviar y recibir dinero del exterior o comprar con tarjetas de crédito, entre otras cosas. Además, tanto los ciudadanos como el Gobierno prevén que, sin sanciones, las inversiones extranjeras fluirán de nuevo en el país, impulsando el empleo y mejorando la maltrecha situación económica.

Con los ojos puestos en ese futuro, Irán comenzó a marcar diferencia frente a la violencia brutal de los suníes del Estado Islámico, financiados, según centros de análisis como Rand Corp., por varios gobiernos suníes de la región, entre ellos Arabia Saudita, Catar y Kuwait, los mismos que esta semana rompieron relaciones con Irán.

Las tensiones entre suníes y chiitas son históricas, pero han aumentado en los últimos tiempos con la expansión de la geopolítica iraní, que se hace más evidente en Siria, Palestina, Yemen y Líbano, además de América Latina, donde, explican expertos, crece su presencia.

Las relaciones entre la suní Arabia Saudita y el Irán chiita evolucionan con altibajos desde la Revolución islámica iraní de 1979. Ambas potencias están a menudo en desacuerdo sobre la manera de solucionar las crisis en la región y se acusan mutuamente de querer extender su influencia. Riad y Teherán rompieron relaciones de 1987 a 1991, a causa de los sangrientos enfrentamientos entre peregrinos iraníes y fuerzas sauditas durante la peregrinación a La Meca en 1987.

Actualmente Irán y Arabia Saudita se enfrentan radicalmente en varios conflictos de Oriente Medio, entre ellos la guerra civil en Siria, donde Teherán apoya al presidente Bashar al Asad y Riad a las fuerzas rebeldes. También en Yemen, donde una coalición árabe liderada por los sauditas interviene militarmente contra los rebeldes hutíes chiitas apoyados por Irán. Teherán, además, apoya a las fuerzas gubernamentales en Irak (chiitas). Entre tanto, el líder supremo iraní ratificó el respaldo a Hizbolá y Hamás. Analistas explican que armar a las milicias en Cisjordania es otra de las obsesiones de Irán, que desde hace varios años declaró a Israel como su principal enemigo.

Para François Heisbourg, consejero de la Fundación para la Investigación Estratégica en París, el mundo musulmán sigue sacudido por las luchas de influencia entre “sauditas e iraníes, persas y árabes, suníes y chiitas”. Según el experto, estos asuntos son más importantes para Riad y Teherán que la lucha contra el grupo yihadista Estado Islámico.

Lo cierto es que la escalada comienza a debilitar a los iraníes, mientras Pakistán y Rusia ofrecen mediar en el conflicto.

Por Angélica Lagos Camargo

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