Benjamin Netanyahu asumió este martes como primer ministro israelí con un tono conciliatorio y la promesa de buscar un “acuerdo permanente” con los palestinos además de la paz con todo el mundo árabe y musulmán, aunque aún se negó a pronunciar las palabras de “un estado palestino independiente”, que muchos esperaban.
Netanyahu se abstuvo de apoyar explícitamente un estado independiente palestino, un objetivo clave de Estados Unidos y la comunidad internacional. “No queremos gobernar otro pueblo. No queremos gobernar a los palestinos”, declaró en un mensaje al Parlamento poco antes de rendir juramento.
Luego, el parlamento israelí ratificó el nombramiento de Netanyahu como primer ministro y dio el visto bueno a su gabinete. La votación fue de 69-45 en favor del gobierno de coalición de Netanyahu, que incluye a una amplia gama de partidos, desde la ultraderecha hasta el centro pacifista.
Aunque el Partido Laborista del ministro de la defensa Ehud Barak es un miembro clave del nuevo gobierno, varios de sus legisladores se opusieron a unirse al Partido Likud de Netanyahu, incluidos cinco que no participaron en la votación del martes.
Los otros aliados del nuevo primer ministro incluyen también a los partidos ultranacionalistas y ultraortodoxos judíos. Tras la votación, los nuevos ministros rindieron juramento en sus cargos. Netanyahu tomará formalmente el puesto de primer ministro, relevando a Ehud Olmert, el miércoles.
El líder del Likud había planteado dudas en Washington y la Unión Europea durante su campaña electoral al insinuar que pondría fin a las gestiones de paz con los palestinos y que expandiría los asentamientos judíos en Cisjordania. Su designación de un político ultranacionalista, Avigdor Lieberman, como canciller también provocó críticas internacionales.
Sin embargo, desde que a Netanyahu le pidieron el mes pasado formar gobierno, ha suavizado la retórica de su campaña en un intento por forjar una amplia coalición centrista y calmar las preocupaciones internacionales sobre su agenda política. La semana pasada persuadió a los laboristas para que se incorporasen al gobierno y prometió continuar las conversaciones de paz con los palestinos.
En su mensaje, Netanyahu elogió al Islam. “La cultura islámica es vasta y rica, con muchas ramificaciones en la historia de nuestro pueblo que ha conocido períodos de florecimiento de árabes y judíos que vivieron juntos y crearon juntos”.
Pero advirtió que “el Islam radical trata de erradicarnos” y recordó que Israel enfrenta grupos de milicianos islámicos en sus fronteras norte y sur. Dijo que Irán, que respalda a los milicianos, constituye una gran amenaza a la seguridad regional e instó al mundo a impedir que Teherán desarrolle armas nucleares. “Estamos dispuestos a bloquear el terrorismo en toda dirección y a combatirlo hasta el fin”. Y agregó que el plan nuclear iraní es "la mayor amenaza a la existencia de Israel". Pero también destacó que no busca hostilidades con el mundo musulmán.
“Israel ha anhelado siempre, y hoy más que nunca, concretar la paz completa con todo el mundo árabe y musulmán, y hoy ese anhelo es apoyado por un interés conjunto de Israel y los estados árabes contra el obstáculo fanático que nos amenaza a todos”, afirmó.
Instó a los palestinos a “combatir el terrorismo” y dijo que buscará un acuerdo de paz definitivo con ellos. “Bajo el acuerdo permanente, los palestinos tendrán toda la autoridad necesaria para gobernarse a sí mismos”, afirmó. Pero no entró en detalles.
“El único medio en que los palestinos pueden gobernarse a sí y por sí mismos es terminando con la ocupación israelí que comenzó en 1967 y estableciendo un estado palestino independiente con Jerusalén oriental como su capital, que vivirá conjuntamente, en paz y seguridad, con el estado de Israel”, replicó el negociador palestino Saeb Erekat.
Netanyahu sucede a Olmert, que se vio obligado a dejar el cargo debido a numerosas investigaciones por corrupción. El gabinete de Netanyahu de 28 ministros es una coalición heterogénea que incluye partidos ultraortodoxos, un partido religioso intransigente y el Partido Laborista centrista, junto con el Likud de Netanyahu.
Para aplacar a sus nuevos socios y aliados, Netanyahu creó nuevos cargos ministeriales, tantos que los carpinteros del Parlamento tuvieron que trabajar toda la noche para alargar la mesa del gabinete.