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El socialista José Luis Rodríguez Zapatero, quien llegó al poder en 2004 impulsado por el descontento ante la forma como el gobierno conservador de José María Aznar informó sobre los atentados islámicos del 11 de marzo de 2004, en Madrid, donde murieron 191 personas, se va con más pena que gloria. Las elecciones que España celebrará el próximo domingo serán el adiós político del líder al que la crisis económica le pasó una cara factura: cinco millones de desempleados, la economía en crecimiento cero y fuertes recortes sociales para reducir el déficit.
Tal vez ese desgaste es el que ha hecho que, como lo describe el columnista de El País Jesús Ceberio, “ya nadie se acuerde de Zapatero”. De hecho, el candidato del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, escogió como compañeros de campaña al expresidente Felipe González y a Alfonso Guerra, quienes no estaban en estas lides desde hacía más de quince años. “Esta es la primera campaña sin Eta. ¿Por qué la derecha no habla de eso?”, se pregunta Rubalcaba, sin citar nominalmente a Rodríguez Zapatero, destacando que este Gobierno empezó por retirar las tropas de Irak y acabó con la derrota de Eta.
Y es que acordarse del impopular presidente podría ser aún más costoso, pues, según la última encuesta del CIS, las elecciones del domingo pueden conducir al PSOE al peor resultado en toda su historia. El anuncio de la retirada de Rodríguez Zapatero, a comienzos del pasado mes de abril, no evitó que los socialistas sufrieran un mes después una histórica derrota al perder en las elecciones municipales y regionales feudos tradicionales como Extremadura y Castilla-La Mancha o los ayuntamientos de Barcelona y Sevilla.
“Rodríguez Zapatero hubiera sido un excelente presidente si no topa con la crisis; es más, creo que ha hecho reformas de un calado al que en otro momento de la historia no se atrevió ni Felipe González”, dijo a la AFP Conrado Alonso, antiguo número dos del residente saliente. Su gran legado son reformas sociales como la aprobación de la Ley de Igualdad de Género o la que permite el matrimonio homosexual.
Su segunda victoria, el 9 de marzo de 2008, de nuevo frente al líder conservador Mariano Rajoy, le brindó la oportunidad de acometer lo que él presentó como “la segunda parte de un proyecto de modernización definitiva de España”, objetivo que se dio de bruces con la crisis económica, lo que lo obligó a adoptar una serie de medidas y recortes muy impopulares.
“Me siento el responsable de todas las personas sin empleo y que viven en la desesperanza ante la falta de trabajo”, declaró hace poco, y sobre su futuro sólo dijo que planea regresar a su pueblo natal.