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Kanye West, de rapero a peón político

Sí, Kanye se presentó a la presidencia de Estados Unidos. No, no podría ser presidente. Sin embargo, su irrupción en la carrera electoral podría tener un efecto decisivo, y eso preocupa a los demócratas.

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17 de septiembre de 2020 - 05:00 p. m.
Técnicamente, Kanye West ya no tiene chances de ser elegido presidente, porque las inscripciones ya cerraron en Texas y en Florida, dos estados clave en las presidenciales del 3 de noviembre.
Técnicamente, Kanye West ya no tiene chances de ser elegido presidente, porque las inscripciones ya cerraron en Texas y en Florida, dos estados clave en las presidenciales del 3 de noviembre.
Foto: Agencia AFP
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Las elecciones presidenciales de este año en Estados Unidos serán uno de los procesos electorales más ajustados en la historia del país. Quizás también la más polémica de todas las carreras a la presidencia considerando la disputa por los mecanismos como el voto por correo, entre otras cosas.

Actualmente hay 15 estados codiciados por ambas campañas porque su inclinación hacia un candidato u otro, faltando menos de 50 días para el día de las elecciones, todavía no está clara. En cada uno de estos campos de batalla cada voto será decisivo, y es por eso que a los demócratas les ha comenzado a preocupar la puesta en escena de un tercer candidato: el rapero Kanye West.

Es evidente que West no tiene posibilidades de llegar a la Casa Blanca. Su partido, el Partido Fiesta de Cumpleaños, nació hace apenas dos meses y no tiene muy clara su plataforma política. La única certeza que ha dado West es que gobernaría Estados Unidos como gobiernan en Wakanda, el país ficticio de las películas de Marvel Comics.

Entre algunas de sus políticas estaría una reforma a la policía, pero no por ello puede ponérsele en el espectro liberal. West también quiere, entre otras cosas, más apoyo para los grupos religiosos. Le pidió, según dice la prensa local, a sus colaboradores abstenerse de tener sexo antes del matrimonio. No ha dado mucha más profundidad en sus ideas, pues dijo que tenía que “terminar un álbum”. Sin embargo, por descabellado que parezca, su candidatura sí podría tener algún efecto en los comicios.

West entró tarde a la contienda. No aparecerá en las boletas de Florida o Texas, pero sí en las de los estados como Colorado, Iowa o Minnesota, todos territorios claves para las campañas de Donald Trump y Joe Biden. En estos estados, donde el candidato demócrata tiene una leve ventaja de 2% sobre el presidente, la irrupción de la figura de West podría ser clave para perjudicar una campaña aunque su porcentaje no sea tan alto.

Los candidatos independientes en pasadas elecciones han podido afectar los resultados no solo de un estado, sino también las elecciones generales. En 1992, por ejemplo, el empresario Ross Perot se postuló a la presidencia y obtuvo un 19% del voto popular. Para los observadores políticos e historiadores del país, Perot dividió los votos del Partido Republicano y le arrancó apoyo al candidato y presidente de ese entonces George H. W. Bush.

Pero la irrupción de Perot en las elecciones que dieron por ganador a Bill Clinton no es la única que nos puede mostrar cómo un tercer candidato puede impactar los resultados generales en la carrera por la presidencia. En las elecciones del 2000, la entrada a la contienda con fuerza por parte del candidato Ralph Nader, del Partido Verde, enfureció a los demócratas porque temían que este le quitara votos a su candidato, Al Gore. En efecto, varios analistas han apuntado que esto desató la tormenta perfecta para beneficio del candidato republicano y presidente de los Estados Unidos George W. Bush.

Nader obtuvo un gran apoyo en dos estados, Florida y New Hampshire , que pudo haber ido para la bolsa de Gore. Los 97.488 votos del candidato del Partido Verde en Florida le habrían otorgado la victoria al demócrata sin necesidad de que hubiera un recuento, pues Gore habría terminado con una victoria de 270 sobre 267 en el colegio electoral. Esta es una posición controvertida que continúa siendo debatida por analistas e historiadores en el país. Un sector apunta a que sí tuvo un efecto, pero otro señala que Gore perdió porque no pudo conseguir el respaldo de los demócratas en el “estado del sol” y el caos electoral reinó esa noche. También fue incapaz de ganar en Tennessee, su estado de origen.

Hay un tercer caso reciente y es el de la candidata Jill Stein, también del Partido Verde. En estados como Michigan, Donald Trump le ganó a Hillary Clinton por un margen de 11.000 votos. En ese mismo estado Stein obtuvo más de 50.000. Algunos expertos apuntan a que si su figura no hubiera dividido las intenciones de los electores liberales, la exsecretaria de Estado Clinton habría conseguido el apoyo y los votos del Colegio Electoral de Michigan. Ese escenario se repitió en otros tres estados claves que, unidos, le habrían dado la victoria a Clinton en el Colegio Electoral.

También hubo otra irrupción en los comicios de 2016: Gary Johnson, el candidato del Partido Libertario, ganó 107.000 votos en Wisconsin, donde la victoria de Trump sobre Clinton se decidió por menos de 23.000.

De momento, según el portal Five Thirty Eight, West cuenta con el 2% de la intención de voto. Ese porcentaje de respaldo puede parecer un chiste, pero las elecciones en Estados Unidos se han decidido por menos que eso. La candidatura del rapero, que el martes se hizo viral por orinar uno de sus premios Grammy y que volvió a causar alarmas sobre el estado de su salud mental, fue un elemento más de la que es sin duda la carrera electoral más anormal de la historia y que continuará dando sorpresas hasta el día de las votaciones.

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