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La información oficial dice que las relaciones bilaterales entre Colombia y Marruecos se iniciaron el 1° de enero de 1979. Sin embargo, los contactos diplomáticos fueron mucho más antiguos y, por lo que veremos en el presente artículo, se podría replantear la fecha y llevarla hasta 1825. Ahora que el Gobierno colombiano ha decidido estrechar la amistad colombo-marroquí, es propicio invitarlos a leer una historia apasionante.
Es importante precisar que en 1825 no había una entidad llamada la Gran Colombia, esa ha sido una identificación posterior para designar a la República de Colombia, tal como se denominó aquella nación multinacional, integrada por las actuales Venezuela, Panamá, Ecuador y Colombia. Por el otro lado, el actual reino de Marruecos era el imperio jerifiano. Sin embargo, posiblemente si el presente artículo lo hubiera titulado Colombia y el Imperio jerifiano, quizá no habría suscitado interés para los amables lectores.
Realizando una investigación sobre el Congreso Anfictiónico de 1826 celebrado en Panamá, la primera reunión multilateral en el continente americano que cumplió 200 años, mientras me internaba en la extraordinaria política exterior que caracterizó la gestión de Simón Bolívar como primer presidente y fundador de Colombia, hallé una información que nunca encontré referenciada entre autores colombianos: la temprana relación diplomática entre Colombia y lo que hoy es el Reino de Marruecos.
Quienes han investigado el tema han sido especialistas extranjeros, como el historiador polaco Andrzej Dziubinski, en un texto de 1974 titulado “Intentos de establecer relaciones diplomáticas entre Colombia y Marruecos en los años 1825 y 1827”. De igual manera, el profesor marroquí Abdelhak Hiri, quien justamente fue invitado a Panamá hace unos meses para dar una conferencia titulada “Simón Bolívar y Moulay Abderrahman, el puente diplomático olvidado entre América Latina y Marruecos”.
El Imperio jerifiano fue el nombre oficial del actual Reino de Marruecos entre 1554 y 1957, caracterizado por haber sido gobernado en su etapa más importante por la dinastía alauita, a la que pertenece el actual gobernante de Marruecos, su majestad el rey Mohamed VI, estirpe que tiene una gran importancia en el mundo musulmán porque corresponde a descendientes del profeta Mahoma.
Fueron los gobernantes alauitas los que organizaron lo que primero fue un sultanato y pasó a ser un Estado unificado, tras convencer o dominar a las tribus bereberes y beduínas que poblaban el territorio. En este contexto, en 1822 el sultán Abd ar-Rahmán Iban Hisham, conocido también como Moulay Abderrahman, sucedió a su tío Sulaymán en el poder.
El contacto diplomático entre Colombia y el Imperio jerifiano tiene ribetes de novela de aventuras, pues en 1825 la goleta Trinidad arribó al puerto de Tánger portando dos banderas, la colombiana y otra de color blanco, en señal de paz. El navío Trinidad era parte del grupo de barcos corsarios que contribuyeron a la guerra de independencia en los mares. Bolívar, ante la insuficiencia de naves de la armada colombiana, recurrió a los corsarios, generalmente de origen inglés, que participaron en operaciones navales, bien por convicción con la causa republicana, por la paga o el botín, o por una combinación de todas las anteriores.
En este caso el navío corsario, al mando del capitán John Maitland (aparece identificado en algunos textos como Juan Maitland), llegó al puerto de Tánger, llevando una carta de Bolívar para el sultán Moulay Abderrahmane. Maitland es descrito como plenipotenciario de Bolívar, es decir, un embajador en misión especial.
El mensaje de saludo del presidente de Colombia, que tenía implícito buscar el reconocimiento del sultanato hacia la nueva república, iniciaba con “el deseo de vivir en buena armonía y de ser amigo de S. M. el emperador de Marruecos”. La misiva portaba una propuesta concreta: permitir el ingreso de las naves y ciudadanos colombianos a los puertos del imperio, para llevar maniobras contra España, que era el enemigo común de los dos Estados, lo que traería beneficios comunes, como compartir los botines adquiridos.
Lo interesante de la historia es que el sultán aceptó y, de hecho, en aquella época están documentadas las operaciones de corso de navíos colombianos en la zona de Gibraltar y en aguas continentales españolas (costas de Málaga), lo que significa que la guerra de independencia colombiana se dio incluso en territorio español, lo cual constituye todo un descubrimiento histórico. Por ejemplo, el 11 de junio corsarios colombianos capturaron dos barcos españoles con mercancías, que fueron compartidas con los marroquíes.
El citado profesor Hiri, en un trabajo titulado “De Tánger a los Andes: el papel de Marruecos en el apoyo a los movimientos de independencia en América Latina durante el siglo XIX”, destaca las misiones diplomáticas de los navíos Trinidad y Pichincha, como muestra temprana de la diplomacia sur-sur, en contra del poder de las potencias coloniales europeas. En un movimiento inédito, se dan relaciones entre un imperio árabe e islámico y la República de Colombia. El profesor Hiri incluso habla del nombramiento de un cónsul colombiano en Tánger, lo que indicaría el grado de amistad logrado entre las dos naciones.
Sin embargo, las operaciones navales de los barcos colombianos provocaron la protesta de España, que exigió a través de su cónsul cerrar el puerto de Tánger a los colombianos; primero hubo negociaciones diplomáticas que no progresaron y, ante lo que España consideró una amenaza real, envió una flota que impidió que continuaran las acciones corsarias.
El sultán en audiencia concedida al cónsul español, el 2 de junio de 1828, declaró cerrado el incidente con España y no se volvió a tener contacto con Colombia, posiblemente hasta el 1° de enero de 1979. A finales de octubre de este año el buque escuela Gloria, el embajador de Colombia en los mares, llegará a Marruecos, en aguas que no les son extrañas a las naves colombianas, como hemos visto en esta historia fascinante que está todavía por descubrir, pero esa tarea se las dejo a los especialistas e interesados en la materia.
*Embajador de carrera colombiano. Máster en diplomacia y relaciones internacionales. Escritor de ficción con su seudónimo literario de Dixon Acosta Medellín. Bloguero de El Espectador.
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