21 Jul 2017 - 2:00 a. m.

La lucha de Bachelet por el aborto en Chile

Cuando todo parecía indicar que la presidenta chilena lograría aprobar el aborto en tres situaciones específicas, el Congreso no se puso de acuerdo y ahora la Corte podría echar nuevamente la ley para atrás en uno de los países más conservadores del continente.

Redacción Internacional

Al frente del Palacio de La Moneda, en Santiago, varias mujeres exigen la garantía de sus derechos sexuales y reproductivos. / AFP
Al frente del Palacio de La Moneda, en Santiago, varias mujeres exigen la garantía de sus derechos sexuales y reproductivos. / AFP
Foto: AFP - MARTIN BERNETTI

La prensa la bautizó Belén, para cuidarla de un país en donde la palabra “aborto” ni siquiera se pronuncia. En Chile, como le dijo la activista Carolina Carrera a la BBC, se habla de “maternidad interrumpida”, porque el aborto es penalizado y estigmatizado.

Ahora bien, en la mayoría de los países de América Latina, las cifras reflejan que no muchos nos salvamos de ese prejuicio. En Colombia, 70 mujeres mueren anualmente por causas directamente relacionadas con la práctica de abortos clandestinos. Y el aborto en Colombia está oficialmente permitido desde hace diez años en tres causales: si el embarazo es producto de una violación, si pone en riesgo la vida o la salud de la mujer y si el feto tiene malformaciones incompatibles con la vida. Pero en la práctica, las mujeres se encuentran con cientos de trabas que les impiden ejercer su derecho.

Y, aunque la norma en países como el nuestro ha sido insuficiente para garantizar los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, su carencia ha hecho posible que en Chile se presenten casos como el de Belén.

En efecto, Chile, junto con El Salvador, Haití, Honduras, Nicaragua, Surinam y República Dominicana, hace parte del grupo de naciones de América Latina y el Caribe en donde el aborto se encuentra prohibido totalmente, sin ningún tipo de excepción.

En el caso chileno, la ley se quedó así desde el final de la dictadura de Augusto Pinochet. Antes de Pinochet, el aborto terapéutico estaba permitido; después de él, poco antes de que entregara el poder en 1989, se criminalizó.

“Si bien teníamos una regulación muy estricta, única en el mundo, paradójicamente no teníamos la clase de consecuencias que se generan en otros países. El número de mujeres que ha ido a la cárcel por abortar, comparado con países como El Salvador, ha sido relativamente bajo. Además, como a pesar de la legislación las mujeres seguían abortando en masa, nos hicimos los de la vista gorda durante muchos años”, dice Eduardo Chía, abogado e investigador del Instituto Igualdad, con sede en Santiago. No obstante, entre 2010 y 2014 hubo 497 imputados por aborto consentido, de acuerdo con la información de la ONG Miles Chile: 86 % mujeres y 14 % hombres.

Es así como casi 20 años después de Pinochet, en el 2013, cuando Belén tenía 11 años y estaba embarazada de su padrastro, la ley chilena le prohibió abortar. De nada sirvió que la abuela denunciara al victimario de 32 años. Según la justicia, la niña debía convertirse en la madre del hijo de su violador.

Y fue precisamente en la coyuntura de la denuncia de Belén cuando Michelle Bachelet se postuló y ganó por segunda vez la presidencia. En repetidas ocasiones manifestó que el caso de la menor debía servir como incentivo para promover un cambio en la materia. La gente la apoyó con su voto.

Bachelet regresó a la Presidencia con toda la autoridad para hablar del tema. En septiembre de 2010, al terminar su primer período como jefa de Estado, aceptó convertirse en la primera directora ejecutiva de ONU Mujeres, una organización que prácticamente nació con ella y que estaba destinada a promover la igualdad de género.

“Nunca antes hubo la voluntad política para tomarse esto en serio”, agrega Chía. “Hasta que la presidenta decidió asumir el reto”.

Bachelet, que es médica pediatra y ha trabajado en las carteras de Salud y Defensa, se enfrentó así con los sectores más conservadores del Congreso, como el partido Democracia Cristiana, y con toda la fuerza de la Iglesia católica chilena.

El proyecto de ley promovido por su despacho busca despenalizar el aborto también en tres causales: si la mujer sufrió una violación, si el feto pone en riesgo la vida de la madre (en Colombia también incluye la salud) y si se presenta una inviabilidad del feto.

La jornada de votación en el Congreso empezó siendo favorable para Bachelet y para los defensores de los derechos de las mujeres. “Es una mañana histórica”, señaló la presidenta. “Lo que permite esta ley es que seamos un país donde las mujeres frente a diversas situaciones puedan tomar la mejor decisión posible”.

Pero a pesar de que la iniciativa fue aprobada por el Senado, la Cámara de Diputados rechazó las modificaciones propuestas por esa entidad. El desacuerdo surgió en el rechazo del único de los artículos que requería un quórum calificado. Se trataba de las atribuciones y competencias de los Tribunales de Justicia en caso de que menores de 14 años decidan interrumpir su embarazo por alguna de las causales y no cuenten con la autorización de sus tutores legales.

Después de dos años y medio de negociación, el artículo requería 67 votos para su aprobación y se quedó en 66. Esto significa que el proyecto estará más tiempo en el Congreso y que la aprobación de la Corte Constitucional, dada la demora, corre peligro, porque la presidenta ya no tendrá mayoría a su favor para finales de agosto.

Mientras tanto, la favorabilidad de los chilenos frente a la reforma promovida por la presidenta es del 70 %. El mandato de Bachelet termina el próximo año y esta ha sido, quizás, la lucha más extensa que ha librado quien sigue siendo una de las más populares entre sus homólogos en América Latina.

Síguenos en Google Noticias