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La Cámara aprobó su nombramiento luego de que ella presentara un ambicioso programa sanitario. Ese trabajo consiguió convencer a la mayoría de parlamentarios que no concebía que una mujer llegara al gabinete del presidente Mahmud Ahmadineyad.
El camino para conseguir una cuota femenina en su gobierno no fue fácil. Los clérigos de línea dura se opusieron a los planes de Ahmadineyad y expresaron sus dudas sobre la capacidad de gestión de las mujeres.
Algunas autoridades, incluso, invitaron al mandatario a repensar su decisión. Pero el presidente iraní no dio marcha atrás y decidió ir hasta el final con sus candidatas. El Parlamento aceptó a Vahid Dastjerdi como ministra de salud, pero rechazó a otras dos: Fatemeh Arjolu que aspiraba convertirse en la ministra de Bienestar Social y Suzanne Kashravaz, quien iba para la cartera de Educación.