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Daniel Saban vuelve temporalmente a Colombia, como embajador interino de Israel, después de que empezara aquí su carrera diplomática en 1981. Su estadía en el país coincide con las apretadas elecciones en las que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, finalmente se reeligió para un tercer mandato, después de estar nueve años en el poder. El embajador expresa su alegría por ver que en Colombia se adelanta un proceso de paz interno y dice que en la nueva etapa que comienza en Israel también se podría dar un proceso de paz satisfactorio en Oriente Medio.
¿Cómo ve este triunfo tan apretado de Netanyahu?
Triunfó, pero tendrá que trabajar duro para formar un nuevo gobierno. En Israel construir una coalición con cinco partidos no es una tarea fácil. La sorpresa de estas elecciones ha sido que todas las encuestadoras fallaron, los datos y las tendencias no dieron en lo que es el pueblo y la sociedad israelí. Al final, las inquietudes de seguridad nacional de mediano y largo plazo –sea Irán, ISIS, Hizbulá, Hamás- tuvieron un gran protagonismo, más allá de las inquietudes sociales de la clase media, los reclamos por tener más vivienda y opciones de bienestar. Supongo que también, y esto lo dirán los analistas mejor que yo más adelante, fue importante el carisma que tiene Netanyahu por encima de Isaac Herzog, que no es para nada carismático.
Al cierre de la campaña, a última hora, Netanyahu prometió aumentar las viviendas en los asentamientos israelíes en territorios palestinos y no permitir la división de Jerusalén. Teniendo esto en cuesta, ¿qué podemos esperar hacia el futuro respecto al conflicto israelí-palestino?
En campaña electoral se dicen muchas cosas. Se afirman muchas posiciones que son bien escuchadas por los electores. Pero al día después de formar un gobierno, cuando se empieza a tomar una orientación política, no se puede escapar de la geopolítica y de la realpolitik. Está presente el proceso de paz que se firmó desde 1993 y que, aunque con muchas dificultades, sigue vigente con los palestinos. Está la geopolítica, las Naciones Unidas, las superpotencias, el gobierno de Obama, la Unión Europea, con orientaciones sobre cómo estabilizar a Medio Oriente. Todo eso va a jugar un papel y ahí estoy seguro de que todo lo que se ha escuchado en campaña ya no va a tener tanta relevancia.
Esperamos que la Autoridad Palestina y los palestinos no salgan diciendo que ya el proceso de paz está enterrado. Hay maneras de establecerlo, renovar los contactos para negociar y encontrar una solución duradera que permita realmente lo que todo el mundo está esperando.
Es decir, usted ve que en este nuevo mandato de Netanyahu hay voluntad y bases para que se llegue a una solución de dos estados.
Si me permite, me salgo de mi rol diplomático y le respondo como israelí. Creo que en el fondo, ahora que está entrando Netanyahu en su cuarto periodo como primer ministro, obviamente va a querer dejar su legado como lo hicieron muchos líderes. Tal como lo ha hecho Isaac Rabin, Ben Gurión, Ariel Sharon, Menahem Begin, cada uno quiso realmente aportar algo a la historia del nacimiento y renacimiento del estado judío, del estado de Israel. En ese sentido hay que tener una gran paciencia, a pesar de las críticas que le hacen desde la oposición, porque es muy posible que en este periodo Netanyahu realmente vaya a dejar también su huella en el campo de la seguridad de Israel, en la mejora de su economía, o en los procesos de paz con los países que nos rodean.
Desde afuera, tendeos a analizar a Israel desde el conflicto con Palestina, ¿pero cuáles son los asuntos internos más relevantes en estas elecciones? ¿Cuáles son los retos de Netanyahu a nivel interno?
El asunto central se puede entender a partir de los dos partidos que surgieron en los últimos seis años aproximadamente. Está el partido Yesh Atid, del líder Yair Lapid, que salió por defender la causa de la clase media y protestó hace varios años por el hecho de que la distribución de la riqueza en Israel no es muy justa y hay que adecuarla. Eso es consecuencia de una política neoliberal que aplicó Netanyahu. El otro partido que nació en estas elecciones es el Kulanu, su líder es exministro del Likud, Moshe Kahlon, quien ganó diez escaños en el parlamento. Entre ambos, son 21 de 120 escaños que representan un segmento importante de la realidad israelí. Esto demuestra un descontentó y un serio reclamo porque las exigencias de mejores niveles de vida y mejores niveles laborales sean atendidas. En el próximo gobierno, como lo prometió ya el primer ministro, este tema se va a encarar para poder mantener una sociedad tranquila y encaminada a enfrentar los retos de la seguridad y la paz.
Pese al surgimiento de esas nuevas fuerzas políticas en Israel, Netanyahu ya está negociando con el partido de extrema derecha Hogar Judío, de Neftali Benet. Pareciera que lo que busca es conservar la línea de derecha en el gobierno…
Es el comienzo de un proceso. Yo sugiero esperar hasta que terminen esa marcha por construir un nuevo gobierno. Ahí saldrán cosas distintas.
Las relaciones con Washington se han puesto tensas últimamente. ¿Qué esperar en esta nueva etapa?
Podemos mirarlo desde el marco histórico que tenemos. En diferentes oportunidades hubo diferencias grandes entre el gobierno de Israel y el de EEUU, en épocas distintas. Fueron experiencias muy desafiantes. Luego, cuando uno mira a la línea desde 1948 hasta 2015, las relaciones con EEUU superaron todas las diferencias, doblaron la página y se convirtieron realmente en relaciones muy amenas, de alianza y de buen futuro. Esperemos que así sea esta vez también.
A pesar de pronunciamientos, llamamientos públicos y algunos roces con Obama, en lo esencial las relaciones entre ambos estados se han mantenido, por ejemplo en cuanto a la millonaria cooperación económica y militar…
Defiendo lo que dijo el embajador de EEUU en Israel, Dan Shapiro, cuando le preguntaron sobre el reciente incidente del discurso de Netanyahu ante el Congreso en Washington y sus consecuencias. Él dijo: vamos a pasarlo y más adelante las cosas seguirán el rumbo de las excelentes relaciones. Ahora, con la formación del futuro gobierno, habrá un proceso de extender líneas de trabajo conjunto para renovar el proceso de paz con el apoyo de EE.UU.