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Crece el pesimismo sobre las conversaciones que terminan hoy entre Irán y el grupo de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (EE.UU, Reino Unido, Francia, Rusia y China) y Alemania, también conocido como el G 5+1. Es imperativo que estas negociaciones no colapsen. De hecho, ambos bandos tienen un gran compromiso en que sean exitosas, aún si eso significa acordar como mínimo que continúen durante una ronda más. En todo caso, Irán solo volverá a la mesa de negociación si se frenan las sanciones planeadas por la Unión Europea y EE.UU contra el país persa. Las conversaciones fallarán si el G5+1 insiste en un compromiso desproporcionado de Irán por acatar resoluciones de la ONU que exigen la suspensión de todas sus actividades nucleares.
El fracaso de las conversaciones llevará casi automáticamente a la puesta en marcha de dos sanciones perjudiciales. El 28 de junio, EE.UU. reforzará una nueva ley que prohíbe el acceso al mercado americano para cualquier compañía extrajera que tenga negocios con el Banco Central Iraní. Según el senador Robert Menendez, lo que la nueva legislación le dice al mundo es simplemente que “puedes hacer negocios con Irán o con EE.UU., pero no con los dos”. Luego, el 1 de julio, EE.UU. va a boicotear un significante 20% de las exportaciones nacionales de petróleo iraní. Si los principales clientes asiáticos de ese petróleo, que son China, India, Japón y Surcorea, también quisieran cortar sus compras bajo la presión que les impone EE.UU, entonces las exportaciones iraníes podrían bajar a casi un millón de barriles diarios.
En su reporte de abril, la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) estableció que “las recientemente activadas sanciones de la UE y EE.UU. contra el sector petrolero y bancario iraní están afectado el transporte y los flujos de comercio y minando la producción de crudo iraní.” El reporte añadió que una “larga lista de países que planean bajar sus importaciones en los meses venideros sugieren que la producción iraní podría irse a pique hasta 2.6 o 2.8 millones de barriles diarios a mediados del verano, a menos que encuentren compradores alternos”. Este nivel de producción sería considerablemente menor a los 3.55 millones de barriles que Irán producía a finales de 2011. Los países extranjeros intentan obstaculizar las ventas de petróleo iraní, una política que podría disparar los precios del petróleo, llevando las ya frágiles economías occidentales hacia el abismo.
Hay sanciones al mercado que son incluso más catastróficas. Debkafile, un centro de pensamiento israelí, cita así fuentes oficiales de Washington: “En otoño, la administración de EE.UU. sacará su más potente arma económica: un embargo a los aviones y navíos que visiten los puertos iraníes. Cualquier aerolínea nacional o avión internacional que toque puertos iraníes será prohibidas en los puertos de EE.UU. y Europa occidental. La misma regla aplicará para las embarcaciones privadas o gubernamentales, incluidas las que cargan petróleo. Estar en un puerto iraní automáticamente las excluirá de los malecones de EE.UU. y Europa. Esta sanción va a alanzar un asedio naval y aéreo sobre la República Islámica, sin un solo disparo”.
El reporte de Debkafile está en línea con las declaraciones del tesorero estadounidense para el Terrorismo y la Inteligencia Financiera, Richard Cohen. Mientras alaba la creatividad de los israelíes al ofrecer ideas con respecto a las regímenes sancionatorios, asegura al mundo que “si no tenemos un gran paso adelante en Moscú no habrá dudas de que continuaremos incrementando la presión”. Wendy Sherman, la negociadora de EE.UU., fue a Israel para asegurar que las posiciones estadounidenses en las negociaciones con Irán permanecerán inalteradas, lo que significa que EE.UU. no dejará que Irán desarrolle bombas nucleares. El Departamento de Estado estadounidense afirmó que Sherman estaba en Israel para “reafirmar nuestro inalterable compromiso con la seguridad de Israel”.
Incluso antes de que las sanciones planeadas se pongan en práctica, la economía iraní ya está moribunda. Mahmoud Bahmani, dirigente del Banco Central, dice que “la situación económica del país se ha vuelto inusual debido a las sanciones”. El boicot del Banco Central ha llevado a una depreciación del real iraní mayor al 50% con respecto al dólar americano y la suspensión de relaciones con la Sociedad para la Telecomunicación Financiera Interbancaria Mundial (SWIFT, siglas en inglés) ha detenido la habilidad de Irán para utilizar el sistema de transferencia de dinero electrónico mundial. Como resultado, los precios han subido bruscamente fuera de sus fronteras, particularmente para las importaciones iraníes de proporciones considerables. Con una tasa de desempleo creciente, un rápido incremento del nivel de pobreza, y con la promesa de subsidios apartada, la economía apenas sobrevivirá a otra ronda de sanciones agobiantes.
Un fracaso en Moscú para Irán se podría traducir en el riesgo para la supervivencia del sistema islámico, algo que los poderes occidentales parecen estar buscando. La pregunta es qué hará Teherán si su supervivencia está amenazada. EE.UU. y sus aliados europeos parecen creer que bajo esas condiciones, la República Islámica se rendirá. Ese podría haber sido un posible escenario si Teherán creyera que no tiene otra opción. Pero ahora esta asunción puede probarse imprecisa, y todo indica que hay otro modo de pensar de los iraníes –el de resistirse a la presión a toda costa. Aquí hay algunas de sus razones:
Primero, aún cuando las exportaciones de crudo iraní disminuyeran hasta 1.2 millones de barriles diarios, desde los actuales 2.2 millones, con los precios del crudo tan altos, y serán aún más altos con la baja de las exportaciones persas, Teherán todavía podría ahorrar ingresos de su petróleo. Irán también tiene más de US$100 millones en reservas en el extranjero. Estos fondos le pueden ayudar a sostenerse al menos dos años antes de tocar la línea roja del colapso económico. Mientras tanto, un Irán con su supervivencia amenazada aceleraría el enriquecimiento de uranio con fines militares, si es que de hecho está inclinado a hacerlo como dice EE.UU. y sus aliados.
Segundo, muchos sondeos indican que el programa nuclear iraní goza de un gran apoyo popular. El programa nuclear es frecuentemente identificado con la nacionalización de la industria petrolera iraní, lograda por el primer ministro Mohammad Mossadegh, que fue derrocado por EE.UU. y Reino Unido. Ese episodio dejo una cicatriz en la psique iraní que continua perturbando las relaciones del país con occidente. Sumado al sentimiento nacionalista está la cultura de resistencia, particularmente hacia la presión foránea. Entonces, cualquier demanda irracional de parte de los poderes occidentales respecto al programa atómico de Teherán podría llevar al resentimiento público ya motines para ondear su bandera nacional.
Y tercero, el líder supremo, el ayatola Jomeini, ha dicho en muchas ocasiones que el programa nuclear de la nación es inseparable de su derecho y dignidad nacionales y que la sumisión a la presión es más peligrosa para el régimen islámico que resistirse y arriesgar una confrontación con EE.UU. Jomeini cree que EE.UU. está detrás de un cambio de régimen y sostiene que “el final de la presión estadounidense y la intimidación solo llegará cuando oficiales iraníes anuncien que están listos a comprometer el islam y su República Islámica”. El ayatolá también se ha puesto en una posición peligrosa al nombrar a Saeed Jalili, el negociador nuclear iraní, como su enviado personal, poniéndose así como culpable de cualquier resultado amenazante.
En caso de un fracaso en Moscú al ayatolá solo le quedarán opciones extremas de confrontar a Occidente. Estas opciones podrían incluir el bloqueo (no necesariamente el cierre) del crudo que fluye por las vitales rutas que pasan por el estrecho de Ormuz. De acuerdo el reporte Debklafile: “La palabra del plan estadounidense disparó una visita deliberadamente provocativa del comandante de los guardianes de la revolución iraní, el general Mohammad Ali Jafari, el 31 de mayo, a sus fuerzas ubicadas en tres disputadas islas del estrecho de Ormuz: Abu Musa, Little Tunb and Big Tunb. En Washington, la visita de Jafari fue percibida como un recordatorio de Teherán de su repetida amenaza de cerrar el estrecho y bloquear el tráfico de una buena parte del petróleo mundial.”
Otra posible acción del ayatolá sería amenazar con salirse del Tratado de No Proliferación Nuclear (NPT, siglas en inglés), dando a la AIEA una advertencia tres meses antes de salirse. El ayatolá puede condicionar su permanencia en el tratado a que Occidente levante sus drásticas sanciones. El bloqueo al tráfico de Ormuz y la retirada del NPT podría desenlazar una cadena de eventos de retaliación, llevando finalmente a una confrontación militar de la cual, en palabras del secretario de Defensa de EE.UU., Leon Pannetta, “nosotros nos arrepentiríamos”.
Una Guerra sobre la disputa nuclear con Irán es seguramente un camino al infierno para todos los que están implicados en una época en que Oriente Medio sufre una agitación política y económica, por decir lo menos. La primavera árabe ha llevado a la re-emergencia del islam político como una fuerza poderosa particularmente en Egipto, la guerra civil en Siria continua sin solución, e Irak mantiene un delicado balance entre la pelea de los suníes, los kurdos y las facciones chiitas. Es casi seguro que cualquier ataque a Irán será respondido por el gobierno islámico más allá de sus fronteras. No debemos olvidar el hecho de que Irán es una teocracia islámica y aún es un país revolucionario. Una guerra con Irán seguramente llevará más allá de la destrucción e inestabilidad, de hecho podría producir lo que se está tratando de prevenir –un Oriente Medio nuclearizado-.
La administración de Obama no debe procurar por la intensificación del conflicto entre Irán y EEUU, en un año electoral en que se subirían los precios del petróleo y el gas. Una encuesta del Washington Post-ABC News indica que la tasa de aprobación de Obama cayó principalmente por el alza en el valor de la gasolina. A menos que el plan estadounidense sea usar una diplomacia y sanciones fracasadas para legitimar una causa de guerra y atacar a Irán, debe calmar las tensiones encontrando una fórmula mutua para avanzar paso a paso. EE.UU. es la única parte que actualmente puede decidir sobre la paz o la guerra en esta disputa.
Dado el ambiente tenso que se ha desarrollado desde el fracaso de las conversaciones en Bagdad y las extremas consecuencias que podrían resultar por un colapso de las de Moscú, es imperativo que ambos bandos hagan concesiones constructivas. Como mínimo, debe forjarse un acuerdo que comprometa a Irán a mover el 20% de su reserva de uranio puro fuera del país. Irán también acordaría en detener la producción de uranio en el 5% y aceptar inspecciones de la AIEA en todas sus plantas nucleares. A cambio, el G5+1 debería garantizar la provisión de combustible para el Reactor de Investigación de Teherán (TRR) y suspender todas las nuevas sanciones. Las partes también deben acordar continuar las conversaciones en intervalos cortos, en paralelo a otros acuerdos como el de que Irán responda a las exigencias de transparencia de la AIEA a cambio de que Occidente se comprometa con su seguridad.
* Amirahmadi es profesor de la U. de Rutgers y president del Concejo Iraní-americano.
* Shahidsaless es un analista político dedicado a asuntos locales e internacionales de Irán.