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La política exterior de Lula

Brasil comenzó a preocuparse por sus relaciones intrarregionales en 1985, cuando terminó la dictadura militar. A partir de los 90 se buscaron varios acuerdos de integración en Suramérica.

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Beatriz Miranda Cortés*
19 de septiembre de 2008 - 11:50 p. m.
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Sin embargo, ninguno produjo resultados concretos. En los dos gobiernos de Fernando Henrique Cardoso (1994-2002), se materializaron dos iniciativas: la primera cumbre de presidentes de América del Sur en el año 2000, que dio paso a una agenda común, y la intención brasileña de desempeñar el papel de mediador en varias crisis políticas.

Con la problemática del Mercosur y la avanzada del ALCA, Brasil profundizó la integración vial, energética y de telecomunicaciones de los países suramericanos para hacerle contrapeso al proyecto estadounidense.

La llegada de Lula al poder fue decisiva. Su gobierno revivió una política exterior debilitada por la diplomacia presidencial de Cardoso. En su discurso de posesión Lula habló de la necesidad de una agenda internacional “activa y altiva”.

Lula, a partir de una intensa actividad en el extranjero y de alianzas no excluyentes ni permanentes, ha logrado tener una agenda positiva con Estados Unidos. Pero, si bien es cierto que Washington acepta los esfuerzos de Brasil en pro de una estabilidad regional, es importante enfatizar que ve con resistencia su actuación, especialmente en su relación con Venezuela.

Lula ha luchado por la construcción de un espacio político y económico en Suramérica. A diferencia de sus antecesores, ha demostrado un interés en compartir los costos de esa integración. Mientras países latinoamericanos privilegian sus relaciones con los grandes mercados internacionales, Brasil busca mantener sus aliados tradicionales y fortalecer la cooperación con socios no tradicionales, como países árabes y de África Austral, India, China y Rusia. Brasil optó por una postura menos ideológica y más pragmática.

La política Lula hacia Suramérica nos demuestra que tanto Brasil como los países de la región, después de largas décadas de alejamiento, entendieron que no hay espacio para hegemonías clásicas y sí para liderazgos compartidos. El desafío es transformar las fronteras en escenarios para construir sociedades más justas y equitativas.

*Profesora de la Facultad de Finanzas y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia.

Por Beatriz Miranda Cortés*

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