19 Nov 2019 - 7:55 p. m.

La reconquista de Bolivia

En los últimos días, el país del altiplano se debate en la búsqueda de sí mismo. Muertos, heridos, represión policial, impunidad, un presidente en el exilio, un gobierno interino que atropella la Constitución y una población campesina e indígena vulnerable.

*Beatriz Miranda Côrtes

Policías y militares dispersan a manifestantes que protestan en contra del gobierno interino en la región de Senkata a media hora de La Paz (Bolivia). / EFE
Policías y militares dispersan a manifestantes que protestan en contra del gobierno interino en la región de Senkata a media hora de La Paz (Bolivia). / EFE

En los últimos días, una Bolivia, fragmentada, se debate en la búsqueda de sí misma. Muertos, heridos, represión policial,  impunidad,  quema de la Wipala uno de los símbolos del gobierno plurinacional, un presidente en el exilio, un gobierno interino que atropella la Constitución y una población campesina e indígena vulnerable a los ataques de los sectores que intentan legitimar el gobierno de Jeanine Añez. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha afirmado que, desde el inicio de la crisis política e institucional ya se registraron 22 muertos y aproximadamente 715 heridos.

Por otra parte, la autoproclamada presidenta, Jeanine Áñez, aprobó por medio del decreto 4082 la asignación de 34,7 millones de bolivianos, aproximadamente 5 millones de dólares para mejorar el “equipamiento de las Fuerzas Armadas, quienes tienen la atribución y responsabilidad de coadyuvar en caso necesario, a la conservación del orden público".

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Acto seguido, Añez también aprobó la disposición que exime “de responsabilidad penal a los militares que participen en los operativos de restablecimiento y estabilidad del orden interno”.

Pareciera ser que su centro de operación será La paz y Cochabamba en donde  aliados del ex presidente Evo Morales han protestado para exigir su renuncia.

Importante recordar que esta noche oscura de Bolivia empezó el 21 de febrero de 2016, cuando se realizó el referéndum constitucional para permitir una modificación a la Constitución que autorizara al Presidente presentarse a una reelección dos veces de forma consecutiva, lo que representaría la 4ª elección del presidente Evo Morales.

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Venció el No con el 51,3% de los votos, lo que evidenciaba que Evo Morales quedaba imposibilitado de competir en las elecciones  presidenciales de 2019. A pesar del resultado, él decidió entrar nuevamente a la contienda política, previo aval de la CIDH.

Sin sombra de dudas, este puede ser considerado uno de los principales hitos de la crisis que ha puesto a Bolivia en vilo.

La derrota en el Referendun era una señal que el Presidente Evo Morales había empezado a perder apoyo en su base popular, sin embargo él y su círculo cercano  minimizaron  este hecho y en un mal cálculo estratégico no dimensionaron  la voracidad y el poder de sus opositores externos e internos para sacarlo del escenario político boliviano en las urnas o por el uso de la fuerza.

Con todo, siguieron creyendo en la posibilidad de vencer las elecciones de 2019 con una amplio margen de votos y que con seguridad no habría una segunda vuelta en Bolivia.

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Su confianza estaba anclada en   sus  incuestionables aportes al país, ya que cuando asumió la Presidencia, Bolivia era considerada uno de los países más pobres y  desiguales   de la región.

Según la revista Semana “en 13 años, él PIB pasó de 11.000 millones a 40.288 millones de dólares, la pobreza pasó de 59,9% a 34,6% y la pobreza extrema de 38% a 15%, el desempleo de 8,1 a 4,2, el salario mínimo de 60 a 310 dólares y el analfabetismo de 15% a 3% y la expectativa de vida de 65% a 70%. Logró mantener un crecimiento continuo promedio de más de 4% al año, inició un proceso de modernización, recuperó la soberanía del Estado sobre sus recursos naturales y dio la voz a una población indígena invisibilizada a lo largo de la historia.

El presidente Evo Morales venció las elecciones, con una diferencia de diez puntos. Después de semanas de denuncias de fraude e irregularidades,  la auditoría de la Organización de los Estados Americanos recomienda la repetición de las elecciones.

El murmullo, las supuestas evidencias encontradas en las papeletas, el corte de la luz durante el conteo de los votos ya había abierto la fisura entre las dos bolivias. ¡Era demasiado tarde!

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Días después, el presidente boliviano, en un escenario de manifestaciones de la oposición contra su reelección, al perder el apoyo del Ejército y de la Policía denuncia un golpe de Estado.

Pareciera ser, que desde diferentes matices, la Doctrina de la Seguridad Nacional, protagonizada por la Escuela de las Américas y consolidada en los países aliados, regresa gradualmente a la región, como en otras partes del mundo, en nombre de la democracia y en defensa de la libertad.

Bolivia hoy es un trago amargo que nos recuerda tristes días de autoritarismo en  América  Latina y deja varias lecciones

1. Las milicias, antes privilegio de pocos, están en el orden del día en la región.

2. El cambio exige una doctrina de seguridad propia.

3. Sería conveniente pensar en la posibilidad de sexenio y hacer una gran apuesta a un “No a la reelección”.

4. La democracia exige alternancia en el poder, es lo que la oxigena y, algunas  veces impide  rupturas institucionales traumáticas.

5. Las élites tradicionales están siempre dispuestas a hacer alianzas, acuerdos internos y externos para blindarse en el poder e interrumpir todo proceso de cambio.

Profesora Universidad Externado de Colombia

 

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