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Las buenas intenciones del mayordomo del papa

Paolo Gabriele creyó que con sus denuncias ayudaría a la Iglesia a volver al “buen camino”.

El Espectador

27 de septiembre de 2012 - 02:41 a. m.
Paolo Gabriele (iza abajo), el mayordomo del Papa está, acusado del robo de documentos confidenciales de la Santa Sede. / Afp
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El escándalo por la filtración de documentos secretos sigue sacudiendo al Vaticano. Después de estar varios meses detenido, el mayordomo del Papa, Paolo Gabriele, quien fue acusado de ser quien entregó toda la información, comparecerá el sábado ante el juzgado que investiga el caso. Gabriele, conocido como un empleado modelo, aseguró que consideraba necesario denunciar los escándalos del Vaticano para ayudar a la Iglesia a volver por el buen camino.

Las autoridades investigan en este momento si Gabriele hacía parte de una gran conspiración o actuó solo. Hasta ahora se ha especulado que junto a él actuaron otras cuatro personas, entre ellas una mujer muy cercana al Papa. 

El mayordomo, de 46 años, trabajaba al servicio del Papa desde 2006 hasta su detención el 23 de mayo pasado. Casado y padre de tres hijos, “Paoletto” ha sido descrito como un hombre piadoso y discreto, un poco cerrado, y sin mucha iniciativa personal en el trabajo diario. La familia Gabriele era muy conocida y querida entre los 594 ciudadanos del Estado más pequeño del mundo.

Encargado de preparar las prendas de vestir de Benedicto XVI, y siempre a su lado en el papamóvil, "Paoletto" lo cubría con un paraguas cuando llovía. Siempre impecable, Gabriele ayudaba a Benedicto XVI a vestirse y prácticamente pasaba todo el día junto al Papa. Incluso, a veces desayunaba en su mesa. Era siempre el primero y el último en verlo. Pero, al mismo tiempo, Gabriele sustraía y copiaba docenas de documentos secretos que transmitía fuera del Vaticano.El Papa, que lo quería como a un hijo, ha quedado profundamente conmocionado por esta traición, según fuentes cercanas.

El mayordomo explicó al fiscal Nicola Picardi que actuó "porque el Santo Padre no era debidamente informado" sobre lo que sucedía a su alrededor. En una entrevista realizada en febrero en el canal de televisión La Sette, Gabriele había denunciado "el reino de la hipocresía" del Vaticano ."Al ver el mal y la corrupción en todas partes en la Iglesia, llegué (...) a un punto sin retorno, mis frenos inhibidores desaparecieron. Estaba convencido de que un escándalo, incluso mediático, podría ayudar a la Iglesia a retomar el buen camino", confesó el mayordomo a los jueces.

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Un hombre frágil

Según la prensa italiana, Gabriele era demasiado hablador, incumpliendo así la obligación de discreción impuesta por su cargo. Los investigadores hablan de un "hombre sensible, capaz de cometer acciones que pueden perjudicarlo a él y a los demás". Se han realizado dos informes psiquiátricos de Gabriele. El informe de un psicólogo, Tonino Cantelmi, habla de un "grave malestar psicológico caracterizado por la ansiedad, la tensión, la ira, la frustración". Paolo Roma, otro psicólogo, se refiere a "una personalidad frágil con aspectos paranoicos que esconden una profunda inseguridad personal y un deseo insatisfecho de consideración y afecto".

Según el portavoz del Vaticano, el padre Federico Lombardi, "nadie, ni siquiera los jueces, ha evocado un incentivo económico" para explicar las acciones de Paolo Gabriele, sino razones "morales". Aunque Paolo Gabriele afirma haber actuado por iniciativa propia, afirma que otras veinte personas en diversos organismos de la Santa Sede han hecho lo mismo.

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