Florindo Eleuterio Flores Hala trabajó hasta los 18 años como vendedor ambulante para pagar sus estudios. Luego de prestar servicio militar obligatorio se convenció de que su futuro estaba en las filas de Sendero Luminoso, que en 1980 desató un conflicto armado interno que duró hasta el año 2.000 y que según cifras de la Comisión de la Verdad dejó cerca de 70.000 personas muertas, la mayoría asesinadas por este grupo guerrillero.
“En 1982 más o menos, por convicción, decidí pertenecer a este grupo alzado en armas. Resolví irme a la selva en el valle de Huallaga con otros seis amigos y allí busqué a la organización y me enrolé en sus filas”, relató a las autoridades el guerrillero, capturado el 12 de febrero en la selva peruana y quien desde hoy comenzó a confesar sus actividades ante los jueces peruanos. Luego de enrolarse en Sendero Luminoso, el “comandante Artemio”, como comenzó a ser conocido Eleuterio Flores, ascendió dentro de la organización y se convirtió en uno de los dirigentes del Comité Central, al lado del fundador y líder del grupo, Abimael Guzmán, con quien tuvo una relación muy cercana.
Cuando Guzmán fue capturado, en 1992, comenzó el declive de la agrupación maoísta, cuyos líderes comenzaron a ser capturados. Según los analistas de ese país, “comandante Artemio” era el último integrante en libertad del Comité Histórico de Sendero Luminoso, por quien el gobierno peruano ofrecía una recompensa de 350.000 dólares y el gobierno de Estados Unidos de US$5 millones.
comandante “Artemio”, quien fue herido por disparos durante la operación de captura, tuvo que ser operado de las manos y el tórax. Meses antes de su captura, dijo durante una entrevista que la rama de su guerrilla ya había sido derrotada por lo que ya no lanzaría más ataques. Incluso, abogó en esa ocasión por una negociación con el Estado para deponer las armas, siguiendo la línea dictada por Abimael Guzmán.
Actualmente, Sendero Luminoso tiene remanentes en las dos principales zonas cocaleras del país, el Alto Huallaga y el Valle de los ríos Apurímac y Ene, con un total de 300 hombres. La fracción más agresiva de esta guerrilla es la del Valle de Apurímac, donde los choques con las fuerzas de seguridad dejan entre 20 y 30 muertos por año. Esta facción es incluso hostil a la de “Artemio”, rechazando todo tipo de tregua o diálogo con el Estado.
Aunque no existe una versión oficial sobre sus declaraciones, algunos medios peruanos publican parte de sus confesiones. “Artemio”, de 50 años, rechazó las acusaciones por narcotráfico y lavado de dinero. Sin embargo, el guerrillero habría reconocido su responsabilidad en emboscadas contra las fuerzas del orden, asesinato de civiles y proselitismo en el valle del Huallaga, pero no las acusaciones de narcotráfico. Según investigaciones periodísticas, “Artemio” tenía vínculos contra el narcotráfico.
“Hasta donde yo sé el Comité Central era la máxima instancia en la estructura de la organización. Todos los integrantes eran dirigentes de carácter nacional, responsables de los diferentes aparatos de la organización. Cualquier persona no habría podido participar por su carácter clandestino”, señala la declaración de “Artemio”, obtenida por el periódico La República.
El fiscal de la Nación, José Peláez, señaló que el cabecilla senderista se enfrenta a una condena perpetua por acusaciones de terrorismo y narcotráfico. Y agregó que podría ser sentenciado rápidamente en agosto al acumularse los procesos en su contra. A mediados de año, quizás un poco más, podría estar dictándose una sentencia por terrorismo, tráfico de drogas y lavado de activos. "La pena que podría recibir va desde 20 años hasta cadena perpetua según las leyes peruanas”, señaló el Fiscal.