En los talleres de Norma reposa la traducción del último libro escrito por el sociólogo francés Daniel Pécaut, titulado Les Farc, une guérrila sans fins? y traducido bajo el título de Las Farc, ¿una guerrilla sin fin y sin fines?. Son 163 hojas en las que el ‘colombianólogo’ aborda la historia y evolución del grupo guerrillero, la naturaleza de las bases rurales que la componen, sus recursos financieros y estrategia militar.
A partir de una rigurosa información, como ya lo había hecho en libros anteriores como el clásico de la violentología, Orden y violencia, los ensayos que componen Guerra contra la sociedad y su libro Crónica de dos décadas de política colombiana, el autor es bastante crítico frente a la degradación de las Farc y los móviles emprendidos para hacer la guerra.
¿Le parecen las Farc, como dice en su libro, “modernas” y “tradicionales”?
Desde 1964 puede uno ver cómo se mezclan varias dimensiones. Del sur del departamento del Tolima, que es una zona de conflictos agrarios, las Farc heredan la manera de hacer política a partir de organizaciones campesinas. Unos años después, en los 60, la sociedad colombiana, y en particular sus ciudades, sufre una gran transformación cultural de la que las Farc no hacen parte.
Se mantienen idénticas y mantienen también una visión más o menos conservadora del campo y del campesino. Se ven obligados a competir con las nuevas guerrillas de inspiración cubana y maoísta que surgen en la mitad de los años 60, así como con la juventud radicalizada de las universidades. Sin embargo, no dejan de referirse al campesinado tradicional y de mantenerse apartadas de una radicalización que juzgan pequeñoburguesa.
¿Están sufriendo las Farc una degradación política y de algún modo una “bandolerización”?
No hablo de degradación sino para los años recientes. Antes, pese a que las Farc secuestraban, extorsionaban y aprovechaban los cultivos de droga mantenían un carácter político y no actuaban necesariamente por “codicia”. Después de 20 años de prácticas guerrilleras, en las cuales “todo vale” es indudable que muchos combatientes ya no preservan convicciones políticas. Estimo que su casi derrota actual es política antes que militar ante la desmoralización en la que están.
En síntesis, ¿el ideal político de las Farc pierde espacio a medida que los recursos económicos toman más importancia?
No es tan sencillo. Los cultivos de coca ofrecen ante todo la oportunidad a la guerrilla de ensanchar su base social. Pero una vez que el problema de los recursos adquiere una gran importancia, la guerrilla ya no tiene necesidad de convencer a la gente y es muy posible que opte por priorizar estrategias meramente militares como aconteció en gran parte después de 1990.
¿Cómo se puede hacer para que las víctimas construyan la memoria del pasado reciente sin caer en la venganza?
Por varios caminos. Una etapa importante es que las víctimas puedan contar su experiencia. Es imprescindible aceptar que las memorias son múltiples y conflictivas, las hay de personas que sufrieron los golpes de los paramilitares y a veces de los militares, las hay de personas que sufrieron los de las Farc, pero lo importante es que mas allá de los relatos individuales se empiece a contextualizar los acontecimientos, es decir, a combinar el trabajo de memoria con esfuerzos de reconstrucción histórica.
¿Los paramilitares cambiaron la relación de la guerrilla con la población?
Las Farc alcanzaron a tener un papel de protección a los colonos mientras mantuvieron un monopolio territorial o local, construyendo incluso mecanismos de confianza. A partir del momento en que otro actor armado disputa el monopolio, la confianza se debilita, ya que los habitantes temen que un protector llegue a sustituir al otro. En tales condiciones las Farc no pueden mantener su influencia sin acudir a una dosis de coacción, o aún de terror, superior a la que imponían antes.
Pese a que se sabe que los paramilitares jugaron un papel importante en la recuperación de los territorios colombianos, poco o nada se habla de ello.
Es cierto que la razón por la que las Farc perdieron territorios, entre 1995 y 2003, está en la manera como los grupos de paramilitares sembraron el terror y ocasionaron múltiples masacres. Si la sociedad colombiana no lo discute, ello puede deberse a que después de 2002 algunos colombianos se encuentran tan hastiados con las guerrillas y sus secuestros que aceptaron de manera tácita los métodos paramilitares.
¿Tienen los paramilitares ventaja sobre las Farc?
Sí, han tenido varias ventajas: la primera y la más importante es que durante mucho tiempo no tuvieron que temer la respuesta del Estado. Muchos sectores militares y policíacos mostraron tolerancia cuando no apoyo. Otra ventaja consiste en la autonomía de los múltiples grupos que se reivindicaban de las Auc, lo que les permitía más fácilmente diseñar estrategias locales e influir a veces sobre las mismas decisiones de las autoridades locales.
¿Los paramilitares pueden ser considerados un grupo político?
Los paramilitares se esforzaron para conseguirlo, presentándose como una fuerza contrainsurgente en el momento de la desmovilización de las Auc. Se hizo claro que los grandes narcotraficantes se habían adueñado de muchas de las anteriores estructuras paramilitares. Se torna entonces difícil considerarlos como un actor político… pero esto no excluye la posibilidad política, si la sociedad lo juzga así conveniente, de dar un tratamiento benigno en nombre de la pacificación. Quedaría como tarea y como obligación la de enjuiciar a los mayores autores de las atrocidades. Este problema también se puede plantear en relación con las Farc.
Usted insiste sobre el hecho de que las Farc practican una “política del resentimiento”, ¿cómo?
Este concepto nietzschiano me parece que arroja una luz sobre las visiones de mundo que tienen las Farc y que es preciso revisar con mayor detenimiento: cuando Marulanda menciona los marranos y las gallinas, cuando Marquetalia expresa la existencia de un tipo de traumatismo que está abocado a repetirse sin fin y que no diferencia la pérdida de los animales del derecho a la dignidad, que supuestamente le fue quitado durante la violencia de los años cincuenta, manifiesta que el pasado se ha constituido como un presente permanente sin posibilidades de mirar más allá. Es un síntoma de que el proyecto de las Farc se define mirando hacia atrás mucho más que mirando hacia adelante.
¿Se pasó de “todas las formas de lucha” a prácticamente cualquier cosa?
Así es, esa es otra de las tesis del libro. El punto de partida es militar y político: de las dos formas de lucha se pasa a secuestros, masacres y desplazamientos de la población.
¿Quién es Daniel Pécaut?
Es director de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (EHESS) en París y uno de los sociólogos franceses que más conoce el conflicto armado colombiano. Dentro de sus libros se destacan: ‘Crónica de cuatro décadas de política colombiana’; ‘Orden y violencia en Colombia’; ‘Crónica de dos décadas de política colombiana’; ‘Ensayo sobre el conflicto colombiano’ y ‘Guerra contra la sociedad’. El profesor Pécaut ha consagrado su vida al estudio de los países latinoamericanos, sobre todo Brasil y Colombia.
En sus publicaciones explica sus apreciaciones sobre el conflicto de hoy en el país que ha estudiado por más de 40 años. Daniel Pécaut, a pesar de tener una relación tan fuerte con Colombia, ha sido una de las voces más críticas de la política nacional.
El año pasado, este profesor francés tomó juramento como ciudadano colombiano por adopción. “Colombia adopta hoy a un reconocido académico, que ha realizado un importante aporte a las ciencias sociales en nuestro país, pero sobre todo, a un hombre interesado en contribuir a superar los desafíos políticos y sociales de Colombia a través de la comprensión y explicación de su historia y dinámica social”, aseguró el entonces ministro de Relaciones Exteriores, Fernando Araújo. Pécaut “ha dedicado la mayor parte de su vida a conocer y ayudar a comprender la compleja y dinámica realidad colombiana”. agregó.